
1 de abril de 2011
El silencio sobre Honduras no debe ocultar las graves violaciones de los derechos humanos

26 de marzo de 2011
Mensajes en la calle (31): la política como pasión

¿Cómo llegar al ciudadano, abrumado por mensajes que no le dicen nada e incluso le desorientan? ¿Cuál ha de ser el reclamo que invite a prestar atención y a dedicar siquiera sea unos minutos a la lectura de lo que se desea transmitir? El arte de la publicidad se manifiesta en el sinfín de posibilidades e instrumentos de que se sirven los talentosos del diseño y de la frase lograda para evitar el enorme riesgo de la indiferencia. Es sabido que la reiteración de los mensajes y las imágenes que los acompañan llega a provocar hastío, puede que hasta rechazo, pero también es cierto que, a fuerza de recibirlos, el individuo acaba por asumir, aun de manera inconsciente, la existencia de un producto artificial o de una idea prefabricada que, a la postre, acaba haciendo mella en el comportamiento hasta decantar a su favor, y por contradictorio que parezca, la elección finalmente realizada.
Como no podía ser de otro modo, el ejercicio de la política adopta los paradigmas más sofisticados de la parafernalia semiótica que gravita en torno a la publicidad. Podría hacerse, si no se ha hecho ya, un verdadero tratado relativo a las aportaciones del mensaje político al incomensurable acervo de la historia publicitaria. Seguramente podrá apreciarse la adecuación de las ideas dominantes a la realidad social de cada momento, a las sensibilidades de la época, a las apetencias que orientan la conducta en función de los objetivos más deseados por aquellos a quienes van destinadas. Es lógico que así sea, pues nada más desacertado que alentar un ambiente de sugerencias y motivaciones que no se corresponden con lo que realmente el destinatario desea o necesita.
Sin embargo, todo parece indicar que en los tiempos que corren los mensajes específicos deben quedar supeditados al impacto de la expresión que llega al ciudadano como testimonio más de una actitud subjetiva que de una reflexión racionalizada. Alentar el proyecto de gobierno a través de la pasión que se siente por algo conduce a simplificar el contenido en torno a una palabra que lo dice todo, tratando de provocar con ella una reacción sentimental con la que nadie puede sentirse a disgusto, pese a que tampoco comprometa a nada.
Vivimos tiempo de pasiones soterradas, que el discurso político trata de hacer suyas sin que se sepa muy bien de qué manera la “pasión”, simplemente como tal, y simbolizada en la figura del corazón omnicomprensivo, puede identificarse con lo que, en esencia, ha de ser un modo de hacer política fiel a los principios del buen gobierno de lo público con todo lo que ello implica. No dudo en absoluto que ese sea el objetivo de quien se postula para renovar su mandato como alcalde de la ciudad de Soria, y quien, por lo que he sabido, goza de alta valoración ciudadana. Mas ello no impide reflexionar sobre lo que significan los “slogans” políticos en estos tiempos de confusión entre las apariencias y la realidad.
4 de marzo de 2011
Cuando lo visceral prima sobre la razón: Joseph Fontana y Jordi Nadal rechazados como Doctores honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona
24 de febrero de 2011
De nuevo, el Mediterráneo
De Ampurias a Gaza, de Marsella a Alejandría, de Tobruk a Génova, de Algeciras a Estambul (¿cómo no recordar en esta ocasión la, para muchos y para mí, mejor canción de Joan Manuel Serrat?)... infinidad de puntos de referencia, de lugares sonoros en la memoria colectiva del mundo, emergen en la mente cuando se trata de enlazar, en una trama de posibilidades trasiegos infinitos, los archiconocidos límites del mundo mediterráneo. Soy de la tierra adentro, pero pocos recuerdos tan gratos como los que me trae la evocación de ese mar de perfiles sinuosos y nítidos a la par, que tantos matices aporta a quien lo divisa desde cualquiera de sus orillas para, enriquecido con la variedad de horizontes, llegar a la conclusión de que todos forman parte de un mismo espacio: del inmenso y a la vez recoleto escenario donde la Historia no ha cesado de transformarse a medida que lo hacían la cultura, la economía y sus sociedades. El Mare Nostrum nunca ha perdido actualidad, siempre se ha mostrado como un ámbito alerta y vigilante porque cuanto sucedía en sus orillas ha marcado con letras imperecedoras algunas de las páginas más sorprendentes de la trayectoria de las civilizaciones. Somos deudores del Mediterráneo, de cuanto nos ha ofrecido y de cuanto nos ha hecho vivir, en medio de un panorama repleto de conflictos, de tensiones, de confrontación, pero también de sensibilidades de las que jamás podremos desprendernos.
Sin embargo, pese a la historia compartida y a las experiencias que unen al amparo de las movilidades trabadas - precisamente porque la sensación de pertenencia a un espacio común induce a ello - el Mediterráneo constituye también la expresión de una fractura que no ha cesado de agravarse a través del tiempo hasta hacerse, hoy, insondable. Las dos orillas se miran entre sí pero no lo hacen con la misma sensación de interdependencia y voluntad de comprensión y encuentro. El Norte ha contemplado el Sur con otra perspectiva, tradicionalmente protagonizada por Francia que ha asumido altivamente la dirección del modelo de relaciones que unen a la Europa desarrollada con el Norte de África. Todos los demás países han ido a la zaga del compás marcado por el país de la “grandeur”, el país en cuya plaza más emblemática - la de La Concorde, de París - , se yergue el otro obelisco de Luxor y que impone las reglas de control y supervisión hacia los territorios del Magreb, que considera bajo su protección, a modo de gran patio trasero. De nada sirvió la Conferencia de Barcelona (1995) (y la Asociación Euromediterránea derivada de ella), que en la capital catalana trató de sentar las bases de un nuevo modelo de relaciones y de convivencia basados en algo más que en el tratamiento neocolonial de las cuestiones que justifican la pervivencia de tales vínculos y el sentido que se les otorga. Llegó después la propuesta de la Unión Euromediterránea, propugnada por Francia en defensa de sus intereses, y el puente tan costosamente levantado se vino abajo.
Nunca ha sido el Mediterráneo un espacio definitivamente tranquilizado. La tragedia atroz de Gaza, la inestabilidad del Líbano, la fractura de Chipre, el desmoronamiento de Yugoslavia, la anomalía de Gibraltar... un sinfín de puntos de fricción, de convulsiones sin cuento, que se han sucedido en el tiempo y que aún perviven como demostración fidedigna de las dificultades que impiden fraguar un ámbito de equilibrios, de respetos y de coexistencia normalizado en la diversidad. De nuevo el Mediterráneo demuestra lo mucho que queda por hacer a favor de esta causa justificada. Empezó en Túnez, siguió en Egipto, amenaza Argelia y Marruecos... mientras en Libia ofrece su imagen más dramática y desesperanzada. Para sorpresa de casi todos, las sociedades árabes han demostrado que también ansían ser libres.
Muchos en Bruselas se rasgan las vestiduras por lo que está sucediendo, sin explicarse porqué sucede, mientras los balbuceos incoherentes de Ashton, las simplezas del inefable Barroso o los silencios clamorosos de Von Rompuy revelan su condición de paradigmas de la incompetencia o la necedad en política exterior. Atónitos ante el espectáculo, sólo se oye la voz de la Casa Blanca llamar a las cosas por su nombre. Parece mentira, paisanos de la Europa reconfortada, que, con lo que ha llovido y con la que está cayendo, sigáis sin tener ni puta idea de lo que es el Mediterráneo.
20 de febrero de 2011
España, ¿puerta de entrada de China en Europa?

17 de febrero de 2011
El pensamiento crítico... libre, pero ignorado
8 de enero de 2011
¿Pueden las redes sociales modelar la opinión pública? ¿Quién la orienta realmente?

Con todo, no cabe duda de que estamos asistiendo a un fenómeno que en cierto modo marca con rasgos poderosos una tendencia característica de nuestra época. Me refiero a la magnitud alcanzada por las protestas sociales, que adquieren una extraordinaria resonancia a partir de 2008 hasta alcanzar una magnitud considerable con el estallido de la llamada primavera árabe en 2011. A la vista de la trascendencia alcanzada no está de más reflexionar sobre el alcance real de estos movimientos que ocupan el espacio público, logran una extraordinaria repercusión informativa, obligan a reaccionar a los poderes instituidos, todo ello como consecuencia, según afirma Lluis Bassets, del efecto que en tal sentido aportan "redes sociales como el instrumento organizativo mejor adaptado a las características de los nuevos tiempos".
6 de enero de 2011
La Velada de Urueña
4 de enero de 2011
¿Qué periodismo nos espera?

8 de diciembre de 2010
Frases para la reflexión, ideas para la concordia: extractos del discurso de Mario Vargas Llosa en Estocolmo (7 diciembre 2010)

7 de diciembre de 2010
Al fin, la causa palestina recibe el debido y merecido respaldo internacional: hacia el reconocimiento de un Estado palestino libre e independiente
1 de diciembre de 2010
¿Es esta la visión que tienen los catalanes del mundo?

28 de noviembre de 2010
Nadie habla de ellos. Nadie se acuerda de la tragedia del ciudadano que pierde su vivienda

