Cuando cumple los treinta años de existencia el United Nations University Institute for Water, Environment and Health publica este interesante informe, que considero oportuno dar a conocer en este foro, sobre el "Impacto ambiental de la Inteligencia Artificial: huellas de carbono, agua y suelo".
Tratándose de una cuestión de enorme trascendencia económica y social, no puede quedar relegado a un segundo plano su evidente dimensión espacial, lo que otorga al tema una importancia primordial en el desarrollo de los nuevos enfoques aplicados a la Geografía y a la Ordenación del Territorio, compartiendo el interés que al tiempo suscita en la comunidad científica y en la sociedad.
Y es que, a medida que la inteligencia artificial se integra en las economías, los servicios públicos, la investigación, la comunicación y la vida cotidiana, depende de la generación de una infraestructura física de enorme envergadura compuesta por centros de datos, núcleos de chips avanzados, sistemas de refrigeración, redes eléctricas, consumo creciente de recursos hídricos, suelo y cadenas de suministro de minerales críticos. No se trata solo de una tecnología digital, sino también un sistema material con costes medioambientales cuantificables.
Sus implicaciones ambientales dependen no solo de la cantidad descomunal de electricidad consumida, sino también de dónde se genera dicha electricidad y de qué fuentes de energía provenga. Cada kilovatio-hora utilizado conlleva repercusiones en las exigencias de carbono, agua y uso de suelo, recursos que se integran aunque sus efectos no siempre evolucionan en la misma dirección. Las comprobaciones efectuadas en este sentido evidencian transformaciones muy intensas desde el punto de vista territorial.
De ahí, y este es un aspecto esencial del informe, el planteamiento a favor de que la huella ambiental de la IA sea entendida como un desafío de gobernanza y equidad socio-espacial, y no meramente como un problema técnico. Sus efectos suelen rebasar fronteras y sectores, mientras que las cargas ambientales derivadas de la ubicación de centros de datos, la demanda de electricidad, la extracción de agua, el uso del suelo, la minería de minerales y los residuos electrónicos pueden concentrarse en comunidades y regiones específicas. Para abordar estos riesgos, el informe aboga por un ecosistema de IA responsable, fundamentado en la transparencia, la eficiencia desde el diseño, la equidad y la justicia ambiental, la responsabilidad a lo largo del ciclo de vida, la cooperación global y el uso sostenible.
Al visibilizar y permitir la comparación de las huellas de carbono, agua y suelo asociadas a la IA, el informe ofrece una base práctica para integrar esta tecnología en la planificación energética, climática, hídrica y de uso del territorio, garantizando así que la innovación progrese sin trasladar los costos ambientales a comunidades vulnerables.
Es un tema que me interesa mucho y del que voy a hablar cuando remita la calor. Lo seguiré comentando

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