28 de febrero de 2014

La fotografía comprometida de Lewis Hine




Sin duda somos deudores de los fotógrafos que nos han transmitido los testimonios fidedignos de una realidad que fue y que no podemos ignorar. Tomar contacto con esas imágenes, efectuadas desde la voluntad de dejar constancia de una realidad conmovedora de las sensibilidades,  obliga a la reflexión sobre lo que ha sido la historia de la sociedad y de sus espacios en el momento de la gran transformación ocurrida en las primeras décadas del siglo XX. Toda una generación de grandes maestros de la imagen nos han puesto al descubierto, con su sensibilidad y espíritu de compromiso y denuncia, hechos, rostros e imágenes que, cuando se observan detenidamente, dejan una huella indeleble en la memoria y en el pensamiento. Cualquier actitud, menos la indiferencia, es posible cuando uno se detiene ante esas miradas y esas perspectivas en blanco y negro.



"Quise hacer dos cosas. Quise mostrar lo que había que corregir. 
Quise mostrar lo que había que apreciar"


He conocido, al fin, la admirable obra del fotógrafo norteamericano Lewis Hine (Wisconsin, 1874 - New York, 1940), que justificó su labor con esas elocuentes palabras. Confieso que me ha impresionado. Reconocido por críticos solventes como el padre de la fotografía social moderna, nos acerca con fuerza y enorme capacidad expresiva a la realidad de Estados Unidos en las primeras décadas del siglo XX. Fue profesor de Geografía en la Ethical Culture School de New York. A él se deben imágenes de tanto impacto visual como las que descubren la sociedad en la ciudad industrial de Pittsburgh, la forma de trabajo en la construcción del Empire State neoyorquino, la llegada de los inmigrantes a Ellis Island o a la sociedad que habita la realidad profunda norteamericana en Virginia y Carolina del Norte sin olvidar tampoco sus estremecedores reportajes sobre el trabajo de los niños o los testimonios de su labor en las misiones efectuadas en Europa bajo los auspicios de la Cruz Roja Americana. Sin duda no podría entenderse sin acudir a su legado lo que representó la creación de la Photo League en la historia de la fotografía. Su herencia fotográfica se conserva, magníficamente custodiada y localizable, en la Biblioteca del Congreso de Washington y en ese impresionante museo de la fotografía que es la George Eastman House , sito en el 900 de la East Avenue en Rochester, NY. Si van a esa ciudad, no se arrepentirán de la visita. 


En el texto que presenta la muestra se hace mención expresa al impacto provocado por las imágenes relativas al trabajo de los niños. "Fueron tan fuertemente emotivas y éticamente comprometedoras para la opinión pública americana que determinaron la reforma de la legislación del trabajo infantil", señala Nicolo Letta, profesor de Ciencias de la Comunicación en la ITSOS Albe Steiner de Milán. 








11 de febrero de 2014

Una iniciativa política indigna: el abandono de la legislación penal internacional

Si un Estado antepone sus intereses a corto plazo a la defensa de los derechos humanos cuando son gravemente lesionados es evidente que la dignidad de ese Estado se encuentra muy deteriorada. Y cuando además uno de sus principales portavoces parlamentarios - Alonso se apellida - califica de “quijotescas” las actuaciones realizadas en ese sentido, una especie de escalofrío sacude las conciencias ante tanta insensibilidad. Dicen los internacionalistas que el conflicto diplomático es inherente a las relaciones entre los Estados, por lo que difícilmente podría justificarse la dejación de las responsabilidades éticas exigibles cuando se transgreden los principios básicos en los que se fundamenta el respeto al ser humano, la defensa de la legalidad internacional y la lucha contra el crimen organizado. La posición de un país  en el mundo se mide por su fortaleza económica y social, por su prestigio científico-cultural, por su credibilidad en los foros internacionales, por la calidad de sus gobernantes, por su capacidad para afrontar los conflictos arropado en la Ley y en la solvencia de sus argumentos. Si eso no ocurre, el país queda inevitablemente inmerso en la sumisión a que conduce su propia mediocridad. Más aún, en estos tiempos de mundialización generalizada, es de todo punto reprobable el que la persecución de la delincuencia esté mediatizada por las fronteras. 

En ese proceso de involución galopante que actualmente vive la sociedad española, cualquier ciudadano sensible se estremece al observar la celeridad, precipitación y ausencia dedebate que ha caracterizado al proceso que, al amparo de la mayoría absoluta del partido gobernante y sin el apoyo de ningún otro grupo, ha aprobado la reforma  del Art. 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial por la que España abandona prácticamente sus compromisos internacionales y la posibilidad de intervención de la justicia hacia los crímenes y delitos contra los Derechos Humanos prohibidos por el Derecho Internacional. ¿En qué lugar queda el ser humano agredido en sus derechos cuando es abandonado a su suerte o, peor aún, abandonado por la justicia de su propio país? ¿Qué sentido de la humanidad es ese?

Sorprende que algo así haya salido adelante sin tener en cuenta lo establecido en el Art. 96.1 de la Constitución donde explícitamente se señala que “Los tratados internacionales válidamente celebrados, una vez publicados oficialmente en España, formarán parte del ordenamiento interno. Sus disposiciones sólo podrán ser derogadas, modificadas o suspendidas en la forma prevista en los propios tratados o de acuerdo con las normas generales del Derecho internacional”. De entrada, puede decirse que, en virtud de las restricciones que comporta la aplicación de ese Derecho, se trata de un acuerdo inconstitucional, adoptado a sabiendas de que no sólo se contraviene la Constitución sino que también su entrada en vigor supondría relegar al pozo del olvido causas que tanto arraigo tienen en la conciencia de los españoles como son los asesinatos de los jesuitas en El Salvador (¿qué pensaría mi admirada Caty Montes si levantase la cabeza?), la matanza en el asalto a la embajada de España en Guatemala, los crímenes cometidos en el Sáhara Occidental o el asesinato del cámara de televisión José Couso, entre otras no menos relevantes.

El rechazo manifestado por el Consejo General de la Abogacía y la Fundación Abogacía Española pone en evidencia hasta qué punto la iniciativa adoptada por el grupo político en el que apoya su gobierno Rajoy Brey, el gobernante permanentemente obsesionado por eludir, tergiversar u ocultar la realidad que le molesta, es una ignominia miserable. 

11 de enero de 2014

La difícil situación del patrimonio artístico en España: el silencio ante el expolio

La crisis ha acabado por anular muchos de los debates relacionados con aspectos esenciales de la vida del país. Cuando los servicios básicos, de los que depende la calidad de vida de los ciudadanos, se deterioran de manera que a muchos se antoja irreversible, cuando las situaciones de desempleo se agravan hasta derivar en los estigmas de la pobreza y de la indefensión  ante el riesgo, cuando los esfuerzos han de ser encauzados en pos de la supervivencia... ¿qué lugar ocupa entre las prioridades ciudadanas los momentos difíciles por los que atraviesa la preservación del patrimonio cultural?  


Sería interesante conocer la postura que desde la opinión pública e institucional se adopta ante lo que se ha venido en llamar la existencia de una evasión incontrolada de bienes culturales de excepcional valor, pues no en vano estamos asistiendo a la pérdida o desposesión de elementos significativos de la riqueza artística que sufren las consecuencias de una insensibilidad clamorosa hacia los comportamientos, acciones u operaciones que proceden a su liquidación a través de la tupida red de intereses construidos en torno al mercado del arte, frente a los cuales los poderes públicos, lejos de intervenir, adoptan la posición del que nada tiene que ver con el control de los procedimientos utilizados. Lamentablemente esa ha sido una constante en la historia del patrimonio artístico español, en la que han estado omnipresentes la mano y el bolsillo de conspicuos historiadores del arte y de políticos "muy orgullosos" de su país. 

Se ha hablado de la necesidad de poner en vigor una normativa que evite la fuga de obras de arte, en vez de mantener una permisividad que constituye un óptimo caldo de cultivo para las maniobras de la mercantilización especulativa. Procuro hacer memoria y no recuerdo ninguna intervención en este sentido de los responsables culturales de las diferentes administraciones españolas. Confortados con el oropel que ocasionalmente procuran los eventos periódicamente organizados a mayor gloria de determinados bienes patrimoniales, muy custodiados ahora por sus titulares,  que se utilizan como reclamo turístico y altamente celebrado por el gremio de las mesas y los manteles, sería cínico admitir que con esa basta cuando el día nos ofrece manifestaciones escandalosas del "expolio silencioso".  

5 de enero de 2014

Están libres, sí, pero siempre serán los rostros de la muerte



La justicia ha hecho justicia y la ley ha prevalecido como debe ser en un Estado de Derecho. Han salido de prisión antes de lo que se preveía, precisamente porque la aplicación de las penas no admitía la retroactividad de una sentencia promulgada después de que fuesen condenados en función de la ley vigente cuando eso ocurrió. Están en la calle, sus edades les sitúan en el tramo provecto de la vida, seguramente su bienestar estará condicionada por las dificultades para insertarse en el mercado laboral, lo que les ubicará en la marginalidad o, en todo caso, les convertirá en beneficiarios de la complicidad solidaria de quienes les mantengan sin dar palo al agua, entre otras razones porque, amén de la crisis que tanta mella hace en  el empleo, sus competencias profesionales dejarán mucho que desear. Poco importa su futuro pero sí importa volver a contemplar sus rostros. 

Muchos han protestado por el acto celebrado en la villa vizcaina de Durango, cuando se han reunido para leer unos comunicados unidireccionales, que no han admitido réplica sobre lo que piensan de la situación actual de la banda, de sus expectativas y de lo que van a hacer en el futuro. Incapaces de pedir perdón, su discurso ha puesto en evidencia, sin embargo, el reconocimiento de su derrota, al reconocer explícitamente el dolor causado y la legalidad penitenciaria. Ha primado el Estado de Derecho frente a la barbarie y la irracionalidad. 

Cuando veía sus rostros adustos, expresando una pretendida gravedad que no hace si no demostrar la erosión implacable del tiempo, recordaba a la vez las caras de Francisco Tomás y Valiente, de Gregorio Ordóñez, de Ernest Lluch, de Manuel Broseta, de Miguel Angel Blanco, de Isaías Carrasco y de tantas y tantas otras personas -  militares, policías y civiles hasta aproximarse al millar - cuyas imágenes solo perviven en la memoria, que también nos sirve para evocar con pesar las de aquellos que quedaron gravemente lesionados de por vida. Que no se olviden los rostros ni de los unos ni de los otros. La imagen de la dignidad de los que perdieron la vida o fueron heridos a manos de criminales sin escrúpulos marca el contrapunto de los que ahora han vuelto a ocupar las calles y las plazas de Euskadi sin haber conseguido ninguno de sus propósitos. Algunos les jalearán sin duda, pero a medida que el tiempo pase, se convertirán en seres incómodos e irrelevantes. Tanta muerte para nada, tanto dolor sin reparación posible. Qué bien lo explicaba José María Calleja, que tan bien los conoce y tanto los ha sufrido. Han vuelto a sus casas, sí, ya son libres, pero nunca dejarán de ser los rostros de la muerte sin sentido. 

15 de diciembre de 2013

La necesidad del pensamiento crítico



No sé si es un placer leer lo que dice Noam Chomsky, pero si una necesidad o, el menos, algo pertinente, que nadie con curiosidad intelectual puede pasar por alto. Necesitamos intelectuales honestos, pensadores críticos, él entre otros, que  nos ayuden a entender lo que sucede, porqué sucede y de qué manera repercute. La toma de conciencia de los problemas aproxima a la claridad de las soluciones o al menos despeja los caminos hacia su descubrimiento. 

Nada hay más pernicioso en estos momentos que el pensamiento banal, el conformismo resignado, la sustitución de la rebeldía por la fascinación que suscita la evasión hacia la gastronomía o el cultivo ensimismado del propio huerto, confortables refugios ambos silentes y elusivos.

12 de diciembre de 2013

La inutilidad de un "Congreso de Historia" con conclusiones predeterminadas



Oigo y veo a Jaume Sobrequés, el director del evento, y no salgo de mi asombro. He asistido a muchos Congresos científicos en mi vida pero jamás había observado ninguno en el que ya las conclusiones estuviesen fijadas de antemano. La propia formulación del enunciado sitúa el desarrollo del evento dentro de unas coordenadas que prejuzgan todo lo que en él se va a abordar, pues sus conclusiones ya están hechas. No ha lugar en ese contexto a controversia alguna. Me sorprende la animosidad de Sobrequés i Callicó a quien creía más ponderado y riguroso. Plantea el encuentro de forma enrabietada, dogmática, cerrada en sus perspectivas de análisis. Actitud acientífica donde las haya. Entre sus convocantes, la ausencia de la Universidad llama la atención, dominado el elenco de responsabilidades por órganos dependientes del Gobierno autónomo. Cuando se organiza un Congreso, todo está abierto a la discursión y a la confrontación racional de enfoques, métodos e ideas; de lo contrario, es una estafa. Y que conste que no me dejo llevar por la escandalera que, a juicio de García Montero, se ha montado sobre esta cuestión: simplemente me limito a constatar las anomalías que encierra un "simposio", ajeno a las reglas comúnmente asumidas para las reuniones científicas dignas de tal nombre, a no ser que no sea ese el propósito. Habrá que estar atentos a las conclusiones y valorar el rigor histórico con el que están planteadas. De momento, que se sepa, solo la Generalitat ha defendido el rigor científico de la reunión, pero resulta difícil otorgar credibilidad en este sentido a Artur Mas y sus consellers. No hay fundamento alguno que avale su formación y su solvencia como historiadores acreditados. Tampoco, que se sepa, se ha dado opción a historiadores no catalanes para intervenir en cuestiones que sólo los debates rigurosos y sosegados pueden clarificar. Cuando prevalece la identidad como soporte intelectual básico, ya sabemos lo que, a la postre, eso da de sí. 




Me detengo en el programa, que deriva por los mismos derroteros: "la inmigración, la acción de la Iglesia Católica, la persecución de la lengua y la cultura catalanas (sic), la falsificación de la Historia (sic), la censura sobre los medios de comunicación (sic), la educación". Los meros epígrafes anticipan, sin sentido de la opción de error, de qué va la cosa. Es la primera vez que lo veo planteado de esa manera. Al margen quedan, o muy minimizadas, las cuestiones económicas, las alusivas al desarrollo de Cataluña desde el siglo XVIII , cuando, como bien señala Rosa Castejón, de la UB, "el momento culminante estuvo representado por la nueva actividad comercial catalana del siglo XVIII; el puerto de Barcelona, junto con el de Palamós, constituyeron las dos principales aperturas catalanas al comercio maritimo. El comercio del azúcar y de las indianas determinó un fuerte aumento del tráfico maritimo barcelonés en esta centuria". ¿Nadie va a hablar de lo que supuso el despegue catalán en el Setecientos cuando el puerto de Barcelona arrumbó al de Sevilla y las manufacturas catalanas, "cautivas del arancel español" (Fuentes Quintana dixit), se expandieron en un mercado protegido, hundiendo, entre otros competidores, a los textiles de Béjar y otros muchos lugares del interior del país? Y, por lo demás, ¿aludirá también al apoyo de un sector de la burguesía catalana al franquismo, con representantes tan conspicuos como Porcioles, Gual Villalbí, López Rodó y los Godó de La Vanguardia, entre otros muchos? ¿También ellos lo pasaron mal? ¿Fue la dictadura una etapa en la que solo los catalanes se vieron sojuzgados? ¿Recuerdan, siquiera sea por un instante,  cuando en la transición fuimos legión los que salíamos a la calle cantando a Llach, a Pi de la Serra,  a Ribalta, fascinados por los aires de libertad que nos llevaban a reivindicar Libertad, Amnistía y Estatut d'Autonomía, pensando fundamentalmente en Catalunya? 


Y es que no hay que engañarse: a lo largo de la Historia siempre han sufrido los mismos, así en Catalunya como fuera de ella, al igual que los privilegiados lo han sido con independencia de donde vivieran. No son los territorios los que sufren, sino las sociedades, los pueblos, inmersos en estructuras sociales marcadas por la desigualdad, de lo que es fiel reflejo también la sociedad catalana. Por eso cuando oigo a Sobrequés, con pose de solemnidad excesiva, echar pestes como dardos contra la España donde viven los españoles o algunos llegan a hablar incluso de "genocidio cultural" y de "colonización", observo la tibieza de Josep Fontana, cuya postura no he entendido al oírle esta tarde exponer argumentos confusos, o veo silentes ante tanta manipulación a los miembros de la prestigiosa escuela que formara el gran Jordi Nadal, no puedo por menos de llegar a la conclusión de que una de dos: o el hechizo desplegado por la Generalitat actual se ha apoderado hasta de las conciencias más respetables o el dinero está corriendo a raudales para sojuzgar cualquier atisbo de pensamiento crítico. En estos momentos, cómo se echa de menos a figuras como Pau Casals. 


Junto a  la estatua erigida a Pau Casals en El Vendrell (Tarragona)



10 de diciembre de 2013

Viñetas que invitan a pensar (18): el dificil equilibrio de las sociedades con sus territorios


Trabaja ahora en Madrid, donde ha sucedido, lo que refleja su prestigio profesional, a Antonio Mingote como viñetista cotidiano en las páginas del diario ABC. Jamás podrá desprenderse, sin embargo, de sus raíces castellano-leonesas; y no sólo porque en esta tierra ejerció durante años como dibujante emblemático en la prensa diaria, sino sobre todo porque en sus dibujos, en sus textos, en sus mensajes ha sabido expresar como pocos el significado y el alcance de las luces y las sombras que rodean a esta región, con la que seguramente sigue sintiéndose identificado. 

Por esa razón, siempre he seguido a José María Nieto González de cerca, en mi condición de lector de diarios y de profesional del estudio de las relaciones entre las sociedades, las actividades económicas y los territorios, pues, como digo, no es frecuente encontrar a artistas de la expresión gráfica capaces de resumir tan acertadamente en una viñeta lo que es una realidad compleja, a la que se ha dedicado mucho texto no siempre claro ni bien entendido. 

La que motiva esta entrada es muy expresiva y resume con ingenio una realidad que, no por conocida, deja de ser menos crítica y complicada de gestionar. La Comunidad de Castilla y León es un territorio extenso, con baja densidad de población y con una trama de asentamientos atomizada y muy dispersa, que hace de la distancia, del pequeño tamaño de la mayoría de sus municipios y de su elevada tasa de envejecimiento una amalgama de problemas difíciles de afrontar dado el elevado coste que su solución representa y el efecto de las inercias que limitan la adecuada prestación de los servicios  públicos. Tiene razón, por tanto, el dibujante cuando alude a la necesidad de avanzar en el proceso de acercamiento, en la búsqueda de alianzas, de interacciones y de iniciativas destinadas a racionalizar el funcionamiento del sistema mediante la cooperación en las diversas modalidades que la experiencia avala. Se trata de un importante salto cualitativo, de un desafío que hay que afrontar convenciendo a la sociedad y a sus responsables públicos de que la aproximación de estrategias no implica la dilución de identidades. 




8 de diciembre de 2013

El justificado reconocimiento a la figura de la juez guatemalteca Iris Yassmin Barrios







La figura de Yassmín Barrios simboliza la lucha del pueblo guatemalteco a favor de la justicia y los derechos humanos. Merece el máximo reconocimiento internacional por el papel desempeñado como juez del Tribunal (Penal de Mayor Riesgo) que condenó el 10 de mayo de 2013 al dictador Efrain Rios Montt a ochenta años de cárcel por genocidio y crímenes contra la Humanidad. Hay que conocer de cerca la terrible historia de ese país centroamericano para darse cuenta de la importancia de una condena que marcó un precedente memorable en la trayectoria de la impunidad en Latinoamérica. Y aunque lamentablemente la sentencia fue anulada por la Corte de Constitucionalidad, que ha obligado a repetir el juicio, lo cierto es que los motivos que justificaron la condena dejaron bien explícitas la existencia y la entidad de un inmenso genocidio como realidad incuestionable; y, lo que también es importante, "devolvimos al pueblo de Guatemala- como ella misma ha señalado - la credibilidad en la institución de la justicia. Demostramos que se podían aplicar en Guatemala los estándares internacionales de justicia".  



Por esa razón, plenamente justificada está la concesión a la juez Barrios del Premio de Derechos Humanos que concede el Consejo General de la Abogacía Española. No es un reconocimiento que deba pasar desapercibido. Las palabras y los argumentos expresados por Barrios en la entrevista realizada por una cadena de radio española lo avalan con creces. Es un documento interesante. Vale la pena conocerlo: 






4 de diciembre de 2013

"Se acabaron las lágrimas": homenaje y apoyo de Fernando Fradejas a la mujer liberada



Basta una imagen en blanco y negro para dejar testimonio fehaciente de una tragedia que no debe producirse, que se puede evitar, a la que hay que enfrentarse también con el valor de la fotografía y de la palabra como poderosas herramientas de denuncia. El maltrato a la mujer es una lacra inadmisible, atroz, sobre la que caben pocas palabras porque el simple hecho, con su cortejo de sensaciones y efectos repudiables, lo dice todo. Es esa "macabra realidad" como acertadamente la denomina García Marbán en la tarjeta alusiva a la exposición (Vid. infra).  No se necesita demasiado espacio para reflejar esa realidad que hunde a la mujer en el dolor, en el sufrimiento y en la miseria que deriva de su propia subestimación. 






Fernando Fradejas, excelente fotógrafo de Medina de Rioseco (Valladolid),  ha recogido en una treintena de fotografías todo, lo mucho, lo terrible, que el problema da de sí. Y lo ha hecho con la sensibilidad de quien conoce bien la magnitud que alcanza un problema representado a través de las múltiples y diversas manifestaciones ofrecidas por la barbarie que no cesa. Ahí quedan como aldabonazos incesantes sobre la conciencia de quienes las contemplan, como revulsivo ante el que nadie puede permanecer indiferente. Humillación, agresividad, amenazas, miradas perdidas, miradas como dardos. Lágrimas contenidas, lágrimas explícitas, lágrimas desconsoladas. Lágrimas a eliminar. 






Mientras visitaba la exposición no me he cruzado con nadie, a nadie he visto. La soledad del recinto y el silencio a mi alrededor contribuían a acentuar la elocuencia de las expresiones reflejadas en esas ventanas que exponían el horror, lo que permitía captar e interpretar los contenidos que el autor ha pretendido, y logrado, transmitir. En ese ambiente cobraban mayor expresividad aún las palabras que acompañan a las imágenes, con las que marcan un valioso contrapunto: son la expresión de la rebeldía, el estímulo a la esperanza, la reacción ante ese atentado brutal contra la libertad, instando con ellas a que sea, al fin, recuperada. Es un homenaje a la emancipación de la mujer, un alegato contundente frente a tanto tópico miserable acerca de la sumisión femenina.







Nota: Ojalá esta exposición sea presentada, conocida y valorada en otros muchos lugares. Como indica el autor en su amable comentario a esta entrada, quien lo desee puede ponerse en contacto con Don Miguel García, del Departamento de Cultura del Ayuntamiento de Medina de Rioseco (Valladolid). Tfno: 983.700850/700825

30 de noviembre de 2013

La Librería Sandoval cumple cuarenta años







Ayer me ratifiqué una vez más en mi costumbre de no comprar nunca libros en una gran superficie comercial. Y lo hice mientras asistía a un acontecimiento cultural tan entrañable como digno de mención. "Sandoval", la Librería que conciben, ordenan, enseñan y transmiten Amparo y Miguel, acompañados de su hijo, cumplía cuatro décadas de existencia. Vio la luz cuando finalizaba el verano de 1973,  a los pocos días del golpe de Estado ocurrido en Chile, un suceso que tanto conmocionó a las gentes de mi generación. A nuestra escala, el nacimiento de Sandoval supuso un contrapunto a aquella tragedia, tan lejana en el espacio como próxima en la sensibilidad.  



El acto tuvo lugar en uno de los espacios vallisoletanos más propicios para el encuentro cultural, la relación amistosa, la conversación sosegada, las presentaciones que siempre aportan valores, la reivindicación por lo que merece la pena luchar, todo ello enriquecido y justificado por el placer que procura el descubrimiento, henchido de sorpresas, del libro, de sus letras y de sus imágenes. Es un descubrimiento que nunca tiene fin a poco que uno se empeñe en averiguar los múltiples recovecos y sorpresas que una Librería depara. Son sensaciones gratas que afloran cuando se visita ese local, que constituye referencia visual obligada y apetecible, la más gratificante para mí cuando se accede a la Plaza de El Salvador, en el corazón de la ciudad. Apetece frecuentarla porque allí se encuentra ese ámbito que compendia las características propias de lo que se entiende como Librería en el sentido más enriquecedor y positivo de la palabra. Hay que visitar Sandoval, detenerse en su refugio, adquirir lo que apetezca y lo que se busca, para saber, conocer y valorar lo mucho que eso significa. 





Tras contemplar un escaparate magníficamente organizado y cuidado para dar a conocer las últimas novedades y las obras por las que el lector pueda sentirse atraído, nada más cruzar el umbral el visitante se encuentra fascinado ante un escenario envolvente en el que el libro, los libros, dominan el sentido de la percepción del entorno y marcan la cadencia del tiempo que ha de ser destinado a escrutar con la curiosidad que la ocasión merece lo mucho y variado que allí se encierra. Y la verdad es que sorprende la ingente cantidad de libros depositados en un escenario multicolor donde, pese a lo abigarrado del panorama y rodeado de los rostros de autores sempiternos, todo está sujeto a un orden y a una disposición que permite encontrar lo deseado o descubrir aquello que de pronto suscita el interés e invita a la lectura. 



En medio de esa contemplación la actitud de los libreros que rigen la Librería es discreta. Se limitan a asesorar, a orientar, a sugerir, pero jamás condicionan la decisión final. Se respira libertad y respeto, nada de agobios, como en otros sitios sucede en demasía. Por esa razón, uno se encuentra a gusto en Sandoval, donde reinan el silencio, el consejo pertinente y, si llega el caso, la conversación amena y entretenida, siempre gravitando en torno al sinfín de alicientes temáticos que suscita una librería bien surtida y abierta a la inquietud de quienes se acercan a ella, muchas veces movidos por el placer de encontrarse en un lugar apeteciblemente creativo y sensible por cuanto sucede dentro y fuera de él. 

De ahí que Sandoval sea el paradigma de la Libreria por la que hay que apostar, a la que acudir, a la que defender y con la que identificarse. La Librería, en suma, donde comprar libros. En estos tiempos de crisis cultural, cuando el libro atraviesa momentos difíciles, cuando otros formatos irrumpen al compás de firmas poderosas y avasalladoras que anulan la capacidad de relación que la buena Librería posibilita, urge reivindicar el papel que espacios de encuentro culto y socialmente saludable como Sandoval desempeñan para hacernos más placentero y satisfactorio el encuentro con ese producto necesario que es el libro encuadernado, una de las joyas principales, y ojalá que imperecederas, de la creación humana. Conforta saber, como se ha señalado en la XXVII Feria del Libro de Guadalajara (México), que, tras las modas de las versiones digitales, la fiebre por la pantalla líquida está contenida mientras se asiste a una coexistencia entre ambas modalidades, lo que justifica el hecho de que, en opinión de Molly Barton, de la Penguin Random House,  "a la gente le gustan los libros y las editoriales cada vez editarán mejor porque su forma física vuelve a ser un reclamo para los lectores de verdad". 

Qué bien lo han entendido Amparo, Miguel, su hijo y cuantos se dieron - nos dimos - cita en el espacio entrañable de la Plaza del Salvador ese día de finales de noviembre de 2013. Manuel Sierra, el amigo que nunca falla en todas las ocasiones en las que la cultura de calidad y el espíritu crítico se hallan presentes y que está alerta con su creatividad al servicio de las causas más nobles, se sumó a la efeméride con su mensaje de color y de perspectivas libres para dejar constancia, como reza la carpeta diseñada con tal fin,  de "El paso de los días". Y aunque los días pasen, en efecto, y nos traigan mensajes contradictorios y a menudo desazonadores, siempre nos quedarán los buenos recuerdos compartidos en  Sandoval a lo largo de los años. Y los que vendrán. Por eso reconforta acercarse a la Librería de la "plazuela", como hizo Manuel Sierra a la mañana siguiente del acto conmemorativo, con su mirada siempre abierta y con el color en la mano. La imagen que al final incluyo así lo demuestra. El no sabe que yo estaba allí. Fue algo casual, pura coincidencia. Estoy seguro que no le desagradará. 

Enhorabuena, amigos de Sandoval. 




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29 de noviembre de 2013

¿Cuándo las ofensa son realmente ofensivas para la dignidad de un país?

"Ofensa es lo que es ofensivo", dice con su engolamiento acostumbrado el inefable ministro Fernández, para justificar su ley sancionadora de las actitudes de protesta, denuncia y rechazo apoyadas en el clamor popular. Incurre en una tautología, lo que demuestra el sentido vago de la noción de ofensa, su carácter genérico, arbitrario y discrecional. Si esta perspectiva permite aplicar la ley, su ley, a todo lo que se mueva "ofensivamente" a criterio del sancionador, y al margen del juez, demostrando así que cualquier crítica en la calle puede confundirse con ofensa con el consiguiente amedrentamiento e indefensión previos que ello provoca, también nos lleva por pura lógica a entender por "ofensa" todos aquellos comportamientos, hábitos, prácticas y actitudes que lesionan la imagen de las instituciones, de acuerdo con la propia definición del concepto de ofensa o agravio, por el que se entiende "el perjuicio que se hace a uno en sus derechos e intereses". De ahí que, de aprobarse la Ley de marras, también incurren en ofensa, y muy grave: 

- los que mienten y engañan, a sabiendas de que lo hacen, a los ciudadanos que dicen representar
- los que consideran que la prevaricación y el cohecho cometidos deben quedar impunes
- los que defraudan a la Hacienda Pública, privando al erario de los recursos necesarios para la aplicación de las políticas redistributivas
- los que, ostentando un alto nivel de responsabilidad pública, ocultan o enmascaran sus gabelas privadas
- los que evaden capital, haciendo de los paraísos fiscales sus espacios esenciales de relación
- los que descalifican sin criterio objetivo la labor de los creadores de cultura, lesionando la imagen del pais dentro y fuera de sus fronteras
- los que utilizan su responsabilidad institucional para especular, crear redes de intereses que condicionan la toma de decisiones y derivan en medidas lucrativas a expensas del ejercicio de la acción política
- los que destruyen pruebas y testimonios esenciales para que la acción de la justicia se vea entorpecida en los asuntos que les atañen

- los que recurren a artimañas y subterfugios de toda índole para atrasar y eludir la acción de la justicia, desacreditando la labor y la persona de los jueces incómodos
- los que se enriquecen obscenamente al convertir sus ámbitos de responsabilidad financiera en auténticas cuevas de ladrones
- los que manipulan la información, provocando engaños y tergiversaciones interesadas
- los que especulan o manipulan el uso del suelo en beneficio de intereses particulares
- los que ofenden la memoria de los que sufren el desprecio y el olvido de sus derechos
- los que defienden una sociedad segregada y víctima de la exclusión
- los que no responden de sus responsabilidades

- los que se enorgullecen de su capacidad para salir indemnes de la crítica social y de sus actuaciones delictivas.

Estos sí son, pues, comportamientos ofensivos, perjudiciales, dañinos para la imagen del Estado y sus instituciones. Son las ofensas que hay que penalizar, los agravios que hacen mella permanente en las instituciones y en la vida de los ciudadanos. Lo que mancilla el crédito de un país y de su sociedad. No me cabe duda de que 
Fernández se refiere a ellos cuando dice que "ofensa es lo que es ofensivo". ¿Y es que hay algo más ofensivo que transmitir una imagen de escándalo, degradación y prepotencia en el ejercicio del poder? No hay mayor ofensa que el deterioro de la calidad de la democracia. 

17 de noviembre de 2013

Lecciones extraídas de la basura acumulada


Si siempre se sacan lecciones de las situaciones de conflicto, no cabe duda que lo sucedido en la ciudad de Madrid a lo largo de los días - 13 en total -  vividos con la basura en las calles, los empleados de la limpieza viaria en huelga, el poder municipal a la deriva hasta que la situación corría riesgos graves y la negociación planteada en términos de resistencia por parte de los trabajadores, sindicalmente organizados, ha proporcionado dos advertencias claves, una vez resuelto. Dos advertencias que seguramente han de tener gran resonancia en España, lo que convierte a la huelga de la limpieza en Madrid - "rompeolas de todas las Españas" (A.Machado) - en un suceso de fuerte impacto estratégico hacia el futuro y a gran escala, pues rebasa los límites del escenario estricto donde se ha producido: 

La primera de ellas pone en evidencia los problemas inherentes a la privatización de los servicios públicos, cuando éstos se prestan mediante acuerdos con la administración responsable que tienden a la baja temeraria de los presupuestos concertados con las empresas concesionarias, lo que, como se ha visto, tiende a redundar inevitablemente en el recorte de plantillas y en el deterioro de la calidad del servicio. El mito de la eficiencia basada en la privatización de los servicios públicos, enarbolado obsesiva, intencionadamente y sin pruebas por los gobernantes madrileños, ya del Ayuntamiento o de la Comunidad Autónoma, ha saltado definitivamente por los aires. 

Y la segunda se ha traducido en la postura adoptada por la ciudadanía, que, pese a las incomodidades que la basura acumulada en la calle implica, no ha mostrado protesta o animadversión hacia los trabajadores, que, por lo que se ve, han suscitado más respaldo que rechazo. No parece que la imagen de la alcaldesa Botella Serrano haya resultado tan bien parada en la percepción por parte de la sociedad madrileña. Arrogancia, torpeza, insensibilidad y dejación de responsabilidades han sido sus herramientas de gestión, las mismas que acostumbra ante los problemas que se le presentan. Durante su mandato en el gobierno municipal se ha convertido en el  paradigma de la ineptitud, en el contraejemplo más palmario de lo que ha de ser un alcalde, un político, digno de tal nombre y responsabilidad.

En estos tiempos de recortes, de depauperaciones y empobrecimientos masivos, de escándalos impunes y de privilegios tan inmerecidos como cuestionados, la sociedad, harta y desencantada, se inclina a favor de los que menos tienen y más sufren. La solidaridad se acrecienta frente a la vulnerabilidad de quienes además no son responsables del desastre pero sí sus principales víctimas. Quizá no lo haga con la proclamación explícita de apoyo que la gravedad requiere, pero, desde luego, a lo que no está dispuesta es a que empresas - las de la contrata de limpieza en Madrid- que en lo que va de año han obtenido 1.600 millones de euros de beneficio, manden a la  calle a cerca de 1.200 trabajadores, necesarios para que el servicio se cumpla, o les rebajen el sueldo un 40 % cuando sus salarios netos apenas superan, en el mejor de los casos, los 1.200 euros.

Espacios transfomados (18): la soledad sonora del espacio público



La otoñada se cierne sobre el espacio público más frecuentado y apetecido. No es fácil ni usual encontrarlo vacío, sumido en el silencio, en el sosiego total de la mañana festiva, cuando el sonido habitual de las conversaciones y las pisadas, que justifican su razón de ser en la atracción que ejerce la Biblioteca Pública, es sustituido por el tenue rumor de la hojarasca que encuentra fácil acomodo en la plaza sin que nadie perturbe su pausada libertad de movimientos, al socaire de la brisa mañanera. De pronto el paseante, acostumbrado a contemplar ese lugar a diario y a sentirse confortado con la percepción de que se trata de un espacio de encuentro siempre cambiante y con el que se siente identificado, detiene por un momento sus pasos, con el diario y el pan en ristre, para contemplar el sinfín de detalles y matices que en las vivencias cotidianas, y desvaídos por el tumulto, pasan desatendidos y que ahora, en el escenario de la quietud, cobran un valor inestimable por excepcional. No le invade la melancolía que, según dicen, motiva el espectáculo otoñal, sino la sensación de que la vida sigue, de que los ciclos del año cumplen puntualmente su función, mientras modifican los colores del paisaje sin alterar un ápice, empero, la esencia misma de ese espacio público de relación que se mantiene incólume.

14 de noviembre de 2013

La recuperación de un profesor injustamente olvidado: el Dr. Arturo Pérez Martín, ex Decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Valladolid




Ha sido, como se preveía, un acto memorable, digno de ser reconocido como un hito destacado en la Historia de la Universidad española y, particularmente, en la de Valladolid. Es la primera vez que en la Universidad vallisoletana se recupera y dignifica la memoria de un profesor asesinado a poco de producirse la rebelión militar en el verano del 36. A lo largo de generaciones un manto de silencio, olvido e indiferencia se ha extendido por los ambientes del Alma Mater sin que se haya   planteado durante tanto tiempo la necesidad de reconocer lo que fueron y lo que hicieron aquellos profesores que defendieron la libertad, la inteligencia, la ciencia, la cultura y los derechos humanos frente a la ola de terror que las jaurías falangistas provocaron en las ciudades y los pueblos de Castilla. He asistido a ese acto, organizado con motivo de la festividad patronal de la Facultad de Ciencias, aunque he echado mucho de menos la presencia de colegas de otros centros (creo que no había nadie de fuera de la Facultad anfitriona), pues el acto de hoy debería haber sido compartido por toda la Universidad, más allá de las, a veces demasiado rígidas y formales, fronteras académicas. Ha sido una ocasión excepcional y como tal debería haber sido asumida por la comunidad universitaria. Lástima que no haya sido así. 
















Dr. D. Alberto Lesarri González, catedrático de Química-Física de la Universidad de Valladolid 

La labor de indagación realizada por el profesor Alberto Lesarri sobre la figura del Dr. Arturo Pérez Martín (1872-1936), que fue un relevante científico, abnegado docente, impulsor y director del Colegio de Santander (precedente de la actual Universidad Internacional Menéndez Pelayo), artífice del Liceo de Costa Rica, vicerrector de la Universidad de Valladolid y decano de la Facultad de Ciencias hasta su muerte, ha supuesto una aportación extraordinaria, tanto por haber rescatado a esa figura prestigiosa del pozo del silencio al que había sido abandonado como por haber permitido una aproximación brillante, clarificadora y muy expresiva de lo que fue el impulso de la ciencia y la cultura españolas en las primeras décadas del siglo XX - la llamada "Edad de Plata" - y que trágicamente fue destruida por el golpe de Estado que trajo consigo la muerte o el exilio de sus mejores cabezas. Recomiendo la lectura del artículo del Dr. Lesarri sobre Don Arturo Pérez Martín en el siguiente enlace (págs. 32-38)


 





La Dra. Carmen Pérez Vidal, profesora de la Universidad Pompeu Fabra y nieta del homenajeado,  interviene al final del acto en presencia de las autoridades académicas

La presencia de la familia del Dr. Pérez Martín, venida de diversos lugares de España y del extranjero, ha dado una dimensión al recuerdo que ha movido a la emoción después de casi ochenta años de ignorancia total. He felicitado al Dr. Lesarri y al Decano de la Facultad de Ciencias por lo que esta reunión ha significado. 



12 de noviembre de 2013

La educación se basa en algo más que en el uso de las nuevas tecnologías

La oportunidad de un acto académico me ha permitido asistir recientemente en Zaragoza a un interesante debate con colegas prestigioso sobre el impacto de Internet y los recursos informáticos en la Educación. A medida que la conversación avanza, comienzan a surgir las cautelas y las advertencias que esa relación suscita. Disponemos ya de la suficiente perspectiva temporal y empírica para saber lo que el tema, con sus luces y sus sombras, da de sí. Nadie cuestiona las enormes posibilidades que la Red permite para la ampliación y recopilación del conocimiento al tiempo que se valora de manera positiva la utilidad y pertinencia de las herramientas informáticas para el tratamiento, sistematización, integración y comprensión de los saberes.

Pero, ay, una señal de alarma aflora en el ambiente, que, en esencia, se resume en dos constataciones:

-  por un lado, el aprendizaje a través de la Red puede inducir a derivaciones que crean más confusión que claridad y coherencia cuando no tienden a banalizar el trabajo mediante una simplificación del esfuerzo, facilitado por el acceso a ingentes volúmenes de información, asumidos acríticamente y utilizados como alternativa a la labor de indagación reflexiva y personal, para la que se ha de estar debidamente preparado; 

- por otro, más grave aún, se asiste a un deterioro clamoroso de la capacidad de expresión formal a través del razonamiento escrito y desarrollado con la coherencia expositiva y la debida corrección gramatical.  Con frecuencia trabajos realizados mediante el empleo del software que mejora sensiblemente el tratamiento y presentación de la información, incluyen reflexiones, ideas y argumentos de una pobreza y simplicidad palmarias. El contraste cualitativo es abrumador hasta el punto de que invalida la brillantez formalmente pretendida. No hay programa que subsane esta carencia, pues la exposición de las ideas sigue siendo, y lo será siempre, el producto de una formación adquirida a base de tesón y buen aprendizaje. 

De este modo, cobra plena justificación la necesidad de reafirmar y fortalecer la labor del profesor, la tutela formativa, la transmisión de una práctica laboriosa que en nuestros días , tiempos de fascinación por las nuevas tecnologías (por lo demás, justificada), consiga integrar en el alumno la capacidad inherente a la expresión de las ideas con el amplio margen de posibilidades que propician los instrumentos innovadores del aprendizaje sin que aquélla se vea necesariamente eclipsada o minimizada por éstos. 

Es una cuestión que me preocupa mucho y por eso la traigo aquí.

8 de noviembre de 2013

¿Interesan realmente los libros de "Memorias" de los políticos actuales?

Se necesita sin duda mucha admiración por el personaje para mostrar interés por lo que escribe en sus "Memorias" y, más aún, para gastar el dinero en la compra del libro. Se dice, con todo, que es un género en declive, que las expectativas de los editores han quedado en todos los casos muy por debajo de lo previsto y que los generosos anticipos otorgados a los autores no cubren en ocasiones los ingresos reales obtenidos de la venta de la obra. ¿Alguien se sorprende de que eso ocurra? ¿No resulta, a poco que se detenga uno en la cuestión, algo lógico y normal? ¿Interesa en verdad adquirir un mamotreto de esas características y dado a conocer con los fines que se pretenden? Personalmente evito siquiera mirar las portadas, ni un ochavo de mi peculio va jamás para ese producto, que ha evolucionado a peor, y, desde luego, no pierdo un minuto de mi tiempo con la lectura de lo que en ello se contiene, pues me da la sensación de malgastarlo cuando tantos textos interesantes, tantas obras valiosas, están aún por leer. El tiempo es un bien escaso y conviene administrarlo bien. Esta actitud obedece a tres razones que considero convincentes, al menos en mi opinión: 

Primera: lo que en esos libros se dice ya está dicho sustancialmente de antemano, pues poseemos con anterioridad , si el tema nos interesa, de suficientes elementos de juicio al amparo de la difusión informativa del tema para saber lo que ocurrió, cómo ocurrió y porqué ocurrió. Las fuentes de información de que se dispone permiten hacerse un juicio de valor suficientemente ponderado y objetivo, en el que fundamentar la opinión antes de que el vanidoso, y a menudo engolado, memorialista de turno de a conocer su particular y seguramente sesgada perspectiva. Tampoco recogen lo que cabe esperar de ellas, pues se trata de una recopilación de recuerdos selectivos, donde se enfatiza o se ignora en función de la mella que unos hechos y otros puedan deparar a la imagen que tratan de preservar obsesivamente. Ni siquiera eleva su interés la alusión que los autores hacen a aspectos curiosos sobre su forma de actuar, ignorados por la gente, aunque a la hora de la verdad son de una trivialidad pasmosa. Mera argucia promocional, inducida por la necesidad de justificar el suculento anticipo recibido. 

Segunda: todas las "memorias" están basadas en el principio de la autojustificación permanente, en la ausencia de autocrítica, en la soberbia y vanidad de quien se siente ungido por la verdad incuestionable. No hay en ellas atisbo alguno de humildad y de reconocimiento de errores, ni una brizna de imparcialidad, manifiesta tanto en reiteraciones infundadas como en olvidos o menosprecios selectivos, como antes señalé. Tanta perfección, tanto egocentrismo, amén de obscenos, son tediosa y totalmente prescindibles. Posturas en las que suelen incurrir sin rubor los presentadores de la cosa, encargados ad hoc, cuando se deshacen en elogios sin que tampoco en ellos aflore ese valor tan necesario como es el espíritu crítico. ¿Es que no hay nada criticable en la gestión y en el modo de entender y ejercer la política de quienes han ostentado responsabilidades tan esenciales para la vida ciudadana?

Y Tercera: los autores no son los escritores reales del texto, o, al menos, de su mayor parte, ya que no se les conoce obra o escrito anterior que merezca valorar previamente su capacidad y talento con la pluma, el bolígrafo o el teclado. Son ágrafos, y es bien sabido que el arte de escribir no se improvisa. Emergen de pronto como escribidores de oportunidad, ayudados por plumillas a sueldo, ávidos y al acecho de los derechos de autor, tratando de embaucar a sus seguidores o simplemente curiosos con lo que transmiten como hazañas repletas de atractivo y curiosidad, muchas veces expuestas sin rigor o haciendo uso de fuentes que no son tales sino amañadas en función de su total exoneración de responsabilidades cuando los hechos pueden ensombrecer o deteriorar su imagen, que pretenden incólume. Nada que ver, pues, con la Memorias de De Gaulle, de Churchill, o de Mandela que sí eran autores de textos reconocidos, escribían bien, y tenían hechos importantes que contar. Así  pues, hagan lo que quieran, pero mi consejo es que eviten en sus bibliotecas este tipo de obras que, ocupando demasiado espacio, nacen innecesarias porque no valen ni la décima parte de lo que cuesta el libro en el que se recogen. Y, lo que es peor, tras su lectura sólo caben la decepción y la sensación de haber perdido el tiempo y el dinero, ambos irrecuperables.
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