4 de febrero de 2009

Presidente Balmaceda, en vos confío



Sin duda, todos necesitamos confiar en alguien. La vida se nutre de esperanzas y deseos que pugnamos por alcanzar, a sabiendas de que nunca los conseguiremos en solitario sino al amparo de una ayuda, de un apoyo, de una colaboración. La esperanza es lo último que se pierde, dice la frase hecha; de ahí que cuando se pierde la esperanza, “cuando no tenemos nada a lo que asirnos con fuerza para confiar que nuestros deseos se hagan realidad, como en una de sus obras dejó claro Augusto Roa Bastos, todo está perdido". Es la razón que lleva a mucha gente en ocasiones a buscar consuelo tanto en lo que tiene más a mano como en lo remoto e incluso en lo esotérico.
El pasado mes de Octubre me di cuenta de ello al visitar el Cementerio General de Santiago de Chile, al que me dirigí para conocer el lugar donde reposa Salvador Allende. Lo encontré, tras muchos devaneos, y de esa experiencia, emocionada, ya he dejado constancia. Muy cerca, en el espacio reservado a los que han sido presidentes de la República, está la tumba de José Manuel Balmaceda. Gobernó su país entre 1886 y 1891, durante una etapa muy convulsa de la historia chilena, que trató de afrontar con mentalidad ilustrada y con una voluntad política decidida a modernizar las instituciones con una visión presidencialista que no tardó en enajenarle el apoyo del Parlamento hasta desembocar en una guerra civil, que finalmente perdió y que saldó quitándose la vida.

Desconozco si, desde el momento de su muerte, Balmaceda ha atraído con tanta intensidad como ahora la atención de sus conciudadanos. Pero lo cierto es que sorprende - yo jamás lo había visto- la veneración que actualmente se le profesa. No hay espacio en el exterior de su mausoleo que no lleve marcada la expresión de una confianza a toda prueba. Las gentes que la visitan plasman en él sus deseos, sus aspiraciones. Manifiestan sus afanes y le hacen entrega por escrito de sus esperanzas más sentidas. Esperanzas depositadas en la ayuda que pueda prestar a la familia, a la resolución de cuitas amorosas pendientes, a la demanda de inteligencia y de salud, a la consecución de un empleo y, curiosamente, al logro de éxitos académicos que permitan al joven que lo escribe acceder a la Universidad, tras haber superado el escollo de la Secundaria. En suma, para que a quien lo solicita le "valla good" (sic). Complicado lo va a tener el que escribe así para ir a la Uni. Pero quién sabe de lo que Balmaceda no será capaz.




No es un santo el ex-presidente Balmaceda, ni connotaciones religiosas se le conocen, pues en su presidencia mantuvo una ideología liberal que le distanciaba de los vínculos de la fe. Sin embargo, algo muy profundo debe sentir ese sector de la sociedad chilena que acude en solitario a la tumba del prócer para ver en él, al cabo de un siglo, el refugio de sus anhelos y el cauce de sus deseos más fervientes. Como dijo Benedetti: "El valor todo lo puede, hay que tener confianza, mas lo que el valor no puede, lo ha de poder la esperanza".

14 comentarios:

  1. No soy muy adepta a visitar cementerios,y menos tumbas de próceres, evidentemente me estoy perdiendo bastante.
    La gente necesita consuelo y lo busca en los lugares más extraños depositando allí su esperanza.

    Gracias por este relato.


    Saludos!

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  2. A mí me gustan los cementerios, porque son parte de la vida, no de la muerte, y también a través de ello aprendes sobre la condiciòn humana, y más aún, sobre las particularidades de cada pueblo, en el fondo común a la humanidad que es la muerte. Las ritualizaciones de la muerte tienen matices muy finos. Esto es interesante, este político se ha convertido en una especie de santo laico. Creo que ahí late la necesidad de objetivar las esperanzas particulares y transferirlas a un ser que se considera superior. Muy interesante tu entrada, Fernando.

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  3. Algunas personas, a lo que parece, necesitan un mito, un dios, un ser sobrenatural en el que confiar. Aunque eso tiene un riesgo importante: dejar de luchar por lo que quieres confiando en que el santo te resolverá la papeleta, abandonarte y resignarte pensando que todo está ya decidido por el destino.
    Para una persona con curiosidad sociológica, la visita al cementerio debió serte muy ilustrativa.
    Un saludo.

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  4. Es curioso, le han idealizado, y le piden de todo, como si tuviese enchufe con Dios. Presi Balmaceda, por favor,.... yo te pido, que aquí en España, las cuentas de delincuentes de la banca y de la construcción, que se han forrao a costa del sudor de mucha gente, desaparezcan de pronto, y queden por arte de magia distribuidas de forma proporcional entre las cuentan de sus victimas. Ah, y que les suba el colesterol y el acido úrico, con los solomillos y el marisco que se han zampao a nuestra costa. Amén Presi Balmaceda.
    Un beso Fernando

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  5. hola escritor,poeta y amigo!muy interesante tu post..desconocia que eso sucediera en Chile...
    la gente crea a veces mitos inexplicables..
    pobre hombre...me imagino las demandas...
    besos.
    silvia cloud

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  6. ¡Manda huevos! Después de 15.000 años, los humanos todavía pintamos en las piedras para alcanzar mágicamente nuestros deseos; cazar un bisonte, obtener un título universitario...
    No sé qué pensar.
    Hace muchos años, coincidí en una fiesta de Nochevieja con una joven que pertenecía a una conocida familia cartagenera que ha dado ilustres médicos, escritores, filósofos, incluso algún político. La muchacha era guapa, inteligente, culta, pero en aquellas primeras horas del Año Nuevo estaba algo bebida y bastante fumada. Decía frases incongruentes, citas pedantes (algunas en alemán) que nos hacían reír muchísimo. En un momento dado, se dirigió a los que estábamos más cerca y, con cierta melancolía, nos comunicó: "A mí el homo sapiens me ha defraudado".

    A mí también.

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  7. Muy curiosa e interesante esta entrada sobre Balmaceda, eso de que "me ayudes a vivir good" me ha llegado al alma... Besotes, M.

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  8. Llama la atención desde luego, que, como si se tratara de un Papa Noel, la gente le llevara alli sus plegarias místicas. Sin duda debió dejar una imagen de "político que se dedicaba a la política" (y no a mamoneos partidistas), y por lo tanto creo que debe ser reconocido no solo en su país, si no en el mundo entero.

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  9. Hola Fernando no visito muchos esos lugares claro solo en caso en que debamos, pero bueno no conocia nada de esto que nos cuentas , cada dia aprendemos mas un saludo

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  10. Curioso, realmente curioso.

    Nunca voy al cementerio, fuera de los propios funerales de aquellos que conocí. Sin embargo sé que hay toda una cultura de la muerte en todo el mundo mundial. Cementerios cuidadísimos, tumbas que son auténticos mausoleos, flores frescas a diario, visitas semanales así caigan chuzos de punta, homenajes en días señalados a próceres y afamados y nunca olvidados personajes, peregrinaciones a la tumba del santo…

    Pero eso que tú relatas, nunca lo había oído.

    Así que, muy curioso, Fernando.

    Saludos cordiales.

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  11. El cementerio es una parte más de nuestra cultura, fuera incluso de toda religión siempre coopera y nos da información sobre muchas de las cosas pasadas, a veces incluso se huele el silencio y la paz dentro de ellos, será el respeto...
    Me ha parecido muy curioso lo de que esta gente como bien dices después de un siglo, hacen y demuestran estar todavía esperanzados por alguien que mantienen muy vivo después de tantos años muerto, realmente esa es una gran huella que ha dejado Balmaceda, ya sea por su gran liberalismo que demostró en su momento, como por cualquier otra cosa que motiva a los hoy ciudadanos vivientes a seguir creyendo en este señor.
    Bonito post, lleno de esperanza, aún cuando es lo último que se pierde ha de ir siempre bien sujeto de la fuerza moral que no sabemos donde está ni se esconde, pero que aparece cuando más lo necesitamos.
    Un abrazo, didi.

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  12. Fernando; a mí, si me gusta a veces caminar por los cementerios porque dicen mucho de la cultura de sus pueblos.... ¡Me encanta ver esos sepulcros con alegorías! y, no los nichos que parecen apartados de correos...Si tienes ocasión no dejes de ir al de Génova te sorprenderas, no dejes de ir algun día.Un abrazoAngela

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  13. La verdad es que resulta difícil pensar que al joven aquel le "valla good" en su intento universitario.

    Es un interesante "reportaje" a uno de nuestros principales cementerios, visto con ojos afuerinos. Se agradece.

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  14. se convirtió en una animita de cementerio, hay en todo el país acá en Chile, en las carreteras sobre todo, cerca de mi casa, camino al colegio, por todos lados. Las animitas de roqueríos son mis favoritas, hay en lugares impensados, ahora mismo estoy investigando por las que hay en el norte del país.

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