La fotografía - que hoy publica la edición de Le Monde - corresponde a la visita que el dictador sirio realizó a Vladimir Putin el 21 de octubre de 2015. La imagen, de hace siete años, es impresionante. Habla por sí sola. El criminal y genocida ruso ya había invadido Chechenia, arrasado Grozni y anexionado Crimea. La OTAN y Europa callaron ante tanta destrucción y barbarie, vulnerando la legalidad internacional. Nadie dijo nada. Por ninguna parte se apreció una toma de conciencia sobre la tragedia que se cernía sobre Europa y sobre el mundo. Hasta hoy, cuando miserable y brutalmente se pretende destruir a Ucrania como realidad y proyecto, de pulverizar sus sueños de emancipación de la bestia. Y, si le sale como pretende, los límites pueden ser imprevisibles. Ucrania quiere ser europea, libre, no sometida al atroz modelo ruso o bielorruso. Defiende la dignidad frente a la dictadura.


