29 de junio de 2026

Venezuela carece de Gobierno para afrontar los impactos de la tragedia sísmica


 Venezuela está viviendo el peor escenario en el que se puede vivir cuando se trata de afrontar una terrible catástrofe natural. Es imposible neutralizar sus efectos demoledores y caóticos, con la consiguiente situación de emergencia humanitaria que provocan, cuando un Estado carece de estructuras de gobierno competentes y capaces de tomar decisiones sustentadas en los instrumentos administrativos, legales, económicos y logísticos que comúnmente se necesitan por parte de la acción pública ante situaciones tan críticas y desesperadas, como las que han afectado a las zonas más urbanizadas del país.



La patria de Rómulo Gallegos y de Gustavo Dudamel es ya un Estado fallido sino un Estado inoperante e inane porque carece del poder que confieren la legitimidad y las competencias constitucionales para utilizar sus recursos destinados a atender las necesidades de la sociedad. No hay medidas precisas, no hay planificación, no hay evaluación de impactos. No haya nada servible. Por eso sorprende que en las imágenes ofrecidas por la televisión no se observe la presencia de las fuerzas oficiales (pese a la dimensión del ejército venezolano) en las tareas de rescate. Esa labor ímproba depende esencialmente de los efectivos enviados por 27 países. El poder oficial - más allá de las declaraciones vacuas de los Rodríguez- ha desaparecido en ese hermoso y entrañable territorio, del que tan buenos recuerdos conservo.
La furia de la Tierra ha asolado sin piedad a un país sumido en una situación política excepcional, insólita, en el mundo. La impronta de la tragedia es directamente proporcional a la incapacidad estructural para resolverla. No me atrevo a definir, pues no está claro, el modelo que se está aplicando tras el secuestro de su Presidente en enero de 2026 y la designación de un gobierno "encargado" que carece de poder alguno para actuar como tal, aherrojado y anulado como está. Ni es un protectorado, conforme a los principios de un sistema colonial clásico ni tampoco se corresponde con la fórmula del "Estado Libre Asociado" aplicada en el caso de Puerto Rico.
Es simple y llanamente un país sometido a saqueo y esquilmo intensivos y a gran escala de sus recursos petrolíferos (la causa de la intervención efectuada), al margen de los instrumentos institucionales inherentes a un Estado soberano. Ambas son las prácticas que el gobierno norteamericano está llevando a cabo, con total desprecio y humillación hacia Venezuela, hasta el punto de que, como ha reconocido el presidente de Estados Unidos , los beneficios obtenidos de la venta de los "millones de barriles y que tan felices hacen a los venezolanos" (sic dixit Mr. Trump) están sirviendo prioritariamente para financiar la agresión contra Irán perpetrada por el proxeneta y su amigo genocida de Israel.
Observo que de esto poco se habla en los medios. Por eso no de más traerlo a colación.

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