18 de septiembre de 2011

Espacios transformados (1): de la escuela al refugio


Del ayer al hoy. De la tradición a la "modernidad". Antaño la escuela era el punto de encuentro, casi el único lugar de relación social del que se disponía en aquellos pueblos, que trataban de superar los destrozos de la guerra civil. El año de 1948 corría a la sazón. Eran edificios de piedra, sólidos, desangelados en invierno. Espacios vivos y animados, con dificultad llegaba a ellos la luz.
Hoy la escuela, ya abandonada, permanece silenciosa y convertida en el lugar de cita pública a que obliga, frente al riesgo latente, la proximidad de una fábrica poderosa de electricidad mediante energía de fisión, que hay que mirar con cautela, cumpliendo el requisito impuesto por la Central de Santa María de Garoña.

Sucede en Pangusión (Burgos), a tres kilómetros de la planta nuclear.

15 de septiembre de 2011

¿Están las tertulias mediáticas en crisis? De la fidelidad al hartazgo

Confieso que siento auténtico tedio ya por las tertulias mediáticas. Durante algún tiempo las he seguido con interés, tratando de descubrir, en medio de la pretendida refriega dialéctica, alguna idea que pudiera esclarecer los temas abordados y, que en principio, son de interés general. Pero poco a poco he ido percibiendo que la controversia cede a menudo paso a la algarabía para culminar con demasiada frecuencia en una patulea de frases que acaban por sugerir y alumbrar lo contrario de lo que pretenden. Ignoro si los niveles de audiencia apuntan en la dirección que presumo, es decir, hacia la fatiga y el cansancio, convencido el sacrificado oyente o telespectador de que ya no le aportan nada, o tan poco que ya no merece la pena el tiempo que se las presta.

Creo que es una sensación por muchos compartida. Las mismas voces, los amigos de siempre, los mismos argumentos, idénticas posturas y actitudes de discrepancia de unos frente a otros, que parecen previamente pactadas y que acaban sumiendo a quien escucha en una especie de torbellino tan falto de interés como agotador. Aborrezco la polivalencia retórica y con frecuencia fatua de quienes creen saber de todo y de todo hablan con desparpajo y sin rubor. De “eruditos a la violeta” los calificó José Cadalso, y sobre ellos José de Larra lanzó venablos que permanecen hoy tan justificados como entonces.

Desde luego, hay excepciones, pues el panorama cuenta con opinadores que se salvan del aquelarre, aunque compruebo que son muy pocos, quizá los menos. Lo común, negocio aparte, es la frase hecha, el latiguillo reiterado, cuando no el plagio vertido sin ningún rubor mientras todo se adoba de una petulancia que sonroja por injustificada. Por esa razón, y preocupado por la pérdida de tiempo, he decidido ausentarme de ese tipo de foros que causan jaqueca, confusión y bostezo para orientar mis horas hacia lo que creo más provechoso y fecundo, es decir, a la lectura del intelectual u observador preparado, del crítico solvente, serio, de quien sabe lo que dice y lo sabe transmitir.

No creo que ésta sea una decisión singular, pues tengo el convencimiento de que, tras una etapa de sobrecarga de decibelios opináticos, quien desee saber lo que pasa y porqué se sentirá cada vez más tentado a sustituir el ruido por las nueces. Y éstas ya no se prodigan en las ondas españolas.


10 de septiembre de 2011

El “Guernica” llegó a España hace treinta años


La primera grabación que conservo en mi colección de videos reproduce la llegada del “Guernica” a España el 10 de septiembre de 1981. Lo recuerdo bien. Ocurrió a primeras horas de la tarde de un caluroso jueves, más o menos a la hora en que, treinta años después, escribo esta nota. Compré aquel viejo y voluminoso Mitshubishi con ese fin, pues no quería perder las imágenes de uno de los acontecimientos más relevantes de la historia de la democracia y de la cultura españolas. Suponía mucho aquel hecho, que durante tiempo habíamos esperado. Suponía nada menos que la confirmación de que el compromiso contraído por Picasso - el Museo donde estuvo provisionalmente instalado (el MOMA de New York) solo devolvería el cuadro al pueblo español cuando se restablecieran  las libertades públicas en España - estaba satisfecho. No está de más aludir a las gestiones realizadas en ese sentido por Javier Tusell, a la sazón Director General de Patrimonio Artístico, Archivos y Museos del Ministerio de Cultura. Los franquistas lo habían intentado antes, pero lógicamente vieron frustrados sus propósitos, como el de formar parte del Mercado Común Europeo.

Atrás, difuminado en el recuerdo, quedaba lo ocurrido el 23 de febrero de aquel mismo año, cuando un grupo de golpistas trató de interrumpir el difícil proceso de transición hacia la libertad en el que el país estaba empeñado, con sus luces y no pocas sombras e incertidumbres, que Javier Cercas ha tratado de despejar - en su Anatomía de un instante (Mondadori, 2009)  - con bastante acierto. Sin embargo, la memoria no permanecía alejada de lo que había significado la destrucción de la simbólica villa vizcaína de Guernica, salvajemente bombardeada, con la connivencia de los  criminales sublevados, por la aviación alemana el 27 de abril de 1937, la primera vez en la historia que se cometía tal barbarie sobre una ciudad indefensa. Precedente y ensayo de lo que poco después ocurriría durante la segunda guerra mundial.

La historia del cuadro es bien conocida, tanto por el sentido y la dimensión que le dio Picasso, como por lo que representa desde el punto de vista histórico, . Es, ante todo, un clamor contra la barbarie de la guerra, contra el fascismo y contra la banda de criminales y delincuentes que se sublevaron contra la República el 18 de julio de 1936. No en vano en una declaración efectuada en mayo de 1937 había señalado: “Expreso con claridad mi aborrecimiento hacia la casta militar que ha sumido a España en un océano de dolor y muerte”.

Es, por tanto, un testimonio vivo, potente e inmortal, de lo que representó la Guerra de España, como fue conocida internacionalmente. Por esa razón, su ubicación es la correcta. Debe seguir expuesto para siempre en la ciudad de Madrid, pues, como escribió Antonio Machado, “qué bien tu nombre suena / rompeolas de todas las Españas! / La tierra se desgarra, el cielo truena,/ tú sonríes con plomo en las entrañas"

Precisamente lo que de manera magistral e imperecedera representó Pablo Picasso.


5 de septiembre de 2011

¿Utopía o posibilidad? ¿Otra economía es posible?


Es evidente que la crisis, con la complejidad, diversidad y magnitud de sus causas e implicaciones, está sometiendo a la Economía a una profunda revisión. Posiblemente sea ésta, dentro de las Ciencias Sociales, la disciplina que en mayor medida se encuentra en el punto de mira de la crítica, tan fuerte como justificada. Los modelos utilizados se han mostrado incapaces de anticipar la catástrofe y, menos aún, de afrontar sus consecuencias. Después de tres años pavorosos, en los que los cimientos del Estado de Bienestar han quedado irreversiblemente condicionados, tras infinitas reuniones de los G-7, los G-8, los G-20, y los encuentros de Davos, los procesos observados tienden a la desestabilización de los mecanismos esenciales del sistema mientras su efecto más pernicioso – el paro – aumenta sin cesar y afloran en el mundo de las relaciones humanas los comportamientos que, ligados a la discriminación, a la xenofobia y a la involución excluyente, demuestran que las grandes conquistas sociales que creiamos consolidadas se resquebrajan en medio de una sensación, cada vez más generalizada, de “sálvese quien pueda”.
Urgen voces nuevas, la sociedad exige nuevos discursos mientras repele los viejos paradigmas que han contribuido al desbarajuste en el que nos encontramos. En este contexto, si la indignación política es necesaria, por más que sus debeladores demuestren al criticarla su ineptitud para entender lo que está pasando, parecen pertinentes los argumentos que preconizan otro modo de entender la economía, que sigue siendo la verdadera pieza vertebradora de las dinámicas sociales y la razón esencial de que la política fluctúe entre la solidaridad y la ruptura de los mecanismos de cohesión, garantes de la paz social. Merece la pena, por tanto, atender a los escritos de pensadores que apuntan en una dirección que muestra otra perspectiva más alentadora e ilusionante, más sensible con la sociedad, más respetuosa con el entorno.
Frente al esquematismo reduccionista de los modelos perfectos pero ineficaces a la hora de afrontar los problemas, se impone la dimensión reflexiva que invita a plantear las cosas de otra manera. ¿Utopía o posibilidad? En cualquier caso, textos como el de Jeffrey Sachs sobre "La economía de la felicidad" llegan a tiempo para orientar las ideas en un sentido ilusionante y recuperar la confianza perdida en quienes cultivan la ciencia económica. ¿Porqué invalidar el pensamiento de Sachs, que en 2009 lo obtuvo, frente a otros Premios Nobel de Economía, pontífices del neoliberalismo que nos ha llevado a ese túnel de larguísimo recorrido en el que nos encontramos y al que no se ve salida mientras se siga recurriendo a los axiomas que se han convertido en viejos en cuanto la realidad ha puesto al descubierto su incapacidad para lograr un mundo mejor?

3 de septiembre de 2011

¿Quién manda en España?

Varios países europeos han mostrado claramente una postura favorable al aumento de la presión tributaria sobre las rentas altas como parte esencial de sus estrategias para corregir el elevado desequilibrio fiscal de sus rentas públicas. El gobierno francés, haciéndose eco de la postura manifestada por las principales fortunas del país en ese sentido, plantea la iniciativa de elevar un 3% el gravamen de las que superen el medio millón de euros anuales. Por su parte, el italiano se decanta a favor de un incremento del 5% en las rentas que superen los 90.000 euros y del 10% en el caso de las que excedan de los 150.000. Medidas similares se dan a conocer por los gobernantes alemanes y hace unos días el primer ministro portugués se hacía eco en la prensa española de la voluntad de su gobierno en elevar la presión sobre los que perciban más de 150.000 euros anuales y sobre las empresas que ganen más de 1,5 millones de euros al año.

En todos estos países gobierna la derecha. ¿Qué pasa en España donde hablar de este tema suscita la ambigüedad irresoluta e incluso el rechazo del partido del gobierno mientras es drásticamente desestimada por el PP? ¿Hasta qué punto no domina en el ambiente una sensación de acobardamiento político que resulta tan sorprendente como insultante para la mayoría, que asiste inerme al recorte imparable de los gastos sociales? Ante este panorama solo cabe una pregunta: ¿Quién manda realmente en España?

Addenda (16.9.2011): A falta de concretar la respuesta a tal pregunta, hay que reconocer que algo se ha movido en ese sentido. El Gobierno socialista ha planteado la recuperación del Impuesto de Patrimonio, que fue aplicado en España entre 1977 y 2008. Volver a las hemerotecas para valorar los argumentos que entonces se utilizaron para suprimirlo causa sonrojo, sobre todo tras contemplar cómo ha evolucionado la situación económica poco después.

El debate político que ha aflorado tras esta decisión es paupérrimo y conviene, a mi juicio, pasar de él. Lo importante es constatar lo que significa un impuesto directo sobre las rentas más altas en el contexto de una crisis que se ha cebado con demasiada dureza y sesgo discriminatorio en los trabajadores, en los funcionarios y en el pequeño empresariado.


29 de agosto de 2011

¿Dónde están los profesores de enseñanza primaria y secundaria? ¿Qué confianza inspiran?

IES Zorrilla, en Valladolid

Se está dando mucha y reiterada resonancia a la clasificación llevada a cabo por Metroscopia en su Barómetro Continuo de Confianza Ciudadana, que ordena, mediante un índice derivado de sondeos, el grado de respeto, reconocimiento y, en definitiva, de confianza que a los ciudadanos españoles inspiran las instituciones y los grupos profesionales que configuran la trama en la que se basa el funcionamiento del país. La lista es prolija e incluye nada menos que 41 referencias que, ordenadas gradualmente, ponen al descubierto las luces, las sombras y, en cualquier caso, las percepciones que la sociedad tiene de un mundo complejo donde no todos los que lo componen merecen la misma consideración. Un simple vistazo a la serie lo revela claramente, para llegar a conclusiones más que llamativas.

Sin embargo, clama la atención el hecho de que en esa secuencia jerarquizada, cuyos lugares cimeros los ocupan las profesiones relacionadas con la ciencia, la sanidad y la educación, no figure una categoría profesional que, desde la perspectiva de la realidad social y en mi opinión, posee una enorme relevancia. Se trata del conjunto formado por los profesores que dedican sus desvelos a la formación de la infancia y la juventud en los niveles que convencionalmente identificamos con la Enseñanza Primaria y la Enseñanza Secundaria, es decir, con los estadios previos a la Universidad, que, en cambio, sí figura en la relación. Sorprende esa omisión y no tanto por el número significativo de cuantos las representan en la estructura socio-profesional como por la labor que realizan. No creo que nadie cuestione la importancia decisiva que este profesorado tiene en la educación de una sociedad, referida en este caso a las edades más críticas, complicadas y azarosas en el desarrollo del proceso formativo.

Se corresponden con una etapa crucial en la vida de las personas, cuando el carácter y la personalidad se fraguan en un entorno en el que la presencia del profesor, del buen profesor, resulta esencial, hasta el punto de que con frecuencia del buen o mal hacer de su tarea dependen el éxito o el fracaso de una experiencia vital y del tránsito a la vida laboral y a la madurez. ¿Quién no tiene, entre los recuerdos más lustrosos de la vida, el que le proporciona la imagen del maestro o del docente que tanto contribuyó al descubrimiento de conceptos o de hechos que le marcaron de por vida y de los que no se desprenderá jamás? Más aún, no es infrecuente que muchos alumnos, pasados los años, evoquen con más afecto y reconocimiento el legado transmitido por quien veló los primeros pasos de su trayectoria educativa en la escuela o en el Instituto que el que más tarde les dejaría el docente universitario, cuya imagen queda a menudo desvaída frente a la de aquél.

Podría extenderme más sobre el papel de este profesorado, por lo que me resulta incomprensible que, cuando se trata de valorar el lugar que le corresponde entre las instancias de relieve en la vida del país, quede ignorado como un grupo específico, digno de ser valorado como tal, ya que me sorprendería que sus miembros estuviesen incluidos en el magma informe del funcionariado.


6 de julio de 2011

Europa debe cambiar... ¿será posible?


Ostende (Bélgica-Belgium)

Lo que está ocurriendo en la Unión Europea ha galvanizado la conciencia crítica de los europeos. No podía ser de otro modo a la vista de las tensiones que conmocionan el panorama político y descubren las contradicciones de una realidad que hasta hace bien poco se consideraba confortable. La calle ha tomado la palabra y pugna por hacer oir un mensaje de protesta y rechazo que, más allá de su repercusión política y mediática, revela que la disconformidad se ha apoderado de un sector importante de la sociedad europea, inicialmente protagonizado por la juventud y al que se han sumado gentes de diversas generaciones, dispuestos también a demostrar que su voz existe, y potente, en el espacio público. La política es necesaria, vienen a decir, pero debe ser otro tipo de política, amparado en otra forma de entender la gestión de los recursos, tan escasos como desigualmente repartidos.

El debate está abierto y nadie discute que ha de tener un largo recorrido. ¿Hacia dónde nos encaminamos? ¿De qué manera? ¿Siguen válidos los paradigmas y modelos de los que nos habíamos dotado? ¿Qué papel corresponde en este proceso a los que toman las decisiones y a quienes se ven afectados por ellas? ¿Cuál a los que se sienten excluidos? Estamos ante un debate necesario, que ha dado ya sus primeros pasos. Entre ellos, especial atención cabe prestar a la reflexión Cambiemos Europa (Let's change Europe), que suscribe un nutrido grupo de intelectuales, algunos de reconocida solvencia y credibilidad. Ciertamente, Europa no va a desaparecer, pero también es verdad que desde la Segunda Guerra Mundial nunca había presentado tan alto nivel de contestación interna, congruente con el deseo de que su rumbo sea sometido a revisión.


29 de junio de 2011

San Sebastián 2016: una apuesta por la convivencia y la tolerancia


Es evidente que en torno al concepto de cultura pueden tener cabida manifestaciones, proyectos y anhelos de la más diversa índole. Es una noción integradora, que induce a la tolerancia, al respeto, al reconocimiento de la pluralidad. Tanto es así que incluso su despliegue puede rebasar los aspectos estrictamente culturales. Entiendo que la defensa de esta perspectiva ha influido mucho en la elección de San Sebastián-Donostia como Capital Cultural Europea 2016.

Dudo que sus proyectos concretos superasen a los de las demás, pues el empeño de todas ha sido tan generalizado como ambicioso. Pero no cabe duda que en la elección ha primado el deseo de impulsar y fortalecer ese espíritu de convivencia e inclusión colectiva que tanto precisa la sociedad vasca y que bien puede identificarse con la imagen acreditada de una ciudad durante mucho tiempo víctima de la barbarie de los pistoleros y extorsionadores de eso que se llama - ¿se llamaba?- ETA. Es, al menos, lo que cabe deducir de lasmanifestaciones realizadas y del significado que encierra la voluntad de entenderlo como posible expresión de una "rebeldía cívica", asociada a las posibilidades de este marchamo, donde todo cabe - diversión, creatividad, negocio... - menos la violencia.

No estoy de acuerdo con la campaña iniciada por el Ayuntamiento de Zaragoza contra esta nominación, también cuestionada por Rosa Aguilar, que dejó la alcaldía de Córdoba para irse de Consejera a la Junta de Andalucía. ¿Conocen el señor Belloch, alcalde zaragozano, y la exalcaldesa de Córdoba el programa cultural diseñado por el equipo de su colega de partido, Odón Elorza, verdadero artífice de ese reconocimiento? ¿Consideran que los motivos expuestos por el jurado invalidan la decisión finalmente adoptada? ¿Piensan que la ciudad que vio nacer a Pio Baroja queda descalificada por el hecho de que su alcalde, democráticamente elegido, pertenezca a una coalición ligada a la izquierda abertzale?

No seré yo quien defienda a Bildu ni quien se sienta cómodo ante la arrogancia insultante que han mostrado en sus primeros meses de gobierno. Voces y gestos, más que acciones políticas efectivas, que forman parte de un estilo que, por archiconocido y tedioso, no debe sorprender a nadie, y que el tiempo acabará diluyendo, a no ser que incurran en posiciones penadas drásticamente por la ley. Pero lo cierto es que la condición de Capital Cultural obedece a unas reglas de juego que, de antemano, todas las candidatas asumen, por más que los criterios empleados para la designación sean muy genéricos y admitan un amplio campo de opciones posible, de acuerdo con lo previsto en la Decisión 1622/2006 del Parlamento Europeo. Se dice que jamás una decisión de este tipo ha sido cuestionada por ninguna de las ciudades que ha visto postergada su elección.

En esta ocasión el clima cultural europeo se ha visto sacudido por las tensiones sempiternas que afloran y dan triste proyección a la vida española. Sin embargo, no creo que este malestar permanezca mucho tiempo en el ambiente. Las aguas volverán pronto a su cauce y en breve se impondrá el silencio expectante de cara a lo que suceda en San Sebastián en la etapa de preparativos que den acceso al año de la Capitalidad Cultural Europea, y que seguramente, mientras la ciudad afianza su condición de espacio de convivencia en paz, ha de culminar en la manifestación de creatividad concebida durante el mandato del gobierno anterior al de Bildu, es decir, el presidido por Odón Elorza, a quien siempre se recordará como el verdadero impulsor de la idea y del proyecto seleccionado.

23 de junio de 2011

Otro discurso es posible (y necesario): la voz del islandés que motivó a sus conciudadanos y la de Jürgen Habermas y otros 18 intelectuales europeos


La Unión Europea se amilana ante la presión abrumadora de ese conglomerado implacable eufemísticamente conocido como “los mercados”, mientras sus dirigentes más poderosos asumen posturas que humillan a los países débiles, mientras pierden soberanía a raudales y se hunden en un pozo del que tardarán muchísimo en salir. Se dice que han gestionado mal su economía, incluso que han tergiversado sus datos... pero ¿alguien conoce la lista de los países de la Unión Europea según su nivel de credibilidad y rigor en las cuentas que presentan? Las opiniones vertidas en la prensa portuguesa o griega reflejan una mezcla de rabia e impotencia ante la que no cabe otra actitud que la de la solidaridad y el desencanto compartido con quienes sufren una situación de la que no son responsables. Los ciudadanos europeos vivimos en una permanente zozobra, que nos impide ver las cosas con la perspectiva necesaria y, sobre todo, dificulta la percepción de un horizonte de salida, capaz de despejar esa incertidumbre que se hace cada día más agobiante e insoportable. Acabo de asistir a una reunión académica en Madrid, que me ha dejado la moral por los suelos. De tanta limitación, de tanto recorte, de tanta propensión a construir proyectos y tomar decisiones a base de retales he acabado con la sensación de haber asistido a una sesión de sastrería remendona, de autolimitación obligada de lo indispensable, consciente de que la próxima vez que acuda prácticamente no quedará ya nada, o casi nada, sobre lo que discutir, porque cualquier opinión expresada con voluntad constructiva carecerá de sentido porque el margen de maniobra será mínimo o simplemente no existirá ya.

Por eso reconforta leer otro discurso emanado de la voz de intelectuales responsables, que han decidido clamar con fuerza frente al pensamiento único, que, a base de recortes aplicados a los que cada vez menos tienen, va a suponer el bloqueo de las posibilidades de recuperación económica ante la retracción brutal del consumo, la acentuación de las desigualdades y, lo que es más grave, la disminución de los derechos conseguidos cuyo empobrecimiento para amplias capas de la sociedad acentuará todavía más el deterioro de las condiciones - me refiero, sobre todo, al panorama educativo - en las que pudiera basarse la salida de la crisis. Si los planteamientos defendidos por el islandés Hördur Torfason suponen un enfoque diferente, el mensaje transmitido por Jürgen Habermas y otros 18 intelectuales en un periódico tan prestigioso como The Guardian ("Europa necesita un liderazgo para salir de la crisis frente a las recetas de austeridad") invita a la reflexión y a asumir la posibilidad de otras opciones no supeditadas a la lógica que, de seguir así las cosas, va a relegar a una parte significativa de la sociedad a los raíles abandonados de la exclusión.

14 de junio de 2011

Austeridad: el término de moda


Confieso que cuando oigo hablar de austeridad siento escalofrío. En principio, la palabra suena bien, pero no siempre se pronuncia con la misma connotación. Prefiero oír hablar de ética, de transparencia, de equidad. De lucha contra la corrupción, de justicia fiscal. Son términos que no admiten ambigüedades cuando de la decisión política se trata.

Pero, austeridad.. ¿A quién y cómo se aplica? ¿En qué capítulos del gasto público? ¿Con qué incidencia? ¿A quién afecta, cuando al tiempo ese término, tan reiterativo ahora, va asociado a otros tan altisonantes como los de eficiencia, productividad y competitividad?

El hecho de que desde la perspectiva de la acción pública todos estos conceptos afloren en el discurso con la misma prosopopeya - ya empiezan a hacerlo en las investiduras autonómicas - resulta más que preocupante.

11 de junio de 2011

Espacios de libertad y tolerancia: el Ateneo de Madrid


Qué confortador resulta de cuando en cuando visitar espacios donde el ruido que invade el ambiente cotidiano desaparece para ser reemplazado por el sonido de la palabra creativa y gratificante. No es un ámbito demasiado conocido ni frecuentado e incluso puede decirse que permanece sumido en la indiferencia cuando uno se propone hacer uso de la oferta cultural – copiosa, abigarrada y para todos los gustos – que ofrece la ciudad de Madrid. Muchas veces oi hablar a mi maestro, Jesús García Fernández, - que a la vez participaba del entusiasmo que el suyo, Don Manuel de Terán, le había transmitido - del Ateneo madrileño, una institución creada en 1820 y que ha sobrevivido hasta nuestros días, salvo la etapa en la que estuvo prohibida por Fernando VII a partir de 1823. Abrió sus puertas de nuevo doce años más tarde.
Con frecuencia me comentaba aquél la importancia y riqueza de sus fondos bibliográficos, el interés de sus miembros por estar al día de lo que se avanzaba en el conocimiento en aquellos años de silencio y mediocridad que propició la dictadura. Recordaba la figura de Manuel Azaña, que lo presidió durante años, para desde ahí saltar al mundo de la política que le habría de llevar a la Presidencia de la Segunda República. Lamentaba el intento por parte de los falangistas de hacerse con el Ateneo tras la guerra civil, aunque pronto desistieron de ello, convencidos de que aquél no era su mundo y que lo mejor que podían hacer era abandonar sus salones si no querían hacer el ridículo. En cierta ocasión, comentó este tema Fernando Chueca Gotilla, que, aunque designado como director por el franquismo, mantuvo siempre un espíritu abierto y tolerante, ajeno a las presiones de aquel régimen.
Sin embargo, las cosas ya nunca fueron como antaño, pues el tiempo no pasa en balde, y de una u otra manera los cambios en la cultura, y en sus formas de manifestarse, redujeron la proyección de un lugar de encuentro para limitarlo a la atención recibido por quienes se acercaban al viejo edificio modernista de la calle Prado de Madrid para participar, en un ambiente recoleto y sosegado, de sus actividades, la verdad que insuficientemente divulgadas.
Tal vez por la huella de quien tanto me enseñó, siempre he permanecido atento a las señales emitidas desde el Ateneo madrileño, ese lugar donde, según reza su reglamento, “se reconoce y ampara el derecho de todo socio para profesar o emitir cualquier suerte de ideas políticas, religiosas y sociales, por radicales que sean u opuestas a las profesadas por los demás”. Posiblemente a algunos les parecerá cuestión de otro tiempo, ya desvanecido en la memoria. Pero les advierto que no es ninguna antigualla. Preserva la memoria y anima el estudio y la indagación sobre temas de nuestro tiempo, sin los sectarismos de otras instituciones culturales que sesgan el sentido de la Historia en función de la camarilla que las gestionan.
Y el hecho de que en este caso no sea así lo demuestra el acto celebrado el dia 9 de junio, al que tuve la oportunidad de asistir y donde se presentó el documental Ateneo:Ideas en Libertad, con el que se trata de poner en evidencia la Historia de España “a través del espejo del Ateneo hasta la actualidad”. Dirigido por Tito Alvarez de Eulate y Pedro Carvajal, es un canto a la libertad, un fiel reflejo de la pluralidad intelectual de nuestra época, de la variedad de sensibilidades que confluyen en un país donde son más los que respetan al adversario que quienes los insultan y ofenden. Seguramente no tendrá la resonancia de otras iniciativas que hoy dominan en el panorama cultural español, pero creo que merece la pena saber de su existencia, entre otras razones porque no todo es ruido, no todo es corrupción, no todo es vulgaridad ni cainismo.

24 de mayo de 2011

¿Suponen las elecciones del 22 de mayo de 2011 el fin del terrorismo de ETA?

Fachada del Ayuntamiento de San Sebastián-Donostia

En el fragor de los análisis efectuados con motivo de las elecciones locales y autonómicas que se acaban de celebrar apenas se habla de este asunto, pese a tener una gran trascendencia. Tras la polémica jurídica suscitada en torno a la legalidad de la coalición electoral Bildu – que aglutinaba a miembros de partidos legales como Eusko Alkartasuna y Alternatiba (escisión de Esker Batua) y otros de la izquierda abertzale, tradicionalmente asociados a Batasuna -, el balance obtenido ha sido muy significativo. Con 313.231 votos - 276.134 procedentes del País Vasco y 953 de Navarra – obtiene 1.138 concejales, que se traducen en 88 alcaldías en ambas Comunidades Autónomas y 25 mayorías relativas. Representan una opción política nada desdeñable en esos territorios, donde cuentan con un respaldo que les ha permitido duplicar los votos obtenidos por ANV y EA en las municipales de 2007.


Quiérase o no, es una realidad que está ahí y que hay que asumir porque forma parte de la estructura socio-política del Estado, y en coherencia con los principios que rigen su funcionamiento, que ha de ser integrador y sujeto al cumplimiento de las normas legales. La cuestión estriba en valorar cómo puede incidir este hecho, refrendado por el Tribunal Constitucional – la normalización institucional de un sector importante de la sociedad vasca, integrado en el juego político democrático – en la eliminación definitiva de esa lacra de muerte, destrucción y terror que ha asolado durante décadas esa región, que ha conmocionado la vida política española y que ha dejado tras de sí una estela atroz que jamás quedará olvidada. Las víctimas no se lo merecen. Sin embargo, ¿cuáles son los caminos que conducen o pueden conducir a la superación de ese trauma o, lo que es lo mismo, a la desaparición de la banda? La experiencia revela – Irlanda del Norte, Alemania, Italia – que no hay una hoja de ruta preestablecida ni un protocolo de cumplimiento de validez general. Las situaciones son distintas y en cada caso se ha llegado a un punto final por procedimientos específicos, muy ligados a las características de las respectivas situaciones y en función de las pautas fijadas por los gobiernos responsables, conscientes de las dificultades que ello entraña. Baste recordar lo sucedido tras el acuerdo de paz de 10 de abril de 1998 que puso término al terror en el Ulster y cuyos resultados están a la vista.


Por lo que respecta a España, la firmeza contra ETA también se ha mostrado contudente y ha dado origen al periodo de ausencia de muerte más prolongado que se conoce, aunque aún resuene en nuestros oídos el atentado del aparcamiento de la Terminal de Barajas y el asesinato que lo acompañó. Desde entonces, y más allá de los encuentros mantenidos con el fin de alcanzar el fin definitivo de la violencia (en la misma línea seguida por todos los gobiernos desde la llegada de la democracia), ha prevalecido la fuerza del Estado sobre los designios de la banda, que ha sido diezmada en varias ocasiones, a la vez que sus dirigentes lo son cada vez por menos tiempo. Eso es lo que realmente importa. No cabe duda que la eficacia policial y la efectividad de la colaboración con Francia han sido decisivas en este sentido. Pero lo que también es cierto es que, por mucho que se discuta, tras el 22 de mayo algo muy importante se ha producido en la tierra vasca que augura, si no se ha producido ya, el final de ETA.


El tiempo lo dirá, pero creo que estamos ya en esa situación, que se alumbra en el horizonte, confortados además por el hecho de que la ley - según establece la reforma de la Ley 2/2011, de 28 de enero, Orgánica del Régimen Electoral General - asegura que cualquier transgresión del rechazo a la violencia por parte de los miembros de la coalición mencionada será sancionada con la retirada de la representatividad que ostenta. No hay vuelta de hoja: las reglas del juego serán respetadas en un escenario en el que la preservación de la paz constituye la única posibilidad admitida. Y es precisamente en este sentido hacia el que se ha decantado la afirmación del portavoz de Bildu, Pello Urizar, al señalar que la celebración de las elecciones “implica la retirada definitiva de ETA”, opinión suscrita por Oskar Matute, dirigente de Alternatiba, no sin antes reiterar que “ETA debe desaparecer”.


Y es que, en efecto, ETA es el pasado. Un pasado terrible y siniestro, sobre el que la democracia se ha acabado imponiendo porque así lo han exigido el Estado y la propia sociedad vasca. La fecha del 22 de mayo de 2011 marca, en mi modesta opinión, el punto de no retorno de esta tragedia, que jamás debió haber existido.


19 de mayo de 2011

No se resignan a ser una “generación perdida”



Concentración en la Plaza de la Fuente Dorada, de Valladolid ( mayo de 2011)


No es la nuestra una juventud resignada. Es una juventud consciente del mundo que la ha tocado vivir, de los problemas de su tiempo, de sus dificultades y de las incertidumbres que se ciernen sobre sus horizontes y perspectivas. También lo es de sus capacidades y fortalezas. Si observamos los comportamientos colectivos de la juventud en el mundo, no es difícil detectar rasgos de singularidad en el caso de los jóvenes europeos. Hemos visto en otros lugares movimientos de gran resonancia, motivados por el rechazo a las guerras, el repudio a las dictaduras, la defensa de la libertad. Ocurrió durante la guerra de Vietnam en Estados Unidos, en Indonesia frente a Suharto, en Latinoamérica frente a los regímenes de muerte y corrupción que asolaron a muchos de sus países en los setenta y ochenta, en el norte de África apenas comenzada la segunda década del siglo XXI.


Lo que está ocurriendo en la Unión Europea ofrece matices que deben ser tenidos en cuenta. Es la expresión de una rebeldía en el espacio que se creía confortable y garante de derechos enraizados en la Historia y en los ámbitos de la decisión pública, y que ahora se perciben gravemente amenazados. Ya tuvimos ocasión de comprobar la dimensión de la protesta a finales de 2008 en Grecia, cuando los jóvenes salieron a la calle al darse cuenta de los efectos traumáticos que la crisis comenzaba a provocar en su país. Lo hemos visto también en Francia, en Portugal, en el Reino Unido, en Irlanda.... y haces unos días, el 15 de mayo de 2011, ha hecho de pronto su aparición en España, para convertirse en uno de los fenómenos sociales que mayor impacto están teniendo en los medios, en las conversaciones de la gente, en las cábalas de los analistas, en los intérpretes, más o menos cualificados, del rumbo político que adquiere el país ante un acontecimiento que nadie preveía y que ha dado lugar a toda suerte de opiniones.


No es casual que la movilización haya estallado en un momento en el que convergen dos causas que posiblemente han tenido un efecto inductor. Tres días antes de que comenzara, el Fondo Monetario Internacional alertaba sobre el riesgo en España de una “generación perdida”, terrible denominación aplicada al reconocimiento de las enormes dificultades a que se enfrenta la integración en la sociedad de un sector de la población – el juvenil - que, si por algo se caracteriza, es por su nivel de cualificación y de competencia para contribuir al desarrollo del país, y que se siente desvalorizada ante tasas de desempleo que, en los tramos iniciales de la vida laboral, superan el 40%. Que nadie me venga con que se trata de una juventud poco preparada, por mor de una educación errática. Falso de toda falsedad. Conozco el tema porque lo vivo de cerca. Nunca la juventud española ha estado tan preparada como hoy. Cuando se dice que carece de adaptación a las necesidades del sistema productivo, se está diciendo una mentira. El problema no son los jóvenes, son las empresas, o muchas de ellas, que se escudan en este argumento falaz para justificar su resistencia a la contratación de personal joven, al que con frecuencia explotan con sueldos y contratos miserables. Basta echar un vistazo a los jóvenes cualificados que emigran a otros países europeos con el fin de trabajar en su especialidad y donde gozan de un reconocimiento que su país les niega. A muchos ha conmocionado la sensación de que pueden llegar a formar parte de esa “generación perdida”, abandonada a su suerte.


Este hecho, justificativo de una preocupación creciente y de una desafección hacia la política, ha coincidido con el desarrollo de una campaña electoral que, en la mayor parte de sus manifestaciones, roza el tedio y a menudo la desvergüenza. No entraré en detalles porque son de todos conocidos, pero lo cierto es que muchísimos jóvenes españoles no se sienten representados en esos mítines ni en el lenguaje que se utiliza magnificando los problemas y eludiendo las soluciones, mientras se recurre a la descalificación brutal y zafia del adversario para que el ruido domine en el ambiente y eclipse el tratamiento riguroso de la realidad. Si se observa con detalle el sentido de sus reivindicaciones no hay en ellas síntoma alguno de voluntad antisistema, sino precisamente de todo lo contrario: de reconocimiento de que su papel en la sociedad está minimizado o simplemente eludido ante la prevalencia reiterada de un discurso que les resulta ajeno y de unos comportamientos que no reconocen como los propios de un modelo democrático e integrador digno de tal nombre.


Yerran aquellos políticos – reflejo evidente de su miopía y de su incapacidad para entender lo que ocurre a su alrededor – que hablan de manipulación, de intenciones aviesas, de propósitos inconfesables, para acabar incurriendo en actitudes paranoicas que no van más allá del temor a que sus intereses y sinecuras puedan verse cuestionados, refractarios a la crítica como son en su mayoría. Aunque, bien mirado, hay que admitir que el temor está justificado en la medida en que una protesta de tal magnitud, expresión de un malestar hace tiempo larvado, no puede dejar indiferente a nadie ni ser entendida como un hecho episódico, sino como un fenómeno sociológico de contestación y puesta en entredicho de pautas de comportamiento y de gestión que pueden llegar a convertir a muchos jóvenes, si no lo han hecho ya, en excluidos involuntarios dentro de un sistema que prescinde de ellos, quizá irreversiblemente.

En el fondo no deja de ser una manifestación a favor de una visibilidad que creen haber perdido y que desean recuperar. ¿No es ésta acaso otra expresión más de la “España de la rabia y de la idea”, de la que con tanto acierto como contundencia habló Don Antonio Machado?

¿Qué ocurrirá a partir de ahora? ¿Cómo evolucionará esa movilización que se ha extendido como el aceite en las principales ciudades españoles, grandes, medianas y pequeñas? Nadie lo sabe y es difícil hacer previsiones. Mas, ocurra lo que ocurra, es evidente que lo sucedido en España en la segunda quincena del mes de mayo de 2011 marcará un hito de gran importancia en la historia del país, tanto como fenómeno sociológico como advertencia de que el rumbo de la política española debe corregir deficiencias muy serias que han puesto en entredicho su credibilidad para un sector significativo de la población - el que tiene el futuro en sus manos -, cuyas reclamaciones y necesidades no pueden ser ignoradas.





17 de mayo de 2011

El Bachillerato de excelencia: ¿un pretexto para la discriminación y la desigualdad?


IES Beatriz Galindo de Madrid

No se ha hablado de este asunto en la campaña electoral, pero su intencionalidad anida en el ambiente. Con su habitual estilo provocativo y sin más explicaciones que las amparadas en el tópico, de ello habló la señora Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, a comienzos de abril, cuando propuso la creación en esa región, con vistas al próximo curso, de un Bachillerato que “ ofreciera a los alumnos más sobresalientes de Secundaria una enseñanza que como ellos, aspire a la máxima excelencia”. Se trata con ello de crear instituciones que primen los valores de 'excelencia, trabajo, esfuerzo, estudio, talento y dedicación', al igual que ya hacen otros países europeos que diferencian la formación de los alumnos más aventajados”. No dice, sin embargo, de qué países está hablando ni de cómo se gestiona en ellos la educación ni de los niveles presupuestarios que se conceden a este servicio básico. Por supuesto, tampoco valora sus implicaciones y sus posibles resultados, ya que todo se ampara en un juicio de valor predeterminado, que pondera la diferenciación del alumno en una etapa clave de su vida personal y formativa como criterio de distinción condicionante de su futuro en la sociedad.

Ningún otro gobierno autónomo del Partido Popular ha planteado una iniciativa de estas características ni tampoco ha emitido una opinión al respecto, que también ha estado ausente por parte de la comunidad educativa, pese a tratarse de una cuestión de indudable trascendencia, por lo que significa y por las connotaciones que tiene desde el punto de vista social y formativo. De ahí la conveniencia de plantear el tema y someterlo a debate con toda la carga de interés que merece. Me limito, pues, a sugerirlo apoyándome en dos reflexiones que, con autoridad y solvencia, lo abordan. La primera ha sido realizada, desde la experiencia que proporciona el trabajo la enseñanza secundaria, por la profesora María Antonia Salvador, del IES Zorrilla de Valladolid; la segunda se recoge en la aportación hecha sobre el tema por Enrique Gil Calvo, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Creo que ambas ofrecen suficientes elementos de juicio para opinar sobre tan importante cuestión.

1 de abril de 2011

El silencio sobre Honduras no debe ocultar las graves violaciones de los derechos humanos


Ilsa Velásquez

Cuando una noticia desaparece de los medios de comunicación es tal el silencio que se cierne sobre ella que parece que no existe. Pobre de la tragedia que deja de interesar a quienes controlan lo que interesa. Abrumados estamos a diario de noticias y sucesos de todos los tipos, pero es obvio que su permanencia en las primeras páginas es siempre selectiva. La actualidad se entrevera con el sensacionalismo, la pertinencia con la intencionalidad, el escándalo con lo fortuito. Nunca la información es banal ni responde necesariamente a la dimensión y al enfoque que se la concede. Pero el hecho de aparecer en portada y en la cabecera de los telediarios no debe implicar que la atención prestada a acontecimientos relevantes justifique la omisión deliberada de problemas y situaciones que no pueden quedar al margen de la preocupación social.
Honduras dejó de aparecer en la escena mundial cuando unas elecciones realizadas con falta de garantías democráticas pusieron aparentemente fin al periodo de ignominia, brutalidad, ilegalidad e indecencia política que siguió al golpe de Estado contra el gobierno legítimo de Manuel Zelaya para abrir la siniestra etapa de la dictadura presidida por un tal Micheletti. Tras ellas accedió al poder un sujeto llamado Porfirio Lobo Sosa, del que nunca más se supo salvo para dejar constancia del desprecio e incluso del boicot de que era objeto en las reuniones celebradas por los líderes latinoamericanos. Siempre habrá que reconocer a Lula y a Cristina Fernández, presidentes de Brasil y Argentina, la actitud de firmeza para evitar que ese personaje fuera reconocido como representante de un país que permanece sumido en las honduras de la represión, de la tortura y de la muerte en medio de la más absoluta indiferencia.
No es justo que eso ocurra en un mundo que tanto presume de defender los derechos humanos y que asiste, impávido, a cuanto sucede en ese pequeño país centroamericano digno de mejor suerte. Y es que la historia reciente de Honduras está marcada por los estigmas de la violencia aplicada sin restricciones a cuantos cuestionan el régimen de terror que campa a sus anchas. Sensible ante el problema, me limito a dar a conocer el acuerdo adoptado el dia 29 de marzo por el Consejo de Gobierno de la Universidad de Costa Rica en el que denuncia las agresiones sufridas por la Federación de Organizaciones Magisteriales de Honduras (FOMH), que mantienen desde hace tiempo un enfrentamiento contra el gobierno en defensa de la democracia y de los servicios públicos fundamentales, como la salud y la educación, lo que ha derivado en una dura represión que se ha saldado con la muerte de la maestra Ilse Ivania Velázquez Rodríguez. Nada o muy poco se ha dicho de ello, que yo sepa, en la prensa española.
Ante estos hechos, la Universidad costarricense ha adoptado el acuerdo de:
“ 1. Solidarizarse con la lucha de las organizaciones magisteriales hondureñas en defensa de la educación pública y de los derechos de los educadores y las educadoras, la cual es apoyada por amplios sectores de la sociedad hondureña;
2. Rechazar las acciones represivas contra las organizaciones magisteriales hondureñas llevadas a cabo por el gobierno de Porfirio Lobo Sosa;
3. Exigir al Gobierno de Honduras: a) que investigue las circunstancias de la muerte de la maestra Ilse Ivania Velázquez Rodríguez y se castigue a los responsables; b) el cese de la represión en contra del magisterio y de los sectores sociales que apoyan su lucha; c) la liberación de forma inmediata de todas las personas detenidas como consecuencia de estas acciones represivas;
y 4. Instar al Gobierno de Costa Rica a que se pronuncie en defensa de los derechos humanos de los educadores hondureños".

Una demostración más de la situación inaceptable en que se encuentra ese país que nos es tan próximo ¿Cómo permanecer indiferentes a una realidad que, no por ignorada, debe ser entendida como una tragedia sin paliativos?

NOTA:

Estaré durante unos días ausente de este espacio. La medicina obliga de cuando a cuando a revisar lo que debe ser revisado. Es bueno prevenir... antes de que llegue la tormenta irrefrenable.


26 de marzo de 2011

Mensajes en la calle (31): la política como pasión

¿Cómo llegar al ciudadano, abrumado por mensajes que no le dicen nada e incluso le desorientan? ¿Cuál ha de ser el reclamo que invite a prestar atención y a dedicar siquiera sea unos minutos a la lectura de lo que se desea transmitir? El arte de la publicidad se manifiesta en el sinfín de posibilidades e instrumentos de que se sirven los talentosos del diseño y de la frase lograda para evitar el enorme riesgo de la indiferencia. Es sabido que la reiteración de los mensajes y las imágenes que los acompañan llega a provocar hastío, puede que hasta rechazo, pero también es cierto que, a fuerza de recibirlos, el individuo acaba por asumir, aun de manera inconsciente, la existencia de un producto artificial o de una idea prefabricada que, a la postre, acaba haciendo mella en el comportamiento hasta decantar a su favor, y por contradictorio que parezca, la elección finalmente realizada.

Como no podía ser de otro modo, el ejercicio de la política adopta los paradigmas más sofisticados de la parafernalia semiótica que gravita en torno a la publicidad. Podría hacerse, si no se ha hecho ya, un verdadero tratado relativo a las aportaciones del mensaje político al incomensurable acervo de la historia publicitaria. Seguramente podrá apreciarse la adecuación de las ideas dominantes a la realidad social de cada momento, a las sensibilidades de la época, a las apetencias que orientan la conducta en función de los objetivos más deseados por aquellos a quienes van destinadas. Es lógico que así sea, pues nada más desacertado que alentar un ambiente de sugerencias y motivaciones que no se corresponden con lo que realmente el destinatario desea o necesita.

Sin embargo, todo parece indicar que en los tiempos que corren los mensajes específicos deben quedar supeditados al impacto de la expresión que llega al ciudadano como testimonio más de una actitud subjetiva que de una reflexión racionalizada. Alentar el proyecto de gobierno a través de la pasión que se siente por algo conduce a simplificar el contenido en torno a una palabra que lo dice todo, tratando de provocar con ella una reacción sentimental con la que nadie puede sentirse a disgusto, pese a que tampoco comprometa a nada.

Vivimos tiempo de pasiones soterradas, que el discurso político trata de hacer suyas sin que se sepa muy bien de qué manera la “pasión”, simplemente como tal, y simbolizada en la figura del corazón omnicomprensivo, puede identificarse con lo que, en esencia, ha de ser un modo de hacer política fiel a los principios del buen gobierno de lo público con todo lo que ello implica. No dudo en absoluto que ese sea el objetivo de quien se postula para renovar su mandato como alcalde de la ciudad de Soria, y quien, por lo que he sabido, goza de alta valoración ciudadana. Mas ello no impide reflexionar sobre lo que significan los “slogans” políticos en estos tiempos de confusión entre las apariencias y la realidad.

Paseando ayer por Soria, me topé con este anuncio. Me llamó la atención y por eso lo comento en esta sección dedicada a interpretar los “Mensajes” que aparecen en la calle.

4 de marzo de 2011

Cuando lo visceral prima sobre la razón: Joseph Fontana y Jordi Nadal rechazados como Doctores honoris causa por la Universidad Autónoma de Barcelona


De cuando en cuando el panorama universitario español se ve sacudido por noticias que dejan sin palabras. Ya sé que no se debe recurrir a un acontecimiento lamentable para significar con ello lo que ocurre en una institución que, ante todo, es compleja y de una enorme heterogeneidad. De todo hay, en efecto, en ese mundo de enseñanzas e investigación merecedoras de todo tipo de balances y evaluaciones. La excelencia coexiste con la mediocridad, el oportunismo con la labor rigurosa, independiente y sacrificada. El caradura con el serio y responsable. Que cada cual asuma su cuota de responsabilidad y que los mecanismos que ponderan el trabajo realizado lo coloquen en su sitio, ya que, a la postre, tarde o temprano, se sabe diferenciar, en ese mundo heteróclito y repleto de contradicciones, lo que es ganga y lo que es mena.
Mientras tanto, resulta difícil comprender sucesos que claman al cielo y ofenden la inteligencia. En la Universidad Autónoma de Barcelona, aquélla que en los años setenta brillaba como "isla de libertad", los miembros de la Junta de Facultad de Filosofía y Letras han rechazado la propuesta de nombrar doctores “honoris causa” a los historiadores Joseph Fontana y Jordi Nadal. Han bloqueado así un proceso que debía culminar en el Consejo de Gobierno de la Universidad y en el reconocimiento merecido por dos grandes intelectuales catalanes. Apenas ha trascendido la noticia, lo que resulta escandaloso dada la relevancia del hecho. Personalmente, he tratado de averiguar los argumentos que han llevado a tomar esa decisión por parte de los colegas que, académicamente, están más vinculados a la labor realizada por ambos historiadores.

Las respuestas de quienes me han comentado el tema han sido de indignación y de rechazo, de malestar y de vergüenza, por la sencilla razón de que no hay argumentos racionales que justifiquen tamaño disparate. Simplemente se ha desestimado su nombramiento por que sí, porque no se desea reconocer lo que sus figuras significan en la historiografía española y universal. No hay más razones que las personales, aquellas que emanan de la visceralidad, de la envidia, del rechazo por motivos inconfesables, que llevan al silencio vergonzante y a la incapacidad de justificar la decisión tomada. Simplemente porque sí.


Considero que, más que de una injusticia, se trata de un insulto y una ofensa a la Universidad, a la ciencia y a la cultura. No entraré a valorar aquí la trayectoria de ambos profesionales de lo mejor de nuestra ciencia histórica, aunque ya he hecho referencia en una ocasión a Joseph Fontana, pero aconsejo consultar en Internet la trayectoria de uno y otro para darse cuenta del disparate cometido. Y no es el único, por cierto. En un marco dominado por la endogamia y la introversión curricular, los casos de rechazo al de fuera han estado omnipresentes en la Universidad española desde hace mucho tiempo, aunque paradójicamente se han agravado a raíz de la Ley de Reforma Universitaria de 1983, sin que apenas se hayan tomado medidas para evitar sus efectos más negativos y pese a que no son pocos los rectores que, una vez fuera del cargo, se lamentan de que eso haya sucedido.


Una de las experiencias más lamentables en este sentido fue la vivida por Emilio Lledó, el gran pensador y miembro de la Academia de la Lengua. Siendo catedrático de Filosofía de la UNED concursó a una plaza del mismo rango en la Complutense de Madrid. Sus méritos eran apabullantes... pero no lo consiguió. Fue desestimado, no sin antes conocer la afirmación de uno de los miembros de la Comisión encargada de resolver el concurso: “ la plaza será para Fulano (el de la casa), y la conseguirá aunque se presentara el mismo Hegel”. No es lo que siempre ha ocurrido, pero ha ocurrido en varias ocasiones.

He recibido el documento que recoge una carta de apoyo a los Dres. Fontana y Nadal. La incluyo aquí para dar cuenta de la respuesta que una medida tan arbitraria exige.


24 de febrero de 2011

De nuevo, el Mediterráneo

Las maravillosas costas del Mediterráneo. He aquí un sector de la de Grecia


De Ampurias a Gaza, de Marsella a Alejandría, de Tobruk a Génova, de Algeciras a Estambul (¿cómo no recordar en esta ocasión la, para muchos y para mí, mejor canción de Joan Manuel Serrat?)... infinidad de puntos de referencia, de lugares sonoros en la memoria colectiva del mundo, emergen en la mente cuando se trata de enlazar, en una trama de posibilidades trasiegos infinitos, los archiconocidos límites del mundo mediterráneo. Soy de la tierra adentro, pero pocos recuerdos tan gratos como los que me trae la evocación de ese mar de perfiles sinuosos y nítidos a la par, que tantos matices aporta a quien lo divisa desde cualquiera de sus orillas para, enriquecido con la variedad de horizontes, llegar a la conclusión de que todos forman parte de un mismo espacio: del inmenso y a la vez recoleto escenario donde la Historia no ha cesado de transformarse a medida que lo hacían la cultura, la economía y sus sociedades. El Mare Nostrum nunca ha perdido actualidad, siempre se ha mostrado como un ámbito alerta y vigilante porque cuanto sucedía en sus orillas ha marcado con letras imperecedoras algunas de las páginas más sorprendentes de la trayectoria de las civilizaciones. Somos deudores del Mediterráneo, de cuanto nos ha ofrecido y de cuanto nos ha hecho vivir, en medio de un panorama repleto de conflictos, de tensiones, de confrontación, pero también de sensibilidades de las que jamás podremos desprendernos.



Sin embargo, pese a la historia compartida y a las experiencias que unen al amparo de las movilidades trabadas - precisamente porque la sensación de pertenencia a un espacio común induce a ello - el Mediterráneo constituye también la expresión de una fractura que no ha cesado de agravarse a través del tiempo hasta hacerse, hoy, insondable. Las dos orillas se miran entre sí pero no lo hacen con la misma sensación de interdependencia y voluntad de comprensión y encuentro. El Norte ha contemplado el Sur con otra perspectiva, tradicionalmente protagonizada por Francia que ha asumido altivamente la dirección del modelo de relaciones que unen a la Europa desarrollada con el Norte de África. Todos los demás países han ido a la zaga del compás marcado por el país de la “grandeur”, el país en cuya plaza más emblemática - la de La Concorde, de París - , se yergue el otro obelisco de Luxor y que impone las reglas de control y supervisión hacia los territorios del Magreb, que considera bajo su protección, a modo de gran patio trasero. De nada sirvió la Conferencia de Barcelona (1995) (y la Asociación Euromediterránea derivada de ella), que en la capital catalana trató de sentar las bases de un nuevo modelo de relaciones y de convivencia basados en algo más que en el tratamiento neocolonial de las cuestiones que justifican la pervivencia de tales vínculos y el sentido que se les otorga. Llegó después la propuesta de la Unión Euromediterránea, propugnada por Francia en defensa de sus intereses, y el puente tan costosamente levantado se vino abajo.


Nunca ha sido el Mediterráneo un espacio definitivamente tranquilizado. La tragedia atroz de Gaza, la inestabilidad del Líbano, la fractura de Chipre, el desmoronamiento de Yugoslavia, la anomalía de Gibraltar... un sinfín de puntos de fricción, de convulsiones sin cuento, que se han sucedido en el tiempo y que aún perviven como demostración fidedigna de las dificultades que impiden fraguar un ámbito de equilibrios, de respetos y de coexistencia normalizado en la diversidad. De nuevo el Mediterráneo demuestra lo mucho que queda por hacer a favor de esta causa justificada. Empezó en Túnez, siguió en Egipto, amenaza Argelia y Marruecos... mientras en Libia ofrece su imagen más dramática y desesperanzada. Para sorpresa de casi todos, las sociedades árabes han demostrado que también ansían ser libres.


Muchos en Bruselas se rasgan las vestiduras por lo que está sucediendo, sin explicarse porqué sucede, mientras los balbuceos incoherentes de Ashton, las simplezas del inefable Barroso o los silencios clamorosos de Von Rompuy revelan su condición de paradigmas de la incompetencia o la necedad en política exterior. Atónitos ante el espectáculo, sólo se oye la voz de la Casa Blanca llamar a las cosas por su nombre. Parece mentira, paisanos de la Europa reconfortada, que, con lo que ha llovido y con la que está cayendo, sigáis sin tener ni puta idea de lo que es el Mediterráneo.

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