9 de mayo de 2010

Julio Valdeón Baruque: su vida y su personalidad recogidas en una obra singular


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Era un proyecto editorial que comenzó a fraguarse a los dos meses de su fallecimiento, ocurrido el 21 de junio de 2009. Ya he hecho referencia a la figura de Julio Valdeón Baruque en este blog, por lo que huelga insistir en aspectos ya señalados, a sabiendas incluso de que muchos de quienes leen estas páginas conocerán ese nombre y la obra que en él se sustenta. Finalmente, ha visto la luz y dado a conocer en un acto multitudinario celebrado el 7 de mayo en la Feria del Libro de Valladolid, acompañado de un extraordinario documento audiovisual realizado por Pedro Sanjuán Blanco. Me ha cabido el honor y la satisfacción de haberla coordinado en compañía de mi viejo amigo Domingo Sánchez Zurro. Su publicación ha corrido a cargo de Ámbito Ediciones, empresa de la que Valdeón fue presidente durante más de veinte años.

La razón de esta obra no es otra que la de dejar constancia de la personalidad de Julio Valdeón contemplada desde la perspectiva de algunas de las personas que mejor le conocieron. Desde la infancia hasta el viaje sin retorno su presencia y su labor han dejado una huella indeleble, que en justicia debe ser reconocida y valorada por quienes en algún momento de su vida se encontraron a su lado y compartieron inquietudes e ilusiones que inevitablemente irían fraguando en vínculos de amistad que en la mayor parte de los casos, y con independencia de la distancia física, han permanecido incólumes al paso de los años.
Cada una de las colaboraciones en ella recogidas – un total de 48 firmas de todos los sectores de la vida española y de Castilla y León - figuran por deseo expreso de sus autores, que accedieron a la invitación que en su día les planteó la Editorial Ámbito, con el fin de aportar aquellas experiencias que perpetuasen en la memoria los vínculos que en un determinado momento les unieron con Julio, y que ahora desean sacar a la luz para que no queden relegados al olvido. Vínculos de amistad, profesionales, de compañeros y de discípulos; vínculos asociados a vivencias del día a día o más circunstanciales; vínculos, en cualquier caso, cimentados en el afecto y en el respeto, y, desde luego, no ajenos a la crítica que emana del digno reconocimiento de lo que significa una auténtica amistad. La misma pluralidad de enfoques y perspectivas de quienes participan en esta obra revela la capacidad de Julio para conciliar en torno a él, por paradójico que parezca, la riqueza y variedad de posiciones que supo vertebrar en su persona a lo largo de la vida.

24 de abril de 2010

El pacto por la Educación en España: un objetivo imposible (en mi opinión)

Instituto de Enseñanza Secundaria Zorrilla. Valladolid


Soy de la opinión de que el Pacto por la Educación que pretende el ministro Gabilondo nunca se va a llevar a término. No hay que discutirle al ministro tesón en el intento, voluntad manifiesta de saldar su mandato con un logro de estas características, pretensión declarada de ir cediendo hasta que las partes encuentren acomodo en el tablero. Pero no lo conseguirá. Ni él ni posiblemente nadie. Ni el PSOE ni el PP, así lo persigan una y otra vez. La Educación en España está condenada a seguir manteniendo una trayectoria marcada por la confrontación política e ideológica, la sucesión de propuestas y modificaciones normativas en función de la alternancia política, el reproche permanente sobre los resultados, insistiendo siempre en la pobreza de los balances obtenidos con independencia de que pueda haber indicadores que los matizan en sentido positivo. Da igual. La Educación es un arma arrojadiza, presta a toda clase de manipulaciones, abierta a las demagogias insistentes y al uso indebido de su imagen con fines estrictamente ligados a la lucha política.

Tal es la inercia acumulada en este sentido, tal la tensión soterrada o explícita, que no parece fácil modificar el rumbo en una dirección convergente, que asuma, como elemento estratégico que es en la formación de los ciudadanos y en la fortaleza de un Estado, la necesidad de aunar esfuerzos y asumir líneas de actuación coherentes y con visión a largo plazo, que eviten las discontinuidades de que ha adolecido el sistema educativo en España y que no parecen fácilmente subsanables.

Y no lo son por cuatro razones que someto a su consideración. Me limito simplemente a mencionarlas, con la intención de desarrollarlas posteriormente. Pero basta con el enunciado para indicar dónde surgen, a mi juicio, los obstáculos que entorpecen tan encomiable como utópico propósito

Uno. Hace tiempo que España es un país donde la confrontación política prima sobre el acuerdo. Salvo en cuestiones que interesan a los grandes grupos y que lleva a situaciones rayanas en el inmovilismo (Ley Electoral, nombramientos de los órganos superiores de la justicia, reparto de las áreas de influencia en otras figuras de la administración, inoperancia del Senado…) se tiende a desestimar, con justificación que a menudo causan sonrojo, la aceptación del ofrecimiento del otro ante el riesgo de capitalización política ajena que no se desea en modo alguno respaldar.

Dos. El sistema educativo acusa seriamente la fragmentación que deriva no tanto del modelo autonómico en sí como del uso sesgado, y ya crónico, que con frecuencia las Comunidades Autónomas han hecho de sus competencias educativas en materias muy sensibles como la Historia, la Geografía o la Lengua y la Literatura. Las Humanidades siempre han estado en el punto de mira de la controversia más acerada. La pérdida de visión de conjunto a escala del Estado– perfectamente compatible con el reconocimiento de las respectivas singularidades (el concepto de identidad colectiva siempre lo he cuestionado) – impide establecer puntos de acuerdo que muchos gobiernos autónomos perciben como una reducción de su capacidad de decisión en este tema, al que se aferran sin apenas concesiones. Siendo constitucionalmente un ámbito primordial desde la perspectiva del Estado, del que también forman parte las CCAA, son numerosas las voces reactivas a lo que se entiende como ingerencia inasumible de la Administración Central.

Tres. En la educación española existen, arraigados, fuertes intereses que se resisten a una pérdida de su relevancia, aunque no estén de hecho amenazados. El equilibrio entre la escuela pública y la escuela privada concertada se mantiene asumido mientras ésta conserve el estatus privilegiado que siempre ha tenido y que es insólito en la Unión Europea. Aunque el pacto por la educación garantiza la solidez de sus posiciones, sorprenden los argumentos - hay testimonios realmente exagerados - que alertan sobre el riesgo que un Pacto de estas características les ocasionaría.

Cuatro. ¿Causa o efecto? ¿Es difícil llegar a un Pacto porque falta motivación en el profesorado o esto ocurre debido a la ausencia de un acuerdo que acredite la función decente y mejore el status del profesorado? En cualquier caso, es evidente que sin la implicación del profesorado, sin el reconocimiento de lo que significa la labor educativa, sin un respaldo efectivo a la capacidad de iniciativa e integradora de la enseñanza y de quienes la ejercen, las expectativas de un Pacto como el que se pretende no pasará de ser un conjunto de buenas intenciones.



Efectivamente, el Pacto pretendido ha acabado como se preveía: frustrado. No habia que ser adivino ni tener dotes premonitarias para saber que iba a ser así. Cosas de la política española, digna de mejor suerte. Lamento haber acertado en el pronóstico, pero, a la vista del percal, no habia otro.

17 de abril de 2010

Mensajes en la calle (26) : la persona como recurso


De tanto oír la expresión ya nos hemos familiarizado con ella. Nos parece normal, lógica, asumible y de fácil recuerdo pues forma parte de todos los organigramas de las empresas, de las administraciones, de las universidades. Sin duda su arraigo y generalización obedece a que en una expresión tan concisa queda resumida con precisión el objetivo de que se trata: entender la gestión de personal como tarea sujeta a la lógica productiva inherente a la condición de “recurso”.


Pues, ¿qué es un recurso? La Real Academia Española lo aclara inequívocamente en su primera acepción - “procedimiento o medio del que se dispone para satisfacer una necesidad, llevar a cabo una tarea y conseguir algo” – o cuando, en la tercera, se limita simplemente a identificar el término con la noción de “bienes, medios o riqueza”. En cualquier caso, no aparece en su denominación académica la referencia a ninguna connotación asociada a la persona o al ser humano. Pero se ha impuesto con la fuerza con que lo hacen las palabras utilizadas con reiteración de modo que ya no hay quien la cambie. Basta con referirse a ella para saber que es el concepto rector de la estrategia aplicada al trabajo y a quienes lo administran y ejercen en el seno de una organización.


¿Correcto o incorrecto? Habituado a él, no me decanto por una descalificación rotunda del concepto, aunque me alarman sus perfiles deshumanizados. Es el signo de los tiempos. Tiempos en los que el trabajo se ha degradado sobremanera, poniendo en revisión conquistas sociales que se creian irreversibles, y en función de lo cual cobra pleno sentido la consideración de la persona como un “recurso” que hay que gestionar aplicando las técnicas del “management”, otra palabra que se ha impuesto con fuerza en el panorama de la terminología que todo lo justifica. Pretendidamente aséptica, encierra un mensaje que no lo es tanto.


Realicé la fotografía paseando por Burgos el 16 de Mayo de 2009. Estaba en el Barrio de las Fuentecillas. No creo que continúe ya pues figuraba en la valla de una obra. Conviene ir vigilante por la calle. Cuando menos se lo espera, aparece el mensaje de alguien que utiliza la pared para decir algo que invita a la reflexión.

10 de abril de 2010

Almadén



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Pocas experiencias viajeras me han impactado tanto como ésta. Hacía tiempo que deseaba visitar la villa de Almadén, situada al suroeste de la provincia de Ciudad Real, aunque su paisaje la identifica más bien con las superficies erguidas y accidentadas que poco a poco dan acceso a la Sierra Morena en su vertiente cordobesa. Si viajan a Almadén, háganlo desde Puertollano a través del Valle de Alcudia. Es un paisaje espectacular, grandioso, algo deforestado en ocasiones, representativo de las grandes fincas de la región, áreas de caza, ganado y solaz. Impera el silencio mientras deslumbra la magnitud de sus horizontes. Tierras labradas en materiales antiguos, procedentes de los episodios geológicos más remotos de la Tierra, su evolución en el tiempo ha dado origen a intensos procesos de mineralización que justifican la dilatada y abundante actividad minera de la zona.

El caso de Almadén es excepcional, como seguramente saben. Mas conviene conocerlo de cerca para darse cuenta de lo que representa un espacio minero asentado sobre la personalidad de haber sido desde la Antigüedad el lugar de producción de la mayor parte de la producción de cinabrio del planeta. Ello le convierte en un testimonio fidedigno de la Historia económica de España y, en cierto modo también, del mundo en la medida en que del mercurio obtenido en Almadén dependía la obtención de los metales preciosos – plata y oro – que durante siglos inundaron el comercio a partir de las riquezas extraídas del continente americano.

De su importancia histórica deriva su interés actual y, sobre todo, la utilidad y conveniencia de su conocimiento, que sinceramente les aconsejo. Y es que la visita a Almadén nos sitúa ante un escenario que impresiona y sobrecoge, ya que pone ante la mirada del viajero la realidad de lo que significa, sin paliativos, la actividad minera. Adentrarse en esa historia implica tomar contacto con todo lo que ese trabajo ha supuesto para las gentes que se dedicaban a él, mientras consumían sus vidas frente a la roca implacable. Es un monumento al esfuerzo humano, al sacrificio, a las privaciones, a la lucha por la supervivencia, al riesgo permanente. Clausurada la producción de cinabrio en 2001, en la actualidad los rastros de lo que aquello fue se ofrecen a través de una iniciativa de recuperación patrimonial abierta al conocimiento de la sociedad. No entraré en detalles, pues están bien recogidos en las referencias virtuales sobre el Parque Minero, cuidadosamente diseñado y a cargo de profesionales de calidad. Todo en Almadén funciona hoy en un clima de hospitalidad y reconocimiento al viajero que no resulta habitual. Mi mujer y yo lo hemos comprobado en un sinfín de detalles y manifestaciones.




Sí diré que cuando se recorre la ciudad, cuando se visita el Hospital de San Rafael, cuando uno contempla lo que queda de la Cárcel de Forzados (ignominiosamente destruida durante el franquismo, que utilizó presos políticos para trabajar en las minas), cuando entra en las galerías y observa el intrincado laberinto construido con un esfuerzo inimaginable, cuando se imagina las condiciones de trabajo en contacto con un material de altísima toxicidad, cuando todo eso se asimila e interpreta… no es difícil valorar lo que ha significado el trabajo humano a lo largo de la historia mientras evoca a esos héroes anónimos que dieron lo mejor de sus vidas para recibir poco, o nada, a cambio.





En fin, cuando visité hace unos días las minas de Almadén, y tras seguir por la prensa el escandaloso panorama de indecencia, vulgaridad y afán de lucro desmedido en que aparece sumida una parte sustancial de la política española, me vino a la mente la sugerencia de hasta qué punto no sería conveniente que quienes ejercen, o dicen ejercer, de esa forma el oficio de la representación ciudadana se diesen una vuelta por esa ciudad y contemplasen su historia, en la seguridad de que llegarían a conclusiones muy alejadas de lo que son sus pautas de comportamiento y que nada tienen que ver con el servicio público.
Y es que, en cualquier caso, la historia de Almadén es una lección, repleta de mensajes,  que no se olvida.


4 de abril de 2010

Siempre ha habido en el imaginario colectivo un pueblo malvado. El deterioro de la imagen del pueblo árabe en la cinematografía



¡Qué fácil resulta modelar la opinión pública en contra de la imagen de un pueblo al que se quiere deliberadamente denostar! No importa que sus miembros sean diferentes, que los matices entre quienes lo componen sean más que significativos, que las realidades sociales y culturales que en él se dan ofrezcan contrastes evidentes. Cuando el punto de mira se centra interesadamente en la elaboración de una imagen estereotipada de una comunidad, todo vale con tal de simplificar sus perfiles y suscitar de manera nstintiva, sin más complicaciones, el rechazo pretendido. Por este trance han pasado los indios americanos, los judíos, los rusos, los japoneses, cada cual en su momento histórico, cuando convenía a los intereses de los que basaban su fuerza en la humillación y caricaturización del adversario. Es una técnica tan vieja como repugnante, tan manida como miserable.

Ahora ha llegado el momento de colocar a los árabes en la diana de la deshumanización. Ya lo advirtió poco antes de su muerte el gran intelectual palestino Edward Said al señalar que la justificación de los conflictos no puede entenderse sin la banalización y descrédito implacable del adversario, lo que, por otra parte, no es nada difícil cuando se controlan los medios de comunicación y los grandes instrumentos al servicio de la manipulación de la imagen. Construir una imagen estereotipada, subjetiva y tergiversada de personas a las que combatir contribuye a ofrecer soporte a las agresiones políticas, económicas y militares.

Un proceso en el que la responsabilidad del cine es crucial, ya que su impacto en la mentalidad de los espectadores es fulminante, cala sin reacción en los ánimos de la gente, orienta la mentalidad en el sentido que se desea y provoca la creación de referencias simplificadoras y sesgadas que luego es muy difícil eliminar de la percepción que se acaba teniendo de un pueblo en el que, al fin, todos sus miembros son juzgados con el mismo rasero.

En esta tarea Hollywood se erige como una fábrica de manipulación extraordinariamente avezada y eficaz. Basta seguir los ciclos de la filmografia para darse cuenta de hasta qué punto las percepciones de los pueblos diferentes se han ido modelando al compás de lo que en cada momento convenía al pensamiento y a los intereses dominantes. La dicotomía entre los buenos y los malos siempre ha estado omnipresente, ofreciendo una imagen maniquea que insensiblemente ha llevado a optar por los primeros – los mismos de siempre – frente a los otros, donde se concentraba la quintaesencia del mal.

De un tiempo a esta parte, la comunidad árabe es objeto de todas las maquinaciones para que la simple presencia de uno de ellos suscite el rechazo, da igual de donde sea, pero si además es pobre el menosprecio está garantizado. Con rigor y meticulosidad lo ha demostrado Jack Shaheen, Profesor de Comunicación de la Southern Illinois University en un libro - Reel Bad Arabs: How Hollywood Vilifies a People - en el que el autor y su equipo analizan más de 900 producciones cinematográficas y del que se hizo después un documental. Sus conclusiones constituyen una valiosa aportación al conocimiento de la representación mediática de los árabes. Sus conclusiones son llamativas. De las 900 películas analizadas, 12 presentan personajes de origen árabe con rasgos positivos; 50 proyectan ofrecen una imagen más o menos neutral mientras del resto, 838, se deducen representaciones distorsionadas que fuerzan a una imagen totalmente negativa. En concreto, esta visión que suscita el rechazo la asocia el autor a cuatro modalidades de presentación de los personajes. Cito textualmente:
  • “Una combinación de violencia y estupidez: Estos personajes se presentan como agresivos pero ineptos, de un modo que busca la risa fácil y la burla del espectador. Van desde el beduino asaltador de caminos hasta el “terrorista” armado hasta los dientes

  • Hipersexualización: Los árabes están irremediablemente obsesionados con el sexo y en particular con el prototipo de mujer occidental. A menudo esta obsesión les lleva a ofrecer camellos, joyas o formar parte de su harén a las mujeres que pretenden conquistar.

  • Sumisión e hipersexualización de las mujeres: La mujer árabe se presenta como una figura sensual y servicial, sometida al capricho del hombre.

  • Falta de coherencia con el resto del argumento: En la mayoría de las películas analizadas, la introducción del personaje árabe es forzada, como un elemento exótico infalible en provocar la risa. No es una presencia justificada en la mayoría de los guiones”.





26 de marzo de 2010

Algo falla cuando el insulto y la agresión prevalecen sobre el diálogo



Carlos Berzosa Alonso-Martínez es un economista prestigioso, que ha realizado a lo largo de su vida profesional interesantísimas aportaciones sobre la Economía internacional, entre ellas un excelente estudio sobre el subdesarrollo en colaboración con ese ejemplo de honestidad personal e intelectual que es José Luis Sampedro, maestro de lo mejorcito de la economía internacional investigada en España, novelista de éxito y provecto personaje que suscita tanta admiración como reconocimiento.

Berzosa consiguió, al fin, tras un segundo intento, ser elegido Rector de la Universidad Complutense de Madrid, la de mayor tamaño en profesores, alumnos y presupuesto de España, poniendo término a una etapa sombría de la Complutense que bajo el mandato del inepto Gustavo Villapalos y quien le sucedió se caracterizó por la mala gestión, el sectarismo y la mediocridad. No es, desde luego, una Universidad cómoda pero no cabe duda que Berzosa ha hecho ingentes esfuerzos por recuperar su prestigio, acreditarla en el mundo, sanearla financieramente y desarrollar en ella un ambiente de diálogo, de comunicación y de transparencia que resulta admirable o, por lo menos, digno de consideración.

La grave afrenta sufrida el dia 24 de Marzo de 2010 no puede ser minimizada.

¿Qué ha pasado para que a un hombre así se le insulte, se le zarandee, se le escupa en uno de los actos de vandalismo universitario más lamentables de cuantos han sucedido en España en los últimos años? ¿qué reflexiones, qué argumentos pueden aflorar en la mente de unos jóvenes aparentemente bien formados, pretendidamente cultos, en su mayoría quizá inteligentes para que de pronto se lancen en tromba, como una feroz marabunta contra el Rector elegido, un hombre ya sexagenario, y le humillen hasta el extremo de tener que refugiarse como si de un delincuente se tratara?

Jamás podrá haber excusas para que ese tipo de salvajadas sucedan. Parece ser que el motivo es el intento de evitar la segregación por sexos en los Colegios Mayores de la Complutense, haciéndolos mixtos, sintonizando así con una tendencia mayoritaria en ese tipo de Centros y que además responde al cumplimiento de los principios de igualdad de género tan preconizados en nuestra sociedad y en las leyes. Más allá de la relevancia mayor o menor de la causa, el mero hecho de que ocurra una cosa así pone en evidencia que algo grave está ocurriendo en la realidad social y cultural española.

Me resisto a hacer diagnósticos o a presumir motivaciones que sólo un riguroso análisis sociológico podría desentrañar. Pero la simple percepción de que este tipo de agresiones puedan suceder en un entorno donde existen numerosos espacios para el diálogo, el debate, la confrontación de ideas y la búsqueda de consensos lleva a la conclusión de que algo se está haciendo mal para que, ante la simple presencia de la persona que representa una idea o defiende una postura sin agredir a nadie (y no me refiero solo a Berzosa sino a los políticos que, invitados a intervenir en la Universidad, son abucheados hasta impedirles hablar), el ambiente donde debiera prevalecer el respeto a la diferencia se convierta en una turbamulta enfurecida, que sólo sabe del insulto, la amenaza o la embestida más miserable.


16 de marzo de 2010

¿Hay que votar la Constitución cada treinta años?


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Acabo de conocer un argumento político que me ha sorprendido. Lo plantea un periodista llamado Manuel Rico en la edición de Público del domingo 14 de marzo de 2010, en su página 4. Lo titula "Ya somos 30.956.113", es decir, el número de españoles que no han votado la Constitución que se aprobó en referéndum en 1978, bien porque no habían nacido o no tenían aún los 18 años que les permitían acudir a los urnas. Son mayoría numérica en la población española por una razón tan obvia e inexorable como es el simple paso del tiempo. Desde entonces España, como la mayor parte de los paises del mundo, ha cambiado y nosotros con ella.

Ese es el argumento que utiliza el periodista para afirmar que, puesto que actualmente son mayoría los ciudadanos que no aprobaron la Constitución - que, por cierto es la más duradera de cuantas han existido en la Historia de España y la que mayor estabilidad ha procurado a un pais de pasado político tan convulso – procede someterla de nuevo a referéndum, ya que es razonable que ese número de ciudadanos no se sientan identificados o simplemente a gusto con el modelo de convivencia y organización política que aquella Constitución estableció. ¿Cómo, se pregunta, esos españoles pueden apoyar a la monarquía si no la votaron? o, abundando más en la idea, insiste: ¿alguien en su sano juicio piensa de verdad que una monarquía de pensionistas (sic) mantendrá un atisbo de legitimidad? ¡ Pobres pensionistas, encima esto! Si es que no ganan para disgustos y recriminaciones.

Se puede estar de acuerdo o no con la monarquia, considerar que adolece de falta de transparencia o de defectos reprochables; también es respetable la disconformidad con los derechos u otras cuestiones procedimentales reconocidos en el Texto o con su controvertido Titulo VIII, que estructura el modelo autonómico, pero lo que resulta sorprendente es el argumento de fondo, que cualquier historiador, constitucionalista o simple ciudadano con sentido común consideraría un disparate. ¿Alguien se imagina que en Estados Unidos, cuya Constitución data de 1787, o en Francia, que se ordena por la de 1958, se considerara ilegítima la forma del Estado porque los que hoy viven en esos países no la hayan votado? ¿Qué estabilidad podría tener un Estado si su ordenamiento jurídico básico dependiera de la evolución generacional? Plantear así las cosas en España no es tanto una temeridad como un absurdo y un error producto de la ignorancia histórica.
La Constitución española prevé mecanismos de modificación y reforma, que dependen de la voluntad política del Gobierno y, en última instancia del Parlamento. Es un sistema organizado y que, con todos sus defectos, funciona y ha hecho posible, como dije antes, el periodo de mayor estabilidad que España ha tenido en los dos últimos siglos. Tomar como pretexto la impopularidad de la monarquía para desautorizar la legitimidad del texto constitucional es, en mi opinión, una “boutade” peligrosamente demagógica. De todos modos, someto el tema a su consideración.

(No he conseguido el enlace con el artículo de marras. Pueden leerlo en la edición en pdf de dicho diario http://www.publico.es)

14 de marzo de 2010

Atención y desatención hacia el discurso político



A la hora de la verdad, sus palabras no suscitan la atención que debieran o que ellos desearían merecer. Son importantes, tienen poder, sus decisiones cuentan, pero, cuando hablan o escriben, las gentes miran para otro lado o pasan página. Me refiero a la voz y a la letra de los políticos, a sus mensajes, artículos y entrevistas. O, al menos, de una parte muy significativa. Los que hacen la prensa y manejan los medios se desviven por tenerlos entre sus conquistas. Cualquier primicia, cualquier comentario que salga de su voz cotiza caro y no hay tiempo que sobre cuando de recogerlos y transmitirlos se trata. Son las estrellas de las ruedas de prensa.

Cuántas veces - lo he vivido personalmente - en mesas redondas o debates varios compartidos con políticos alzados en la misma tarima, el ninguneo de que éramos víctimas los que estábamos allí sin más representación que la nuestra contrastaba con la preferencia y el sesgo privilegiado de que gozaban los que se batían el cobre bajo las siglas de un partido y sobre todo cuando alguna cuota de poder ostentaban. No importa el rango: concejal, alcalde, consejero autonómico, director general…. lo que fuera. Bastaba el pedigrí que da el poder para polarizar miradas, atención, micrófonos, libreta, grabadora, cámara…. El mundo mediático a sus pies.

Y, sin embargo, comprobaciones demoscópicas, registros de audiencia en radio y televisión, referencias de consulta en las ediciones digitales y comentarios en la prensa ponen en evidencia que el discurso de quienes ejercen la política es atendido de forma parcial, a ratos, cuando no se sume en la más absoluta indiferencia. Pocas veces las reflexiones de un político en los medios dan lugar a cartas al director, argumentos complementarios o puntualizaciones con sentido crítico. Cuando el texto va firmado por el dirigente de un partido, los registros de consulta en Internet son excepcionales. Da la impresión de que nada de lo que digan va a merecer la pena. Carlos Boyero escribía ayer que cuando oye hablar a Esperanza Aguirre o José Blanco siente un malestar especial e interrumpe de inmediato la audiencia. Sólo cuando las declaraciones están deliberadamente adobadas con sal gruesa o son provocativas – “habilidad” en la que José María Aznar ha decidido ser experto – la réplica está asegurada, aunque el interés sea flor de un día y pronto se sustituya, hasta la próxima, por el olvido, pues la incidencia de ese tipo de mensajes dura lo que el agua en una cesta. Una vez oí decir a Francisco Urmbral que las palabras de los políticos son como los anuncios de las carreteras: los ves, no te enteras muy bien de lo que dicen, los ignoras y ya no te vuelves a acordar de ellos.

No creo que eso sea bueno, pero ocurre. ¿Y porqué ocurre? ¿Por la desafección hacia los políticos de la que tanto se habla? ¿Por el desengaño? ¿Porque no se considera un discurso autónomo, que permita vislumbrar que hay algo más allá de lo que ya se sabe de antemano? ¿Porque los rostros están ya demasiado vistos y se reproducen en exceso? Quién lo sabe, mas lo cierto es que, cuando el ciudadano vuelve la espalda a la política y a las reflexiones de quienes la ejercen, el concepto de ciudadanía y de responsabilidad pública se debilita sobremanera. Aunque la culpa no creo que sea del ciudadano.

13 de marzo de 2010

En el dia de la despedida a Miguel Delibes


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In Memoriam

A Germán, a Elisa, a sus familias. Con un fuerte abrazo


Valladolid no ha dormido,
ha permanecido en duelo.
Es que Miguel ya se ha ido,
ha emprendido ya su vuelo.
No se dará por vencido,
rechazará el desconsuelo.
Le bastará ver el nido
donde anidan sus anhelos.
La muerte quita la vida,
provoca una gran herida
que nos lleva a la tristeza.
Mas la fuerza y el talento
son las pruebas de grandeza
que jamás se lleva el viento.

12 de marzo de 2010

Los campos de Castilla se visten de luto

MIGUEL DELIBES SETIÉN (1920-2010)

Nunca volveremos a ver su figura erguida, inconfundible, con la mirada siempre alerta, con la sonrisa complaciente y la afabilidad en el rostro, paseando a buen ritmo por las calles de Valladolid. Plaza Mayor, Santiago, Acera de Recoletos, Campo Grande, calle de Gamazo…el rito de todos los dias, hiciese frio o calor. Tampoco le oiremos hablar del Moñigo, del Sr. Cayo, del Bajo, de Mario, de Azarías, de Quirce, de las heladas tardías que sofocan los trigos de esta tierra tan dura como acogedora.

Los campos de Castilla se sentirán huérfanos e incluso las perdices, ahora que empiezan a despuntar, le echarán de menos porque sólo él sabía hablarlas como es debido. En los Montes de Torozos, en los cañones del Rudrón, en las hoces del Ebro, en los páramos de Masa, en los altos de Sedano, que tanto quería, las encinas y las retamas entonarán, al arrullo del viento, esa canción de primavera tan entrañable, aunque pronto en estos lugares se hará el silencio respetuoso que impone una añoranza imperecedera, la sensación de la ausencia incomprendida. Era tranquilo, cordial, pitillo hecho a mano, cuidadoso al extremo con las palabras, muy educado, con esa fina y sutil ironía que aportan la cultura, la sensibilidad y el sentido del humor. Como yo le conocí por primera vez, hace muchos años, paseando junto al lago del Campo Grande vallisoletano. Nada le resultaba indiferente, salvo la vanidad y la intransigencia.

Era de Castilla, de la Castilla que brinda sus colores, sus sonidos, sus mensajes a un mundo que a veces se le escapa. Siempre quiso permanecer leal a Valladolid, aunque los señuelos de fuera querían atraerle a entornos ruidosos que jamás hubiera entendido. No era hombre de pompa y circunstancia. Se sentía a gusto en los talleres de El Norte de Castilla, leyendo el diario, recorriendo las calles sin bullicio, aprendiendo de los demás, a los que enseñó sin parar. Era maestro del lenguaje y vigilante preciso de cuanto a su alrededor sucedía. Defendió la libertad y durante toda la vida fue fiel a sí mismo.



Miguel Delibes Setién, el hombre de los amplios horizontes, el cronista de los personajes humildes, el cantor del paisaje omnipresente, ha fallecido en Valladolid cuando marzo terciaba. Pronto vendrá la primavera, momento mágico que aprovecharán los surcos de Castilla para ofrecerle al unísono el homenaje que tan bien sabrán orquestar los árboles, el cereal y la amapola.

6 de marzo de 2010

El concepto de Bien de Interés Cultural es algo muy serio para utilizarlo indebida y provocativamente

La Alhambra de Granada, esto sí es un Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad

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Cuando en 1985 se aprobó la Ley del Patrimonio Histórico Español (BOE de 29 de junio de 1985) parecían estar claros los límites, características y requisitos de lo que debe entenderse como tal. Eran tiempos de racionalidad en la interpretación de las leyes y de consenso a la hora de asumir compromisos que otorgaran a las decisiones la seguridad jurídica necesaria.

Según ese texto aparecía bien delimitada la identificación de Patrimonio Histórico, en el que quedaban comprendidos “los inmuebles y objetos muebles de interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o técnico. También forman parte del mismo - se decía también- el patrimonio documental y bibliográfico, los yacimientos y zonas arqueológicas, así como los sitios naturales, jardines y parques que tengan valor artístico, histórico o antropológico”.

Sólo esas categorías y elementos pueden ser declarados Bienes de Interés Cultural (BIC), de acuerdo con el procedimiento previsto, tanto por parte de la Administración central como de las Comunidades Autónomas, en virtud de sus competencias. Todos los Bienes son materiales, tangibles, ya sean muebles o inmuebles, sujetos a inventario. No corresponde, por tanto, utilizar este concepto para la categoría denominada como “Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI)”, cuya identificación como tal corresponde a la UNESCO, de acuerdo con la tipología y los criterios establecidos al efecto.

Si es bien cierto que entre ellos se contempla la protección de elementos culturales asociados a tradiciones susceptibles de merecer un reconocimiento universal, resulta improcedente hacer uso de ella para respaldar con este rango determinadas tradiciones locales, festividades esporádicas, más o menos solemnes, amén de los jolgorios y juergas de toda laya o las genialidades que se difunden como grandes logros y que no lo son tanto. Para esas situaciones o experiencias, que abundan por doquier y que se arrogan de la tradición más enraizada, existe otro tipo de marchamos y calificaciones (fiesta de interés turístico, por ejemplo, muy utilizadas en España, como ocurre, entre otros casos, con las Fallas de Valencia, los Sanfermines de Pamplona o la Semana Santa de Zamora, reconocidas con el rango de Fiestas de Interés Turístico Nacional, aunque jamás a nadie se le haya ocurrido considerarlas un BIC).

Y es que no está de más un poco de sentido común. Tratar de meter en el mismo saco la Alhambra de Granada, el Acueducto de Segovia o las Catedrales de Burgos y Toledo con las corridas de toros, la tomatina de Buñol, el Toro de la Vega de Tordesillas, el "colacho" de Castrillo de Murcia, el sokamuturra de Bergara o los "carrebous" del sur de Catalunya, por citar algunas actividades que se me ocurren sobre la marcha, pues las hay a cientos, es sencillamente un disparate, una provocación y un insulto al concepto de patrimonio histórico-artístico y cultural, utilizado con fines espurios. Esas manifestaciones, populares o populacheras, son meras festividades, son otra cosa que no entraré a valorar, pero no algo patrimonializable culturalmente por una comunidad seria, exigente y en términos homologados con lo que existe en el mundo. En el colmo del desvarío, los que promueven que la lidia taurina sea Bien de Interés Cultural lo hacen también con la mirada puesta en que sea asumida como algo a proteger por la UNESCO.

Conviene saber que en el mundo están reconocidos hasta la fecha 257  elementos culturales como Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO. Diez de ellos en España: El Misterio de Elche (2008), la Patum de Berga (2008), el silbo gomero (2009), los Tribunales de Regantes del Mediterráneo (2009), el canto de la Sibila de Mallorca, el flamenco, los castells de Tarragona, la dieta mediterránea (2010), la Fiesta de la Virgen de la Salud de Algemesí (Valencia) (2011) y los patios cordobeses (2013). En ningún país figuran como PCI espectáculos con animales, y menos aún maltratados. Sería una aberración.  

4 de marzo de 2010

“Salvemos el Espolón”: cuando los centros históricos quedan abandonados a su suerte


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Cuando los lugares que en algún momento han sido claves en nuestra vida aparecen sumidos en el abandono y la indiferencia, una sensación de nostalgia y frustración se apodera de nosotros. Todos tenemos referencias espaciales que nos resultan tan entrañables, tan próximas, que nunca desaparecerán de la memoria. Por eso, cuando ocasionalmente volvemos a esos espacios, se agolpan en el recuerdo, sin poderlo evitar, experiencias, hechos y situaciones de las que nos sorprendemos que pervivan con tanta frescura y nitidez. Y, aunque las circunstancias de la vida nos hayan encaminado por otros derroteros y hacia otros escenarios, no es extraño que, cuando queremos evocar algo apetecible, el pensamiento nos remita inexorablemente a los lugares donde fraguamos etapas esenciales de la vida. Lugares de la juventud, espacios para el encuentro y el despertar de aquellas emociones que nos llevaron a despertar ante el mundo que nos rodeaba.

Hace tiempo que el Paseo del Espolón de Burgos ha dejado de ser lo que era; manifestación desoladora de un declive anunciado, casi nadie lo frecuenta, el comercio se marchó hace mucho, y no pocos de los edificios, de impresionante factura modernista, que lo flanquean, están en franca decadencia. Una decadencia que no deja de agravarse con el tiempo. Es, sin embargo, uno de los boulevares más emblemáticos de las ciudades españolas, de esos paseos arbolados, de reminiscencias urbanísticas francesas, construidos a finales del siglo XVIII para embellecer las ciudades y establecer ese necesario contrapunto de espacio de ocio adosado a la ciudad medieval. Quienes lo conozcan sabrán de qué estoy hablando.

Paseo de Marceliano Santamaría. Al fondo, el Teatro Principal

No es muy largo, pero su perspectiva, contemplada de un extremo a otro le confiere empaque, amplitud y una placidez gratificante, amparada en los árboles de amplias copas que lo delimitan, uniendo sus ramas en una bóveda tupida de ramaje que en el verano estalla de verdor y crea una de las sensaciones más satisfactorias entre los espacios públicos de esa bella ciudad castellana. Gentes de Madrid, del Pais Vasco, de Catalunya, de Andalucía, de Murcia… lo sabían bien cuando acudían a veranear a Burgos, “donde al frío lo llaman fresco” y donde, al reclamo del Espolón, lograban aliviar la canícula de la que huían para solazarse cabe el Arlanzón. Allí transcurrieron mi adolescencia y juventud, kilómetros de paseo marcaron mis andares de ida y vuelta, una y otra vez, hasta la fatiga, aunque no recuerdo haberme cansado nunca. En fin, no podría entender episodios claves de aquella época, ya lejana, sin traer a colación las conversaciones, los saludos, los flirteos, las esperanzas, todos ellos cobijados bajo la sombra de los “plataneros” del Espolón, con el templete de la música como punto de encuentro y confidente discreto de expectativas imprevisibles.





Acabo de visitar Burgos, fugazmente como suelo hacer desde hace años, y he vuelto a recorrer en solitario y despacio aquel paseo que enlaza el Arco de Santa María y el Teatro Principal, y en el que ya nadie se detiene. De pronto me he topado con una campaña ciudadana que, al grito de “Salvemos el Espolón” ha elaborado un Manifiesto “para terminar con esa imagen de abandono que crece año tras año y para que el Espolón recupere su antiguo su esplendor”. El Manifiesto se dirige a las autoridades locales “para que extremen la protección y el cuidado del Paseo”. Sinceramente deseo que lo consigan, ojalá, pero quizá esta campaña se haya planteado tarde, excesivamente tarde, cuando el olvido ha hecho mella profunda en buena parte de la ciudadanía, cuya reacción está por ver. ¿Qué percepción tiene hoy la mayoría de la sociedad burgalesa de lo que este lugar representa?
Es el sino del centro histórico de muchas ciudades, incapaces de rivalizar con el atractivo, aparente, forzado u objetivo, de otros escenarios que han orientado las preferencias de ocio y consumo de la sociedad sin darse cuenta de que, al abandonarlo, relegan también al olvido una parte sustancial de su memoria colectiva.

Notas: las fotografias fueron realizadas en el verano de 2008
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