Por nada del mundo me perdería una exposición de las fotografías que salen de la sensibilidad y la mirada crítica de Ricardo González. Fue alumno mío y ahora me une a él una entrañable amistad, fraguada en la confianza y en las complicidades que suscitan temas y espacios de interés común, en torno a los cuales es posible construir reflexiones sin límites. Recupera entornos olvidados, rescata horizontes que creíamos perdidos, recupera, en fin, los motivos que ayudan a valorar la utilidad inmensa de la fotografía que no envejece. Abre a la sociedad una nueva exposición en el Patio Herreriano. El tema es muy motivador. Ha sido un placer acompañarle en la inauguración. Aprendiendo y tomando nota, a sabiendas de que la conversación estaba servida y habría de ser muy apetecible.















