31 de octubre de 2012
Entre risas, reflexiones divertidas y consejas varias Don Leopoldo Abadía se divierte muchísimo
Estuve oyendo a Don Leopoldo Abadía cuando, invitado por El Norte de Castilla el pasado mes de marzo, vino a Valladolid a impartir una conferencia sobre el tema "Los sensatos en tiempos de crisis". Casi nada. En medio del desconcierto que, entonces y ahora, estábamos viviendo en el país, y atraído también, por qué no decirlo, por la resonancia que el personaje había alcanzado en el panorama mediático, pensé que tal vez fuese interesante asistir a una intervención en la que, al fin, se preconizaba con seriedad la idea de sensatez. La verdad es que, al terminar la intervención, tenía más dudas que certezas, más desazón que confianza, más banalidad que consistencia. La sesión fue muy divertida, hubo chanzas, bromas, humor lleno de tópicos y pretendidas genialidades. Al final, todos satisfechos y complacidos.
Sin embargo, salí con la sensación de haber perdido el tiempo. Acostumbrado a tomar notas de los actos de este tipo a los que asisto, no me atrajo esa posibilidad teniendo en cuenta el ambiente trivial en el que se enmarcó el acto. El personaje dejó de interesarme e incluso lo había olvidado. Y no lo hubiera prestado más atención de no haber leído casualmente esta entrada en el blog "El Mirador de don Frenando", en la que se hace una valoración precisa, seria y cabal del producto que ese profesional tan mediático como simpático trata de transmitir. Cuidado con la fiebre de exégetas de la crisis que se ha apoderado de la escena editorial española. La recesión no va con sus bolsillos, y, aunque es cierto que hay estudiosos serios, es bueno saber que en monte tan tupido el orégano no es tanto como parece.
21 de octubre de 2012
El legado de Patxi López: una huella imborrable en la historia de Euzkadi y de España
Deseo reivindicar aquí, y con plena convicción, la figura y la obra de Patxi López y de su gobierno en el País Vasco. En mi opinión, no creo que haya habido otro en la historia de esa Comunidad con tanto sentido de la responsabilidad colectiva y de la integración social y cultural a la par que con tanta dignidad en sus comportamientos y
actitudes. Echaremos de menos su lenguaje sensato, ponderado y sincero, sus reflexiones
constructivas, sus advertencias bien pensadas y oportunas, sus ideas en pos de
una Euskadi diferente de lo que ha sido mientras ha estado sojuzgada por la
muerte y la extorsión, con las que tantos han contemporizado y que ahora se
alzan con el salto y la limosna. En su época de gobierno se ha alcanzado la paz. ¡Al fin la paz en Euzkadi ! Que nadie lo olvide o ignore.
Nos costará a muchos no sentir desde los órganos de responsabilidad las
voces de Rodolfo Ares, de Isabel Celáa y de tantos otros y otras que, con educación y
prudencia, han hecho ver la calidad que poseen algunos de los políticos que
enriquecen el debate en ese país tan interesante y hermoso como atormentado. Me
cuesta entender el resultado de esas elecciones que han dado la victoria a un político como Iñigo Urkullu, del que hasta ahora no se ha conocido otro arte que el de la
descalificación desde la arrogancia del que considera al País Vasco como su
patrimonio. Veremos qué nos depara el futuro, ni fácil ni seguramente
confortable para un amplio sector de la sociedad vasca cuando precisamente
López trató de integrar a toda ella, a la que le apoyaba y a la que no, en un
ambicioso proyecto colectivo como jamás se había visto en la tierra de los hijos de Aitor.
Mientras tanto, y recordando la figura del gran lehendakari que ha sido Patxi
López, qué menos que despedirle con un abrazo mientras se le desea la mejor de
las suertes a los compases del Agur, Jaunak.
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18 de octubre de 2012
La Universidad Carlos III de Madrid homenajea a Gregorio Peces-Barba Martínez
No importa la calidad de la foto, muy deficiente como se ve, sino lo que ella testifica como recuerdo del entrañable, emotivo y brillante acto de homenaje celebrado ayer en el Aula Magna de la Universidad Carlos III de Madrid, y al que asistí porque sinceramente creo que Gregorio Peces-Barba se lo merecía. Concurrido y representativo del apoyo ofrecido por un sector relevante de la Universidad, de la política y de la cultura españolas, personalmente lo considero como uno de los encuentros académicos más interesantes y mejor organizados de cuantos he conocido. Cosas muy interesantes se dijeron sobre la historia universitaria, sobre la política, sobre las relaciones interpersonales, sobre las evocaciones compartidas y, especialmente, sobre los Derechos Humanos, sobre lo que dignifica al intelectual crítico que defiende, con su libertad la libertad de los demás y se enfrenta, con las solas armas de su inteligencia, a la intolerancia, al sectarismo y al estigma de quienes lo ven como un adversario sin que él sea consciente de lo que esa animadversión significa.
Fue muy agradable volver a oir a Elias Diaz, a Luis Arroyo, a Eusebio Fernández, a Carmen Barranco, a Antonio Peces Barba, hijo del homenajeado... también lo fue saludar a amigos y conocidos de toda la vida, conocer en persona a otros hasta ahora virtuales, como Esteban Greciet. Y todo ello en ese entorno tan grato que siempre brinda al visitante la Universidad Carlos III, en esta ocasión en su Campus de Getafe, en esa ciudad del Sur de Madrid en la que la implantación de esa Universidad no solo contribuyó al equilibrio territorial del sistema universitario madrileño, como bien se dijo, sino a forjar una estructura de docencia e investigación que la situa entre las más prestigiosas de España y de Europa. Recuerdo a Gregorio la primera vez que lo vi en Valladolid a comienzos de los ochenta, cuando en España comenzaba a despejarse la niebla. Comenzó hablando de los Derechos Humanos. Recordándole, ayer también se habló de eso. Una coherencia inquebrantable.
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14 de octubre de 2012
Dolorosos eufemismos
Jean Plantu, tan expresivo como siempre: "Sin embargo, se le había dicho que debía hacer esfuerzos". Siempre "los hombres de negro"
Sabíamos de la falta de sensibilidad del Fondo Monetario Internacional hacia los problemas que afectan a los ciudadanos que viven de su salario, que no
evaden impuestos, que entienden la política como una acción de servicio público
en pos de la
solidaridad y de la justicia social. Mal se han avenido desde siempre esas
premisas, cumplidas por la mayoría social, con la lógica de un organismo que vampiriza a los Estados, que les
aconseja en contra de sus propios ciudadanos, que hunde en la miseria a quienes
siguen sus dicterios. Basta recordar lo que pasó en la Argentina cuando el
siglo XXI apenas comenzaba. El FMI lo sumió en la ruina, como bien saben
nuestros amigos argentinos. Tenemos elementos de juicio suficientes para saber
lo que representa en la economía mundial ese Fondo perverso que en cierta
ocasión llegó a estar gobernado por el político que, al frente de Bankia, es
uno de los principales corresponsables del desastre financiero español. Y
precisamente porque sabemos bien lo que ha sido y es el FMI causan estupor las
declaraciones de su directora actual calificando de "valientes" las
medidas que adopta el gobierno español para demoler el Estado de bienestar que
se había conseguido fraguar en España desde los años ochenta y que hoy se
desvanece por arte de esa "valentía" que consiste simplemente en
destrozar los mecanismos de solidaridad social mientras se mantienen los
privilegios de la fracción minoritaria, que permanece inmune a los demoledores impactos de
la crisis.
Y comoquiera que los efectos de esa política están ya a la vista, resulta obsceno pensar que los factores que los motivan obedecen estrictamente a las medidas obligadas por la crisis, cuando resulta evidente que son la expresión inequívoca de una postura ideológica destinada al desmantelamiento del modelo de Estado en que se ha cimentado la singularidad europea en el mundo para defender, en su defecto, la lógica de esa mezcla de liberalismo salvaje e intervencionismo selectivo del que no cabe esperar otro resultado que la depauperación irreversible de la mayoría de la sociedad. No es valentía, sino perversión e indecencia, por más que Mme. Lagarde trate de enmascararlo con esas palabras de preocupación por lo que está ocurriendo en España y que, dichas a continuación del respaldo ofrecido hacia las medidas traumáticas, suenan a la más descarada de las hipocresías.
Y comoquiera que los efectos de esa política están ya a la vista, resulta obsceno pensar que los factores que los motivan obedecen estrictamente a las medidas obligadas por la crisis, cuando resulta evidente que son la expresión inequívoca de una postura ideológica destinada al desmantelamiento del modelo de Estado en que se ha cimentado la singularidad europea en el mundo para defender, en su defecto, la lógica de esa mezcla de liberalismo salvaje e intervencionismo selectivo del que no cabe esperar otro resultado que la depauperación irreversible de la mayoría de la sociedad. No es valentía, sino perversión e indecencia, por más que Mme. Lagarde trate de enmascararlo con esas palabras de preocupación por lo que está ocurriendo en España y que, dichas a continuación del respaldo ofrecido hacia las medidas traumáticas, suenan a la más descarada de las hipocresías.
3 de octubre de 2012
Espacios transformados (9): No todo está perdido en El Cabanyal
Aconsejo visitar el barrio de El Cabanyal, al Este de
la ciudad de Valencia, junto al mar. Es el barrio que inspiró a Joaquín Sorolla
alguno de sus cuadros más memorables, aquellos que nos han perpetuado en el
recuerdo el inconfundible color del Mediterráneo y la imagen de las
arduas labores asociadas a la pesca. Hoy es un barrio abandonado a su suerte,
proscrito en las políticas públicas del Ayuntamiento, empeñado en la
eliminación de uno de sus tramos patrimonialmente más valiosos para llevar a
cabo una operación urbanística de envergadura que llevaría consigo la
destrucción de lo que ese barrio ha significado en la historia del urbanismo
valenciano.
El panorama es brutal: la incuria a que se ve sometido por parte del
gobierno municipal contrasta con la espectacularidad y belleza de su patrimonio
arquitectónico, un legado valiosísimo del modernismo cultivado a comienzos del
siglo XX y que se traduce en un inventario admirable de viviendas de dos
alturas, con fachadas estéticamente bien concebidas en las que el empleo de la
cerámica de la tierra y la decoración imaginativa se traduce en un cromatismo
variopinto y hermoso que invita a la mirada y a la evocación de lo que aquel
barrio fue hasta que la codicia especulativa y el desprecio por el patrimonio
lo han arrumbado a la imagen de desolación y marginalidad que hoy ofrece. Es
una sensación extraña la que se tiene cuando se recorren sus calles, se
observan sus viviendas tapiadas o el sinfín de comercios hace tiempo clausurados,
como otro de los síntomas de su deliberada desvitalización.
Mas, de pronto, la
mirada se complace en el edificio que alberga la Sociedad Musical de la Unión
de Pescadores del barrio. Iniciativa emblemática de la historia cultural
valenciana, nacida en la primera década del siglo pasado, sobrevive en medio de
la ruina que lo rodea, y lo hace con esfuerzo y al tiempo con ilusión,
conscientes sus miembros de que el día que abandonen El Cabanyal una parte
esencial de la vida del barrio pescador que mira hacia la Malvarrosa habrá
desaparecido para siempre. Quiero con estas palabras dejar constancia del hecho
y del homenaje que merecen.
21 de septiembre de 2012
El valor de la Educación pública. Evocando a Louis Renée de La Chalotais
Cuando un Estado fortalece la educación pública, laica e integradora representa un Estado
fuerte, cohesionado y con visión de futuro. Lo contrario le destruye. Recordemos el mensaje de Louis Renée de La Chalotais, tan bien analizado por Jordi Soler.
15 de septiembre de 2012
Las miserias del lenguaje edulcorado
Las palabras nunca son inocentes porque transmiten el
pensamiento de quien las pronuncia. Pueden ser constructivas, generosas, pero
también miserables, demoledoras y crueles. Cuando se arropan con mensajes
eufemísticos para justificar medidas dolorosas o parten
del principio de que su carga destructora viene obligada por la inexorable
realidad, que incomprensiblemente quien las ejecuta dicen desconocer de antemano, como si de otro mundo proviniera, el ciudadano no puede permanecer indiferente a lo que esa maniobra de
engaño, estafa y manipulación pretende. Sobre todo cuando descubre que el lenguaje edulcorado
que encubre la decisión en perjuicio del más débil no es otro que el, como bien
afirma García Montero, se identifica con la lógica del "que se jodan"
propalada desde su incontinencia verbal, y sabiéndose impunes, por parte de los miembros que integran obscenamente la fiel infantería del partido gobernante.
26 de agosto de 2012
Espacios transformados (8): los clamores de la crisis
La crisis está
transformando el espacio, ya sea público o privado. Imágenes y sensaciones
diferentes, a las que no estábamos acostumbrados, de pronto irrumpen en los
escenarios apacibles de la vida cotidiana, modificándolos por un momento e introduciendo en ellos ideas, palabras y
un punto de tensión que no tienen otro propósito que el de poner al descubierto
los matices dolorosos de una realidad crítica de la que se ven afectados
sectores de la sociedad a los que no queda otro recurso que la palabra. La
diversidad de la denuncia es tan grande como plurales pueden ser el enfoque y
el acento que cada cual quiera darla. El clamor se presta a la escenografía
variopinta que vemos por doquier enseñoreándose de la calle, porque la calle no
es de nadie y es de todos a la vez.
Con frecuencia, y cuando uno menos se lo espera, surge la manifestación que reclama ser oida porque el mensaje que encierra no es producto de la improvisación sino del esfuerzo organizado por dar de sí lo que no sería posible de manera aislada e inconexa. Se podrá estar o no de acuerdo con la forma de presentar las cosas y con la imaginería utilizada, pero de lo que no cabe duda es de que, sea cual sea el impacto visual y sonoro ofrecido, los ciudadanos, y no precisamente marginales, sienten imperiosamente la necesidad de expresar públicamente su voz dolorida y desencantada. Ocurrió hace unos días en una concurrida playa del Norte de España. Como en el verso de Cervantes, la marcha "caló el chapeo, miró al soslayo, fuese y no hubo nada".
Con frecuencia, y cuando uno menos se lo espera, surge la manifestación que reclama ser oida porque el mensaje que encierra no es producto de la improvisación sino del esfuerzo organizado por dar de sí lo que no sería posible de manera aislada e inconexa. Se podrá estar o no de acuerdo con la forma de presentar las cosas y con la imaginería utilizada, pero de lo que no cabe duda es de que, sea cual sea el impacto visual y sonoro ofrecido, los ciudadanos, y no precisamente marginales, sienten imperiosamente la necesidad de expresar públicamente su voz dolorida y desencantada. Ocurrió hace unos días en una concurrida playa del Norte de España. Como en el verso de Cervantes, la marcha "caló el chapeo, miró al soslayo, fuese y no hubo nada".
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25 de agosto de 2012
En reconocimiento a la persona y a la obra de Francisco Fernández Buey
Pocas personas he conocido a lo largo de la vida tan inteligentes, honestas, coherentes y sensibles como Paco Fernández Buey. Ha fallecido en Barcelona, el 25 de agosto de 2012, a los 69 años. Le conocí hace muchos en Palencia, su ciudad natal, con motivo de unas jornadas, algo surrealistas, sobre el significado político y cultural que podrían tener en la España franquista los acontecimientos que convulsionaron París en la primavera de 1968. Compartí frecuentes reuniones en Valladolid, donde participábamos en sesiones maratonianas que hoy recuerdo con cierta nostalgia, y casi siempre que iba a Barcelona trataba de encontrar el momento para saludarle y comentar los hechos que a ambos nos interesaban sin evocaciones excesivas al pasado pero sin abandonar lo que supusieron aquellas vivencias de la juventud.
Paco era un analista riguroso del presente y un entusiasta pensador sobre
las perspectivas del futuro, lo que conseguía mediante la fortaleza intelectual
que le proporcionaba una sólida formación en el método marxista, que había
heredado de su maestro Manuel Sacristán, a quien profesó verdadera admiración y
profundo reconocimiento. Nunca se sintió abatido, nunca aceptó que las
tragedias de nuestro tiempo debieran ser asumidas resignadamente, jamás tiró la
toalla en defensa de un mundo mejor, más solidario y más respetuoso con el
medio ambiente. Le vi por última vez en Madrid hace aproximadamente dos años,
precisamente en el acto cuyo video incluyo, como recuerdo y sentido homenaje. Aunque la salud no le acompañaba desde hacia tiempo, en ningún momento pensó que su tiempo y su compromiso podían
terminar tan pronto. No sólo nos queda su memoria indeleble sino también el testimonio y las lecciones de una obra necesaria.
2 de agosto de 2012
La autocrítica ignorada
No es difícil imaginar el nivel de hartazgo y de decepción que se apodera de los ciudadanos cuando observan que ni una brizna de autocrítica y arrepentimiento brota de las palabras que enfáticamente pronuncian quienes, ostentando o habiendo ostentado responsabilidades públicas, se ven enfrentados a la acción de la justicia u ofenden a la sociedad con su comportamiento, una vez se descubre y se pone en evidencia, revelando así el verdadero jaez de quien lo comete. Excepcionales son, si es que los hay, los que adoptan una postura de reconocimiento de su responsabilidad, admitiendo los errores cometidos y poniendo a la luz su capacidad para reconocerlos y corregirlos. La ausencia de pudor adquiere niveles insultantes cuando los que se ven obligados a dar la cara han asumido tareas y funciones que culminan en el fracaso, en el escándalo y en situaciones de grave perjuicio - social, económico y político - para quienes se ven afectados por sus decisiones y que representan amplios sectores de la sociedad.
Si éste es un hábito generalizado en personajes impresentables de
la clase política, la desfachatez roza
la indignación en el caso de la sarta de individuos vinculados a la gestión financiera
y que han demostrado ser, a la postre, el paradigma más representativo de la
ineptitud y de la indecencia, como bien tenemos la ocasión de comprobar día a día. Cuando comparecen ante el Parlamento dan la
impresión de que deliberadamente se mofan de él, eluden las preguntas,
escamotean las declaraciones, tergiversan impúdicamente los hechos con la sola
pretensión de salvar la cara y echar la culpa a los demás que pasaban por allí.
Uno a uno, una tras otra, risueños en ocasiones, desafiantes siempre y evasivos con lo que sucede a su alrededor, hemos visto desfilar en las ventanas mediáticas a la
patulea de la desvergüenza político-financiera, muchas veces amparada por los que les secundan
desde las esferas del poder y tratan de salvaguardar una imagen que no cesa de
deteriorarse, entre otras razones porque así también se amparan a sí mismos.
Lo terrible es que con esta actitud, los principios éticos que
han de guiar la decisión pública quedan arrumbados al terreno de los desperdicios,
con todos los costos que ello trae consigo desde la perspectiva de la defensa de la moralidad ciudadana y del propio
fortalecimiento de la cultura democrática que queda así seriamente lesionada.
¡Cuánto han cambiado las cosas! En los años de la dictadura y en los primeros
de la transición era frecuente oir hablar del concepto de autocrítica como una de las pautas de comportamiento en la que apoyar la superación de las
propias debilidades y de los errores cometidos; era una via asumida, ante el convencimiento de que permitía
avanzar sobre la base de la sinceridad y la transparencia aplicadas a lo que
cada cual hacía con el fin de hacerlo mejor. Recuerdo reflexiones muy acertadas
en este sentido en las páginas de Cuadernos para el Diálogo, cuyo recuerdo
cobra fuerza como testimonio de una de las iniciativas más encomiables de
Gregorio Peces-Barba, cuya muerte he lamentado muchísimo.
Sin embargo, ya no se
habla de autocrítica, de asunción de responsabilidades, de franqueza ante la
sociedad. Falta dignidad y sobra soberbia. Priman, en cambio, el engaño, la arrogancia, la chulería del mediocre, la vanidad
del caradura, el insulto de los mezquinos que nada valen por sí mismos. La repercusión no puede ser otra que el
desapego hacia quienes ejercen el poder, la desconfianza en el ejercicio de la
política, todo ello adobado por esa sensación de rabia e impotencia que lleva a
pensar que existen distintas varas de medir y que, en definitiva, el
incumplimiento de las responsabilidades o el delito a la hora de ejercerlas no
lleva al castigo sino a la más indecente y socialmente inasumible impunidad.
20 de junio de 2012
Un expolio consentido
Reja de la Catedral de Valladolid en Nueva York
Si asombro nos ha provocado el
descubrimiento de un claustro románico, del más puro estilo del arte castellano
medieval, en una finca de Cataluña y aún nos sobrecoge contemplar, entre otras
muchas manifestaciones de lo mismo, la impresionante reja de la catedral de Valladolid en el Metropolitan Museum de NY, las cosas nos quedan claras cuando un pirata del arte como el tal Erik el Belga nos recuerda cómo salían de
España, a raudales y sin control alguno, las obras que los propios curas,
obispos y demás compinches evadían por su cuenta y cuyo expolio nadie evitaba
porque los conchabados del delito se situaban por encima de toda sospecha.
Incalculable arsenal de riqueza lucrativamente enajenada, una auténtica
desamortización de la que sólo se beneficiaron los que vendían y los que
compraban para luego revender. De nada de eso se habla ya cuando se les
pregunta a los promotores de las Edades del Hombre qué ha sido de todo aquel
caudal de riqueza que ya no está, a cuánto ascendió el beneficio
obtenido, quiénes se lucraron con ello y de qué manera. Una página oscura y siniestra en la historia del arte español, de la
que hoy nadie se responsabiliza - normal, por otro lado, en este país de
irresponsables impunes - pero que de vez en cuando conviene recordar para que
la historia no deje ser esa lección de enriquecedoras advertencias que siempre
ha sido.
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8 de junio de 2012
La manipulación mediática: un riesgo permanente
Maestro no es aquel que se limita a
describir aséptica, neutralmente, lo que ve y a trasmitirlo con la sensación de
que se encuentra "au dessus de la mêlèe". Maestro es el que, en
cambio, enseña a interpretar la realidad, a analizarla críticamente, a plantear preguntas
que no siempre tienen respuesta inmediata, pero cuya búsqueda constituye un
permanente desafío que ayuda a avanzar en el conocimiento y a asumir la
responsabilidad que ello conlleva. No me interesa el intelectual que carece o minimiza
el sentido del compromiso que le compete frente a los problemas que le ha tocado vivir. Tampoco me atraen las posiciones de rebeldía aparente, habitual en aquéllos que se autoproclaman "políticamente incorrectos" para, en esencia, ofrecerse como los adalides de las posiciones más reaccionarias, al servicio del mejor postor. "Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los
neutrales..." dejó escrito en versos indelebles el gran Gabriel Celaya.
Por eso admiro a Noam Chomsky y a lo que representa en la sociedad
norteamericana y en el panorama intelectual de nuestro tiempo. Visitando la
prensa internacional me he encontrado con esta reflexión - sobre las técnicas de la manipulación mediática - que considero pertinente dar a conocer.
Más aún, necesaria. Y ¿porqué? Por la sencilla razón de que nos sitúa, con enorme
clarividencia, ante uno de los mayores riesgos a que nos enfrentamos en nuestra
vida cotidiana y que, de no reparar en él, nos acabará engulliendo en su
poderosa tela de araña. ¿Cómo ejercer entonces el derecho a la libertad?
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5 de junio de 2012
El efecto letal de "las amistades peligrosas"
He ahí la causa inequívoca de la profunda carcoma que corroe la vida pública española y que define su singularidad respecto a otros países europeos. Y es que el problema, letal para España, no estriba solo en las gravisimas repercusiones económicas que derivan de la coyunda creada entre el poder político y el poder inmobiliario-financiero, y que económicamente llevan al pais al desastre, sino en la quiebra moral provocada en las pautas de comportamiento público, que lesionan la legitimidad del poder y deterioran la confianza en las instituciones, con efectos que pueden ser demoledores en cuanto a la pérdida de credibilidad de la democracia.
Cuando ya estábamos casi curados de espanto, la hecatombe de Bankia, emblema
del poder financiero fraguado por el Partido Popular y objeto de una pésima gestión, ha servido para
poner al descubierto, con rasgos dramáticos e impactos que van a condicionar la economía del país
durante mucho tiempo, el grado de contubernio con el desbarajuste que impregna
los entresijos del poder, decantado a favor de los intereses espureos frente a
los de la ciudadanía, que asiste, irritada e impotente, a tan funesto espectáculo. La reflexión de Antón Costas no tiene desperdicio. Con clarividencia destaca el alcance y la dimensión que en España han tenido las "amistades peligrosas",
aunque no es menos cierto, como la experiencia lo indica, que cuando se
entablan relaciones de amistad - que, en el fondo, se supeditan al encubrimiento de complicidades inconfesables y pactos consolidados- se sabe muy bien de antemano con quién y quiénes
se va a compartir el mantel en esa especie de oficio de tinieblas en torno al cual se concitan
¿Y, por cierto, alguien podría decir qué cualificación poseen, qué preparación ofrecen, en función de sus respectivas trayectorias, los individuos de la fotografía para gestionar con solvencia y la debida garantía una entidad financiera mínimamente fiable? Echen mano de sus "curricula" y se quedarán estupefactos. ¿Cómo se pudo respaldar una cosa así?
¿Y, por cierto, alguien podría decir qué cualificación poseen, qué preparación ofrecen, en función de sus respectivas trayectorias, los individuos de la fotografía para gestionar con solvencia y la debida garantía una entidad financiera mínimamente fiable? Echen mano de sus "curricula" y se quedarán estupefactos. ¿Cómo se pudo respaldar una cosa así?
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26 de mayo de 2012
Mensajes en la calle (35): Cuando las campanas acompañan al desastre
Cuando las campanas tocan a rebato es que
algo grave, muy grave, está ocurriendo en la localidad. Cuántas veces los
incendios pavorosos convocaban a las gentes en las noches de verano para entre
todos tratar de sofocarlo mientras el sonido de las campanas acompañaba la
angustia de la vecindad. Curiosidades de la vida, esta tarde he oído el tañido
de estas piezas espectaculares sonar estridentes con el logotipo de Bankia
presidiendo la escena. De pronto, casi de manera instintiva, he sentido la
congoja y la rabia que embargaba a cuantos asociaban el ruido de los badajos a
la tragedia que acababa de desencadenarse, y cuyas consecuencias se antojan pavorosas .
Y no era para menos, pues
catastrófica está siendo para el país la mayor estafa financiera de la historia
contemporánea de España. Un pozo sin fondo, un terremoto desestabilizador de
consecuencias incalculables, un incendio bestial que abrasa cuanto se encuentra
a su paso. La percepción brutalmente sonora del entorno me llevó a pensar que
la escena tenía un carácter simbólico, que excedía con creces la comprobación
de lo mucho y bien que suenan las campanas de la catedral de Ciudad Rodrigo en
la Bienal de Arte y Patrimonio (AR&PA), celebrada este fin de semana en
Valladolid y que patrocina, entre otros, la ruinosa entidad de marras. Había que entenderlo
más como un estruendo que afecta, irradia y aturde sobre el conjunto del país.
"Por quién doblan las campanas" se preguntaba Hemingway en su famosa
novela. Ahora sabemos por quién doblan hoy: por el descalabro de una firma
financiera que, gestionada por gente inepta, mentirosa e incomprensiblemente irresponsable, está dejando en la ruina a la
sociedad española.
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24 de mayo de 2012
La pobreza infantil en España: otro impacto brutal de la crisis
La
percepción visual que se tiene del problema en Europa no alcanza los niveles de
dramatismo con que aparece en los países de bajo nivel de desarrollo, donde el
fenómeno de los “niños de la calle” , de los "meninos da rúa", marca una impronta en el paisaje urbano
que, una vez vista, jamás se podrá olvidar. Sin embargo, y aunque no resulte
tan traumática en sus manifestaciones públicas, no es hecho que deba ser
ignorado, entre otras razones porque nos resulta próximo, nos acompaña en el
día a día, aflora, a poco que nos detengamos en ello, cuando uno menos se lo
espera. Y, si no se ve, si no se siente como tal, es porque con frecuencia
permanece oculto, sumido en las interioridades de la privacidad familiar,
voluntariamente recatado ante la sensación de pudor y vergüenza que proporciona el hecho de
que se conozca. En estas condiciones – de percepción limitada por la discreción y la introversión con que se aborda - evoluciona y crece
el problema de la pobreza en el mundo del desarrollo, donde, como he señalado en una entrada anterior, no cesa de agravarse en un contexto de acentuación
creciente de las desigualdades.
Dentro de este panorama cobra acuciante gravedad la constatación de los umbrales de pobreza en que se encuentra la
población más vulnerable, la más dependiente. Si tradicionalmente se trataba de
un problema asociado a la etapa más avanzada de la vida, en nuestros días – y coexistiendo con éste- adquiere mayor
importancia cuantitativa el sector de la infancia, brutalmente lacerada por el estigma de la
mala calidad de vida que deriva de la precariedad o ausencia de recursos a que se enfrenta el entorno en el que viven. Poco se ha hablado
de ello, apenas referencias aisladas han aparecido de cuando en cuando, o en todo
caso la valoración de su magnitud se ha visto minimizada por el alcance, sin
duda limitado, de la experiencia y la perspectiva que posee cada cual. Por eso, cuando se analiza con
rigor no ha lugar a la simplificación ni está justificado mirar para otro lado.
Se dispone ya de conocimiento suficiente desde que en 2004 se puso en marcha la
Encuesta de Condiciones de Vida (INE) que refleja la situación en que se encuentra la
sociedad española en algo tan fundamental como es su situación respecto a los
valores que identifican su nivel de bienestar y la satisfacción de sus
necesidades.
En esta fuente se apoya el informe elaborado por UNICEF España, referido a las condiciones en que viven los niños españoles
en la actualidad (2012). Las conclusiones obtenidas son alarmantes y oscurecen un panorama que ya era sombrío con anterioridad. Téngase en cuenta que
a comienzos de la década actual cerca del 14% de los menores de edad residían
en hogares sumidos en una pobreza acusada, entendiendo como tales los casos de
familias con dos niños menores de 14 años y con ingresos inferiores a los
10.983 euros. Dos años después los umbrales de pobreza infantil han superado
por primera vez el 25 %, cinco puntos
más que los alcanzados en 2011, lo que se traduce en la existencia de un
amplísimo grupo de 205.000 niños más residentes en hogares donde los ingresos
se sitúan por debajo del nivel de la pobreza. .
Si a estos
datos se suman los que al tiempo aporta el Informe, revelando magnitudes a
menudo ignoradas, se llega a la estremecedora conclusión de que España es en la
Unión Europea uno de los países con tasas de pobreza infantil más elevadas,
solo por encima de Rumania y Bulgaria. Doloroso récord que obliga a pensar, a
profundizar en el conocimiento del problema y a plantear medidas de actuación decididas a acometerlo – todavía está pendiente la elaboración de ese Plan
Nacional contra la Pobreza Infantil, recomendado en 2010 por el Comité de los Derechos del Niño – aun a sabiendas de que su raiz se encuentra en los demoledores
efectos sociales y económicos que la crisis financiera (porque, en esencia, se trata de una brutal crisis bancaria, producto de la catástrofe de un modelo de crecimiento y de una forma de gestión aberrante y que todo lo engulle) está ocasionando en
España con impactos gravísimos sobre los sectores más débiles de la sociedad. Prueba de ello es la comprobación de que el número de hogares con niños y con todos sus miembros adultos desempleados ha aumentado entre 2007 y 2010 en un 120 %, dos veces por encima del total de hogares. Y, por lo que se ve, el trágico proceso sigue in crescendo, en medio de una relativa indiferencia, que hay que evitar porque no nos es ajeno.
22 de mayo de 2012
Una jornada (europea) en defensa de la Educación Pública
Es la primera vez en la historia de Europa que
una jornada de defensa de la Educación Pública convoca y reúne en España a
miembros de toda la comunidad educativa, desde la Enseñanza Primaria hasta la
Universidad. No existen precedentes de un acontecimiento así; de un acontecimiento que hay que
destacar por lo que representa de movilización integral y coordinada de grupos
profesionales muy heterogéneos, que han decidido aunar sus esfuerzos y sus
voces para denunciar las gravísimas maniobras encaminadas al debilitamiento de
la calidad formativa y de la cohesión social que desempeña uno de los grandes
pilares sobre los que se sustenta una sociedad avanzada como es la Educación
Pública.
Masiva y contundente en sus reivindicaciones, no ha sido una jornada
políticamente sesgada. Ahí estaban las centrales sindicales representativas de
todas las sensibilidades existentes en el sector; en ella han estado presentes
profesores que jamás habían participado en una huelga y asistido a una
manifestación contra la política gubernamental. Un poderoso clamor ha salido de
las aulas, de los laboratorios y de los despachos reclamando la preservación de
un sector que no puede ser debilitado so riesgo de empobrecimiento colectivo,
de deterioro de la formación y de pérdida de la solidaridad que entraña una
educación al servicio de toda la ciudadanía.
Ha ocurrido en primavera, mientras
el color verde que identifica la movilización se confunde con las tonalidades
de los jardines que engalanan la plaza pública. Seguramente los procuradores
comuneros que en 1518 se reunieron en las Cortes celebradas en la Iglesia de
San Pablo en Valladolid ( a la izquierda) para expresar su rechazo a las
pretensiones del emperador, que trataba de anular sus derechos (y que se vio
obligado a respetar), se mostrarían complacidos varios siglos después al
observar que enseñantes, investigadores y alumnos reclamaban en ese mismo
espacio la defensa de lo que en justicia les pertenece: el derecho a una
Educación Pública de calidad y debidamente financiada.
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Sociedad
15 de mayo de 2012
La Educación: una prioridad al comenzar el mandato
Lycée Champollion en Grenoble
"
L'école doit être assurée de ses ressources, on ne peut pas enseigner
correctement sans un encadrement suffisant pour nos enfants"(...) "C'est la raison
de mon engagement, et je le réitère aujourd'hui comme président de la République, de recruter 60.000 personnels de l'éducation
sur la durée de mon mandat". Con estas palabras, el primer
mensaje que François Hollande ha dirigido a su país tras tomar posesión como
Presidente de la República Francesa ha estado dirigido expresamente a la Educación, con
palabras que deben ser grabadas en la fachada, si es que existiera, del
edificio que simboliza la Unión Europea. Oír un discurso así nos reconcilia con
la política, nos acerca a los valores que representa el mejor poder democrático
al servicio de la ciudadanía, nos revela hasta qué punto no todos los políticos
ni todas las opciones son iguales.
Acabo de contemplar el acto institucional de investidura en el Palacio
del Elíseo. Nada de cruces, nada de biblias, nada de juramentos. La bandera
tricolor y el himno de la nación. Solemnidad formal, laicidad, cortesía y sencillez en el
fondo. El relevo que las urnas han determinado. Simbología republicana asumida
como garantía de la continuidad del Estado más allá del huésped del turno.
Muchas miradas, desde la izquierda y desde la derecha, se dirigen hoy a la
ciudad de Paris, a la espera de que un nuevo rumbo comience a tomar fuerza y
vigor en este escenario europeo tan asfixiante como deprimente. Hollande acude
a la cancillería de Berlín para subrayar que otros aires inundan, al fin, la atmósfera
en Francia. Aires que han comenzado con una hermosa invocación al valor de la
educación y la investigación científica, para las que no caben sino reconocimientos. ¿Han oído ustedes algo
parecido en los bosques grises de la Moncloa?
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12 de mayo de 2012
La indignación frente al miedo como estrategia disuasoria
Siempre he recomendado la obra de Paul Virilio. Se sitúa en el panorama
de la mejor tradición intelectual francesa, en la línea de Baudrillard, nada
chauvinista, profundamente crítica y en los antípodas de esa pléyade de
sicarios del poder que, al estilo de Bernard
Henry Lévy o Andrés Gluckmann entre otros, no cesan de cantar las excelencias
de los que mandan y que son al tiempo los que les nutren con largueza. Qué bien los ha identificado Pascal Boniface. Nada que ver con ellos. Virilio defiende a capa y espada su independencia, martillea sin cesar
contra el pensamiento único, disecciona a fondo los tópicos que merodean en el
ambiente e impregnan la mente de quienes sumisamente se prestan a ellos.
Desde los temas
que profesionalmente me interesan, Virilio tiene el mérito de enraizar sus
reflexiones en un sólido tratamiento de la realidad territorial,
particularmente de la urbana, como reflejo de su condición también de
arquitecto. De ahí que en estos tiempos en los que los ciudades constituyen
escenarios de conflicto y esperanza, de desasosiego y encuentro, de miedo y movilización social tenga pleno
sentido recurrir a las ideas que mejor nos permiten entender la realidad en la que nos desenvolvemos. Una realidad que deliberadamente aparece envuelta en esa atmósfera enrarecida que surge en función de los temores y ansiedades a que induce la falta de horizontes alternativos y la preocupación obsesiva por lo que pueda ocurrir en un momento imposible de controlar. José Luis Sampedro lo resume bien con la clarividencia que le caracteriza y la autoridad que le procura la experiencia y un riguroso sentido de la crítica inherente al compromiso del intelectual responsable y sensible hacia cuanto ocurre a su alrededor.
La lectura de la obra es de todo punto recomendable, ya que no sólo esclarece el sentido y alcance de las implicaciones que en el comportamiento social provoca la transmisión del "miedo" con los efectos bloqueantes que desde el punto de vista psicológico provocan sino que al tiempo sirve como soporte de un interesante y necesario debate en torno al significado de los movimientos de indignación ciudadana, surgidos hace un año y que tuvieron en España su escenario de arranque y difusión para adquirir al poco tiempo proyección internacional. Y ahí siguen.
La lectura de la obra es de todo punto recomendable, ya que no sólo esclarece el sentido y alcance de las implicaciones que en el comportamiento social provoca la transmisión del "miedo" con los efectos bloqueantes que desde el punto de vista psicológico provocan sino que al tiempo sirve como soporte de un interesante y necesario debate en torno al significado de los movimientos de indignación ciudadana, surgidos hace un año y que tuvieron en España su escenario de arranque y difusión para adquirir al poco tiempo proyección internacional. Y ahí siguen.
Burgos, 18 junio 2011
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Pensamiento
11 de mayo de 2012
Utilizar políticamente la palabra falseando su significado
Cuidado, heles ahí. Sin
complejos, a cara descubierta, y ajenos a los diccionarios o a los textos de
referencia, que precisan el valor de la palabra, emergen con fuerza los nuevos
teóricos del pensamiento distorsionado, de la expresión engañosa y del eufemismo cínico. Cristina Fernández, la que ahora manda en la Argentina, que dice no ser
"patotera" y que denuncia a los periodistas críticos mientras se niega a que le hagan preguntas, acaba de proclamar que lo que hace es "modificar el curso de la historia", dando a entender que el presente no tiene pasado y
que lo que ocurre bajo su mandato es de lo más innovador y revolucionario que
imaginarse pueda, cuando, a poco que se analice lo que hace y lo que dice en la perspectiva del tiempo, nada hay ni de lo uno ni de lo otro. Lo proclama a grito pelado en Buenos Aires mientras el aire se enrarece al son de
la agobiante y tramposa parafernalia peronista, que encandila a amplios
sectores de la sociedad a cambio simplemente de demagogia a raudales, de verborrea engañosa, y de
sinecuras sin cuento a los que lideran los movimientos sociales clientelarmente controlados y retribuidos por ella.
Entre tanto, en la ciudad que otrora se llamó Santa Fe de Bogotá, y hoy simplemente
se conoce como la capital de Colombia, Rajoy Brey, el gobernante español también refractario a las preguntas no previstas y que huye de las ruedas de prensa como de la peste, ha proclamado no ha mucho a los veinte vientos que se forman en el entorno de los
Andes que lo que él está haciendo es nada menos que "refundar" el Estado de Bienestar, ese modelo que tiene en Europa una tradición arraigada y
cuyos parámetros e indicadores se sustentan en principios que no admiten
equívocos. A la vista de lo que sucede y del panorama a que da lugar, la palabra "refundar" resulta tan ofensiva como impertinente, si no fuera porque la credibilidad del personaje y la confianza en él- los sondeos de opinión así lo avalan - ha tiempo que se esfumaron para muchísima gente.
Mas no son los únicos. Toda una nueva jerigonza intencionada - llena de tropos, sinécdoques o pleonasmos - emerge en el
panorama lenguaraz de la mayoría de los políticos actuales, sobre todo cuando están en el
poder, que recurren a las engañifas retóricas para sortear la realidad, maquillar sus
responsabilidades y ofrecer, a la postre, el mensaje más propio del gato correoso que de la liebre
transparente y diáfana. Al parecer, por esos derroteros va a circular, lo está haciendo
ya, el estilo de hacer política de nuestros días: enmascarar la realidad
mediante el empleo del lenguaje tergiversado. Toda una operación de marketing de palabrería mendaz se apodera de la escena, mientras se alerta a la tribu mediática, que vive a sus
expensas, de que ése es el guión a seguir, por lo que no cabe otra actitud que la
transigencia con el trampantojo.
Espacios transformados (8): Cuando el paisaje de la educación queda eclipsado por la poda implacable
La verja nunca ha marcado una separación drástica entre la plaza y el espléndido edificio que desde hace más de un siglo simboliza la enseñanza secundaria pública en la ciudad que baña el Pisuerga. Es una verja noble, cuidada, esbelta, pero sobre todo transparente y diáfana, que no impide ver lo que ocurre dentro de su perímetro. Más que disuadir, invita a la visita porque da la sensación de que algo importante puede suceder tras ella, una vez franqueada. Durante años de sus aulas han salido millares de alumnos que han puesto en evidencia que, lejos de perder el tiempo y de malgastar los recursos que se las destinaban, daban buena cuenta del saber hacer de la mayoría de su profesorado que, sin estridencias ni vanaglorias, con esfuerzo y sensibilidad, se limitaba a prestar su servicio en medio de un reconocimiento social por debajo del que realmente merecía. Labor callada, labor positiva, labor solidaria, empeño con proyección de futuro.
De pronto, la verja ha perdido su imagen de siempre para servir de escenario de la tragedia y de las inseguridades que se abaten sobre el entorno por ella resguardado. El espacio se transforma a medida que sobre él acechan los símbolos que amenazan la calidad y los horizontes de la tarea ejercida. Manos anónimas se han encargado de darlo a conocer a cuantos se acercan al recinto para demostrar que algo tan simple como unas tijeras encierran un significado demoledor. Lo que ellas representan, el recorte sin miramientos, no hace sino reproducir en la mente y dejar vívida en la memoria de quienes las contemplan la incómoda sensación de que lo conseguido va a quedar seriamente dañado sin otra pretensión que la de aplicar a la educación el escalpelo reductor mientras se desestiman o menosprecian las regresiones cualitativas que de ello se derivan. Es la mutilación por la mutilación, el desmoche sin paliativos, cercenando precisamente aquello que hace a una sociedad más justa, más culta, mejor integrada y más solidaria, mientras incólumes permanecen los privilegios deliberadamente situados y protegidos a extramuros de la crisis.
No tardando mucho, el tiempo se encargará de demostrar las consecuencias letales de tales medidas, pero para entonces las tijeras de papel que encuadran la perspectiva del Instituto Zorrilla de Valladolid habrán desaparecido por efecto de la intemperie mientras su huella permanecerá indeleble en el desempeño de una tarea de cuya calidad y satisfacción depende el futuro del país.
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