23 de mayo de 2008

También en Portugal la música levantó la niebla

Deseo dejar claro que la evocación que hice ayer del concierto de Raimon en Madrid el 18 de Mayo de 1968 no se apoya en la nostalgia de un tiempo pasado sino en la convicción de que es necesario de vez en cuando desempolvar los recuerdos para que los hechos históricos - y ése lo fue - no caigan en el olvido, lo que sería de lamentar dada la formidable resonancia cultural y política que en su momento tuvieron. Es ésta precisamente la motivación que me lleva hoy a refrescar la memoria con otra de las referencias simbólicas de lo que significó la música en el levantamiento de la pesada niebla que cayó durante décadas como una losa sobre los dos países que integran la Península Ibérica. ¿Cómo celebrar a Raimon sin considerar al tiempo la figura de José (Zeca) Afonso en el vecino y entrañable Portugal? ¿Cómo no asociar, con todos los matices que se quieran, el ímpetu de "Al vent" con los acordes, más suaves pero no menos contundentes, de "Grândola, vila morena"?




No asistí en su día al concierto de Raimon en Madrid, pero sí recuerdo, como si fuera hoy, la estatura inconfundible de Zeca en el Pavilhão dos Sportos de Lisboa en la tarde de un día de Mayo de 1975, cuando Maria Antonia, Antonio García Colomo y yo visitamos el Portugal democrático en los dias en que Vasco Gonçalves era Presidente del Gobierno. Han pasado muchos años, y el pais que vio nacer a Fernando Pessoa ha cambiado muchísimo, pero aquel paisaje de la Lisboa exultante en la calles, llenando la Praça de Rossio, gritando a pleno pulmón en la Rua Augusta, en Bélem y en la Praça do Comerço o tumbados al sol primaveral en el Parque que se extiende junto a la Plaza del Marqués de Pombal no se me olvidará, no se nos olvidará, jamás.


Era el "Portugal resuscitado dapois da fome et da guerra", como se cantaba en Alfama y en O Chiado, en Belem y en Setúbal. "O povo unido nunca mais sera vencido", repetía el estribillo una y otra vez. Y también se cantaba en el tren que nos condujo hasta la estación lisboeta de Santa Apolonia. A la vuelta, de camino a España, aún se seguía cantando, pues en apenas cuatro días las frases más comunes salían de corrido. Sabiamos portugués por un tubo. Pero al llegar a Fuentes de Oñoro todo el mundo tenía que callar, porque primaba el silencio sobre la voz. Se entraba en el otro trozo de "la balsa de piedra" (Saramago) y la niebla del franquismo, cerrada y aburrida, impedía cantar, lo oprimía todo. Poco faltaría para que, al fin, despejara, pero lo cierto es que en la primavera del 75 todavía era densa, plúmbea, miserable. Recuerdo la llegada a la estación de Valladolid, donde la policia se apostaba para tomar nota de los españoles que venían llenos de posters y de morriña. De repente caras serias, silencio y niebla por doquier. Tendrían que pasar dos años, hasta el 15 de Junio de 1977, para que saliera el sol, empezáramos a reirnos y pudiéramos cantar y aplaudir a los que queríamos.


Recordemos la canción mítica del Portugal que despertó a la libertad con los claveles en la boca de los fusiles. Recordemos a José Afonso, que se fue. Música para todos y todas, pero en especial para Patricia y Selenia, que desde Braga y Salvador de Bahia me estimulan de vez en cuando a leer en la lengua de mi admirado Miguel Torga. Nada de nostalgia, que quede claro; simplemente evocaciones, llamaradas de la memoria que sobreviven, vívidas, al paso del tiempo.

3 comentarios:

  1. Também queria ter estado lá!
    Abraços!

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  2. ¡Ese abril portugués fué mítico! A mi me pilló en el oasis de libertad de la España de la época--Ibiza. Besotes, M.

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  3. Fue un soplo de libertad y de esperanza también para una España que pronto iba a vivir grandes cambios. Preciosas las imágenes del vídeo y la canción de José Alfonso es una de las que forman parte de mi vida...y de la de muchos que pensamos que las cosas son posibles de otramanera. Gracias, Fernando.

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