17 de mayo de 2008

Viñetas que invitan a pensar: ¿qué pasa cuando el Estado se desvanece?


De tanto frecuentar el tópico nos lo acabamos creyendo. A fuerza de reiterar el mismo mensaje machacón las palabras pierden su significado para crear la confusión que interesa a quienes lo propalan. Se apoyan en un discurso tan redundante y en apariencia tan seguro que incluso nos lleva a pensar que, yendo contra él o incluso cuestionándolo racionalmente, se corre el riesgo de pensar de que uno está desfasado, con la sensación de que ha perdido el paso, como si estuviera sumido en antiguallas que hay que superar. Al final, no tarda en imponerse el pensamiento único, producto de la reflexión domesticada y de la convicción de que lo moderno o, mejor aún, lo postmoderno va por ahí, es decir, por lo que, considerándose novedoso, no es, a poco que se escarbe, más que un reduccionismo interesado.

Con harta frecuencia hemos asistido, de acuerdo con esta metodología que hay que denunciar en la intencionalidad que la inspira, a la descalificación obsesiva del concepto de Estado, como si de una pieza de museo, ya obsoleta, se tratara. Quienes lo hacían utilizaban un tono tan conminativo y tan prepotente que costaba emprender el debate para discutir sus simplificaciones. Hora es ya de desenmascarar tales sofismas y de entender que, cuando eso suceda, no tardará en prevalecer el principio del "sálvese quien pueda", pues cuando se asume como inevitable parece ya dificilmente reversible. ¿O no es así?

(Viñeta de El Roto)

2 comentarios:

  1. Con razón el fútbol tiene tanto éxito: es el ejmplo de actitud tribal más fuerte en nuestras sociedades. Si se desvanece el estado, y las naciones no sirven, al menos a la gente le quedará ser del barça o del madrid.

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  2. Siempre digo que LOS CIUDADANOS tendríamos que tomar no-sé-qué-medidas, la verdad, pero hacer algo para que no nos engullan en sus fauces mediáticas, propagandísticas, capitalistas, etcétera. Lo triste es que lo están logrando, cada vez más "el pueblo" es más ignorante y zafio que antaño. Una verdadera lástima. Besotes, M.

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