16 de junio de 2008

“La Hoja Amarilla" o las tribulaciones que supone invitar a España a un ciudadano extracomunitario (UE). Si lo intentan, prepárense



Deseo relatar una experiencia que acabo de vivir. No crean que es ficticia. Es real como la vida misma
"Érase una vez un ciudadano guatemalteco, nacido a la orilla del Pacífico y que, por azares de la vida y gracias a su enorme capacidad de trabajo, había llegado a ser profesor de la Universidad San Carlos de Guatemala, la cuarta que fundaron los españoles en América y hoy una de las más grandes de América Latina. Al tiempo, érase un ciudadano español, nacido, en cambio, lejos del mar, en las tierras altas de Castilla, y a quien, también de manera azarosa, el destino y el esfuerzo habían conducido hacia el cuerpo docente de una Universidad con varios centenares de años a sus espaldas. Ambos se conocieron hará aproximadamente unos diez años, enseguida intimaron, por aquello de que las afinidades intelectuales y las aficiones compartidas suelen fraguar vínculos de amistad que escapan al tiempo y a la distancia.

Durante esos años los vínculos se fueron anudando, lejos de tensiones y de momentos críticos: simplemente se correspondían con un clima de buena relación, gratificante para uno y otro, y sin otra finalidad que la de seguir con atención el desarrollo de las cuestiones profesionales que suscitaban su interés. El español comenzó a viajar con frecuencia a tierras centroamericanas, a las que llegaba sin ningún tipo de contratiempo. Bastaban el pasaporte en regla y las ganas de descubrir un mundo tan contradictorio como fascinante. Siempre le ayudaron el colega de “Guate” y su familia. Todo fueron agasajos y momentos gratísimos para él a la vera de los volcanes, cabe el Lago Atitlán, callejeando por Antigua, descubriendo los misterios de la cultura maya y admirando la costa del Pacífico, cerca de San José Escuintla, de donde es natural el colega.

Mas llegó el día en que el guatemalteco necesitó venir a España. Al no encontrarse bien de salud, el español le había insistido en la conveniencia de ser atendido por un prestigioso equipo médico que ejercía con eficacia en la Universidad donde profesaba. Las ocupaciones y motivos de otra naturaleza fueron retrasando el viaje del centroamericano, hasta que, por fin, se decidió a cruzar el Atlántico, en dirección hacia Europa, convencido de que era lo mejor que podía hacer. Comenzaron los preparativos, pensando que no habría otro problema que la inquietud por el éxito del tratamiento de que iba a ser objeto. Concertada la fecha, con los pasajes de avión y la reserva del alojamiento en el bolsillo, y confiado en que la no exigencia de visado para entrar en la "madre patria" iba a facilitar las cosas, sólo bastaba esperar, a sabiendas de que los días pasan rápido.
De pronto, el español recibió un aviso de su amigo: “Necesito que me hagas una invitación para poder entrar en España. Sin eso, me arriesgo a que no me dejen entrar”. ¡No problem!, pensó el de Castilla. Le preparó una carta como es debido, con membrete, firma y todas las referencias posibles, para que no cupiera duda de que en su llegada no iba a quedar desamparado. Volvió la calma. A esperar. Pero a los cuatro días sobrevino la tormenta. “Que esa invitación no sirve, que tiene que ser una específica emitida por la Policía”. Y ahí empezó la odisea, que el español nunca olvidará.

Informado de que las gestiones había que hacerlas en una Comisaría de las afueras de la ciudad, lejos del centro y de las miradas de los turistas que acuden a la Plaza de San Pablo, allá que se fue. Aunque nunca había estado en aquel edificio, no le costó encontrarlo. Era grande, con un patio bastante amplio y era, sobre todo, el lugar donde el fenómeno de la inmigración muestra su imagen más real y descarnada. Un lugar abarrotado de gente de mediana edad, y abundancia de jóvenes, hombres solos, mujeres solas y mujeres con niños. De todos los colores y de idiomas desconocidos pero fácilmente identificables. Un mundo variopinto, de actitudes nerviosas y semblantes preocupados.

Tras esperar un rato largo fue atendido con educación y contundencia a la vez. Eran necesarias para asumir lo que se le venia encima: nada menos que la aplicación implacable de la Ley de Presidencia del Gobierno de 10 de Mayo de 2007, “por la que se establecen los términos y requisitos para la expedición de la Carta de invitación”.
¿Qué requisitos?, ¿cuántos?: ni se lo imaginan quienes no hayan vivido esta experiencia. Requisitos para el invitante: D.N.I., Tarjeta de Residencia, Escritura pública de propiedad o contrato de arrendamiento, certificado de empadronamiento, certificado municipal acreditativo del número de personas que conviven en la vivienda, idem. del presidente de la Comunidad, especificando el numero de personas que conviven en la vivienda, documentación que acredite la relación con el invitado, fotografías, correspondencia o cualquier otro documento o soporte audiovisual que demuestre relación entre invitador e invitado (en el supuesto de amistad o vinculación no familiar). Y requisitos también para el invitado: Fotocopia de pasaporte, copia billetes de avión, certificación de su residencia en el país de origen, certificado del trabajo que desempeña, acreditación de medios económicos (un mínimo de 513,54 euros por persona ……

La peripecia invitadora proseguía implacable. Una vez entregado todo ese material, cuya recopilación había sido muy laboriosa - 17 documentos entregó el español al funcionario de la policía – sólo cabe esperar……Esperar a que se haga efectiva la Resolución, firmada por el Jefe de la Dependencia y el Instructor, en la que, “vista la documentación obrante”, y tras varias “resultandos” y “considerandos”, se ESTIMA la solicitud de la Carta de Invitación, que es expedida a nombre del solicitante, previo pago de una tasa general y de las preceptivas tasas de compulsa…. Con la Resolución en firme, hay que esperar algo más: la expedición de las Hojas Amarillas o Cartas de Invitación emitidas por el Reino de España. Por fin, las Hojas Amarillas en poder del español invitante. Una por persona. Firmadas por la autoridad policial competente y por el sufrido invitante, deben ser remitidas al invitado para que recoja la firma de la Autoridad Consular y las presente en el puesto fronterizo de entrada al territorio nacional…….
El español volvió a recordar los días y las noches transcurridos en esta odisea cuando esperó, durante las siete horas de retraso, a que llegara el vuelo procedente de Guatemala, con escala en San José (Costa Rica), sentado y andando de acá para allá en el vestíbulo de Llegadas de la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas, acompañado de la prensa y de una novela de Sandor Márai que se compró en la Feria del Libro de Valladolid. Cuando vio salir por la puerta nº 11 al colega, a su mujer y a su hijo de 12 años con rostros de agotamiento, con media sonrisa y abiertos a un mundo distinto y distante, el español comprendió, una vez más, la diferencia que distingue a los humanos en función del lugar en el que hayan nacido".
Fotografía: Tras una reunión de trabajo, Juan Alberto González y quien esto suscribe posaron junto al monumento que conmemora el lugar - el impresionante claustro interior del Palacio de la República- donde se firmaron los Acuerdos de Paz de Guatemala el 29 de Diciembre de 1996. Esta foto, tomada el 14 de Noviembre de 2005, fue aportada como prueba incluida en la documentación que se comenta en este relato.

En la fotografia superior se contempla una perspectiva del Lago Atitlán, cerca de Santa Catalina Palopó. Otro mundo

10 comentarios:

  1. Terrible, querido Fernando, aunque con final feliz.
    Abrazos,
    Diego

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  2. Juan y Raquel16/6/08 00:22

    Espléndido relato, Fernando, claro, contundente y muy bien escrito. Parece mentira que la desconfianza se ponga por delante de cualquier otra consideración. Lo que comentas nos retrotrae a la idea de que todo el mundo que no sea de los nuestros es culpable o sospechoso hasta que no se demuestre lo contrario. Es tremendo. Gracias por comentar este tema. Y, por cierto, enhorabuena por tu blog. En la Asociación lo miramos a diario y comentamos y debatimos varias de tus entradas.

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  3. DIEGO. Ya veremos si el final es tan feliz como comentas. Nuestro colega ha iniciado una nueva etapa en su vida que todos deseamos que culmine bien y cuanto antes. Si tiene que regresar a España, me pondré manos a la obra otra vez. Un fuerte abrazo, amigo. No dejes de avisarme cuando tengas conciertos en Valladolid y en 200 Kms. a la redonda. Allí estaremos Maria Antonia y yo.

    MERCHE. Si Franz Kakka levantara la cabeza, tendría que poner al día La Metamorfosis. Se le ha quedado desfasada con los tiempos que corren. Un abrazo

    JUAN Y RAQUEL. Este tema ya os lo habia comentado el otro dia cuando nos vimos en ese café de la Plaza Mayor que tanto os gusta. A mí algo menos, aunque encontraros fue una suerte. Las cosas le están yendo bien a Juan Alberto, pero el proceso curativo no ha hecho más que empezar. Han sido muy atentos los que le han atendido. Caray, menudo honor eso que me decís de la Asociación. Cualquier dia de estos me acerco por allí y hablamos sin guión fijo, como a vosotros y a mi nos gusta. Un fuerte abrazo

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  4. Es increible que sigamos encorsetados por la burocracia. No hay cosa que más odie que hacer papeleos.
    La virtud más necesaria en el mundo en que vivimos es la paciencia.
    Saludos.

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  5. ¡¡¡¡ Ave María Purísima del Amor Hermoso !!!
    Y no soy católica.

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  6. Fernando, no muchas veces, afortunadamente, he hecho cola en la oficina de extranjería y puedo entender lo que sentiste en aquella comisaría.
    Sólo decir que si tu amigo hubiera sido un futbolista de élite o un actor famosome parece que no habría hecho falta tanto papeleo.
    NO ES JUSTO.
    Un abrazo y mis mejores deseos para él.

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  7. JAVIER. El problema no es tanto la burocracia en sí misma como las intencionalidades que la animan y los ovjetivos que encierra. Sorprende, sin embargo, que tengamos que recurrir a toneladas de papel cuando los sistemas de información actuales todo lo saben y a todos nos tienen en su punto de mira.

    MARIA EUGÉNIA. No son precisamente jaculatorias lo que se ha escapado en situaciones de este tipo. Pero para el caso es lo mismo. Cualquier expresión con interjeciones sirve para el desahogo.

    ANTÓNIA. Así es, Antònia. Ni futbolista ni famoso del famoseo es este amigo. Es un modesto profesor universitario, solo conocidos en los foros académicos y desde luego nada mediático. Así le va.

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  8. Roberto desde el Uruguay16/6/08 20:44

    Gracias por esta información. Los que vivimos fuera de España y de la Unión Europea ya sabemos a que atenernos. Vaya con la "madre patria" y la Europa de los derechos sociales. Enhorabuena por su magnífico blog.

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  9. Le escribo desde la República Dominicana y le felicito por lo que cuenta y como lo cuenta. En mi oficina todos seguimos lo que dice y se lo agradecemos muchos. Son pocos los europeos que se acuerdan de los latinoamericanos, yo tengo un primo que vive en Alicante y espero ir a verle por navidad

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